ആദ്യത്തെ 200 വരികൾ.
- Buenas noches. - Buenas noches.
¿Cómo va el español?
- Mejor. - Qué bueno.
Felicidades, De la Torre. Una mujer muy afortunada.
No tanto como yo.
Monseñor.
Gusto en verlo.
¡Ah!
Tu padre estaría orgulloso.
- Era lo que quería para ti. - Quiero pensar que sí.
Don Felipe, siempre es un placer verlo.
A ver cuándo te pasas por casa.
Tengo unos puros nuevos que, creo, te van a gustar.
No me diga.
Con permiso.
Ignacio.
Carmen, le quedó exquisito.
Qué bueno que ya llegaste, Ignacio.
Amada te está esperando.
Discreto.
Era de la mamá de Ignacio.
Pobre mujer.
Si supiera en qué manos acabó.
Pues, Luz, en las de tu hermana.
Media hermana.
No se preocupen, ya encontrarán esposo ustedes también.
- Mm. Seguro, sí. - Ojalá que sea extranjero.
Como Romain.
Lorenza y Romain.
¿Me disculpan?
Señoritas.
Espero no tengan inconveniente en que me robe a Amada.
Justo a tiempo.
Y pensar que en el pueblo lo único que quería era una hermanita.
Te ves preciosa.
¡Félix!
Ignacio.
Decía que algo le hacía falta a esta fiesta.
Señor presidente, lamento mucho la tardanza.
Félix.
Siempre tan efusivo.
Felicidades, Ignacio.
Me cuentan que, al fin, lo hicieron diputado.
Es un gran regalo de bodas.
Sin duda que el señor presidente es muy… generoso.
Solo con quien lo merece.
Gracias por la confianza, señor presidente.
Lo que se da… también se puede quitar.
Así es que más te vale que cumplas con tu parte del trato.
Hacer feliz a mi hija.
No busco nada más en esta vida.
Pero Villada es hombre del presidente.
Y ahora también lo soy yo.
¿Díaz sabe de esto?
Primero quería consultarlo con ustedes.
Si llegara a enterarse, lo considerará traición.
¿Quieren…
o no quieren…
reemplazar a Villada?
Por supuesto.
Pero ¿por qué con usted?
Si el presidente llegara a cambiar el candidato oficial…
¿por quién más lo haría?
¿Me falla la memoria o creo que no lo había visto antes?
Acabo de empezar aquí.
Evaristo Rivas
- Ignacio de la Torre. - Mucho gusto.
Igualmente.
¿Suele quedarse aquí hasta tan tarde?
Es un mal hábito.
Creo que lo comparto.
Que su unión sea fecunda,
que vean ambos los hijos de sus hijos,
y, después de una feliz ancianidad,
lleguen a la vida de los bienaventurados en el Reino de los Cielos,
por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
Es casi un milagro que todo haya salido bien.
La pista de baile estaba llena cuando nos fuimos.
Hasta Luz me felicitó.
Los Limantour se fueron temprano.
Espero que no haya sido porque algo les cayó mal.
Ya brindamos suficiente, ¿no crees?
Nunca es suficiente.
Ella es Dolores, su mucama personal.
Socorro y Francisca son las otras dos mucamas.
Doña Gertrudis, la cocinera.
Marcos, el valet.
Doroteo,
Francisco, Roberto,
Aníbal…
y Lucas.
Isidro es pinche.
Igual que Juan.
Y Mateo, el caballerango.
Estaba por irme y…
pensé que le gustaría tomar algo.
Iba a trabajar para mi padre,
pero eso no iba a terminar bien.
Así que mejor me vine para acá.
¿Toda su familia sigue en San Luis?
Digamos que la distancia nos sienta bien.
Cuando mi padre vivía…
yo me ofrecía a hacer las visitas a las haciendas.
Entre más lejos, mejor.
"Entre más lejos, mejor".
¿Qué dice la señora Rivas?
No hay tal.
¿Esperando la indicada?
¿Y perder el tiempo?
- ¿Sí? - Diputado.
Estaba por irme. ¿Se le ofrece algo más?
No, gracias, puedes ir a descansar.
- Con permiso. - Está bien.
Ibas bien.
Tienes que…
relajar las muñecas.
Para que los dedos caigan sobre las teclas como por su propio peso.
Pues no sabré tocar el piano,
pero a que no conoces otra mujer que sepa limpiar, cargar y armar un rifle.
Afortunadamente.
¿Qué hacías despierta tan tarde?
Esperándote.
No me gusta que te desveles por mí.
Es la única forma de verte.
Amada, no es decente que estés así en el salón.
Ya están todos dormidos.
Todavía no termino lo que tengo que hacer para hoy.
¿Puede esperar a mañana?
Es para tu padre.
Senador Téllez
Por favor, después de usted.
Usted siempre tan amable.
Una de El Buen Tono, por favor.
Buena suerte mañana en la sesión.
Vaya. El yerno de la Nación nos honra con su presencia.
Más respeto, por favor.
Ignacio.
Querido.
¡Señor De la Torre!
Dígale a su mujer que su vestido nos encantó a todas.
Estaba divino.
- ¿Quién se lo hizo? - ¡Ay, ya!
- Luego te consigo el nombre del sastre. - No le des idea.
Buenas noches.
- Buenas noches. - Buenas noches.
¿Qué tal la vida de casado?
Hay deberes que cuestan más que otros.
Conocí a alguien que podría encajar muy bien aquí.
No me digas.
Ya lo invitaste.
Ignacio.
¿Para qué tenemos reglas?
Para los demás.
Nacho.
Si vuelves a hacer algo así…
- te echo del club. - "Te echo del club".
¡Mira quién llegó ahí, perro!
Oigan, caballeros, ¿quién nos va…?
¡Soy un viejo zorro!
Gracias, doctor.
El reposo te va a quitar la ansiedad.
No me perdona que no la invitara a la boda.
Papá y Carmelita no me dejaron.
Y eso que todos saben que mi madre es una india.
¿Hace cuánto tiempo que no la ves?
Seis años.
Ignacio.
Solo te tengo a ti y a papá.
Descansa.
¡So! ¡So!
Se debe desnudar el torso.
¿Perdón?
Si lo desea, aún puede retirarse.
Evaristo Rivas.
¿Ha venido aquí por su propia voluntad?
Sí.
¿Y sabe qué nos une a los presentes en hermandad?
El amor socrático.
Y ¿se confiesa usted, Evaristo Rivas,
elegible para formar parte de nuestra sociedad?
Lo confieso.
Soy maricón.
¡Viva!
¿Jura guardar, aun bajo presión, lo que aquí acontezca?
Lo juro.
Evaristo,
bienvenido al club de los ahora…
- ¡cuarenta y dos! - ¡Bienvenido!
¡Bravo!
Caballeros,
levantemos nuestras copas en honor a nuestro nuevo miembro.
¡Salud!
Nunca había visto a tanto maricón reunido.
Sabía que lo ibas a apreciar.
¿Tú también pasaste por esto?
Mm.
¿Quién te introdujo?
Don Felipe.
Era muy amigo de mis padres.
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