War and Peace, Part II: Natasha Rostova

War and Peace, Part II: Natasha Rostova

Война и Мир 2: Наташа Ростова

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ആദ്യത്തെ 200 വരികൾ.

MOSFILM

LEON TOLSTOI

LA GUERRA Y LA PAZ

NATASHA ROSTOVA

realización: Serguéi BONDARCHUK

Guión: Serguéi BONDARCHUK, Vasili SOLOVIOV

Cámaras: Anatoli PETRITSKIY

Decorado: Mijail BOGDANOV, Guenadi MIASNIKOV

Música: Viacheslav OVCHINNIKOV

Sonido: Yuri MIJAILOV

Subtítulos en español Pablo Enrique López Rodríguez

Reparto:

Natasha (Natalia, Natalí) Rostova: Liudmila SAVELIEVA

Pier Bezújov: Serguéi BONDARCHUK Andréi Bolkonskiy: Viacheslav TIJONOV

Iliá Andréyevich Rostov: V. STANITSIN La condesa Rostova: K. GOLOVKO

Nicolás Rostov: O. TABAKOV Petia Rostov: S. ERMILOV

Sonia (Sofía): I. GUBANOVA

Nicolás Andréyevich Bolkonskiy: A KTOROV

La princesa María: A. SHURANOV Elena: I. SKOBTSEVA

Anatol: V. LANOVOI Dólojov: O. EFREMOV

El tío de los Rostov: A. Borísov Anisia Fedórovna: N. MORDIUKOVA

Ajrosimova: E. TIAPKINA Drubetskaya: K .POLOVIKOVA

Drubetskoi: E. MARTSEVICH Sherer: A. STEPANOVA

Karáguina: G. KRAVCHENKO

Alexandr I: V. MURGANOV Napoleón: V. STRZHELCHIK

En el mes de junio del año 1807 tuvo lugar en Tilzit

un encuentro entre el emperador Alexandr y Napoleón.

Mientras tanto, la vida,

la verdadera vida de las personas

corrientes, con su estado de salud,

trabajo o descanso; con sus intereses intelectuales,

científicos, poéticos y musicales;

con sus sentimientos de amor, amistad y odio, y con sus pasiones,

se desarrollaba como siempre, independientemente de su simpatía o

antipatía política con respecto a Napoleón Bonaparte.

Enero, febrero, marzo, abril...

Hable, mamá, ¿por qué se mantiene callada?

Eso no puede seguir así, mi cielo.

No todos podrán entender vuestras relaciones infantiles.

El hecho de que lo ven tan cerca de ti puede dañar tu reputación,

y, lo más importante, eso lo martiriza por gusto. Puede ser que

él ha encontrado ya la pareja que le conviene, y ahora no sabe qué hacer.

¿No sabe?

Te contaré mi caso. Yo tenía un primo...

Lo conozco, Kiril Matvéyevich. Pero él es un viejo.

No siempre fue un viejo.

Mira, Natasha, yo hablaré con Borís. El no tiene por qué venir tan seguido.

- ¿Por qué no, si así lo quiere? - Eso no va a terminar bien.

¡Mamá, qué tonterías son esas!

¡Qué importa que no me caso! ¡Que venga, si a los dos nos causa alegría!

Bueno, no con vistas matrimoniales, sino simplemente así...

- ¿Cómo puede ser eso, querida? - Así.

Es que no importa el casamiento. Sino... que sea así.

No se ría más, que está temblando toda la cama.

Usted se parece demasiado a mí, es tan reidora como yo.

¿El está muy enamorado? ¿Qué le parece a usted?

¿Ha tenido algún enamorado así?

Es muy encantador. Pero no es de mi gusto.

Es estrecho, como el reloj del comedor.

- ¿No me entiende? - No.

- Estrecho, gris, claro... - ¿Por qué mientes!

¿Acaso no entiende usted? Nicolasito me entendería.

Mira, Bezújov es azul.

Azul oscuro, con rojo. Y es cuadrangular.

- Con él también coqueteas. - No, él es francmasón.

El es bueno, azul oscuro con rojo. ¿Cómo explicárselo...?

Condesita, ¿no duermes?

Nadie puede entender todo lo que hay en mi alma.

¿Sonia? ¡No, qué va! Ella es muy bondadosa.

Incluso mamá no lo comprende.

Esto es asombroso, ¡qué inteligente soy y qué...!

Ella es encantadora. Todo lo tiene.

Es muy inteligente, hermosa, ágil,

nada y practica excelentemente la equitación.

¡Y qué voz! ¡Se puede decir que tiene una voz asombrosa!

El treinta y uno de diciembre,

en vísperas del nuevo año 1810,

un cortesano de tiempos de Ekaterina daba un baile.

Al baile debían asistir el cuerpo de diplomáticos y el emperador.

Los Rostov fueron invitados y Natasha se vestía para ir

al primer gran baile de su vida.

Sonia así no se pone el lazo. Ven acá.

- ¿Terminarán pronto? Ya son las diez. - ¡Ahora!

- ¿ Y usted? ¿Está lista mamá? - Sólo me falta fijar la toca.

- ¡No lo haga sin mí! ¡No le saldrá! - ¡Pero, ya son las diez!

Mavrita, ¡apúrate querida!

- ¿Cuándo terminarán por fin? - ¡Ahora! ¡No entres papá!

¿Será posible que nadie se acercará a mí?

¿Acaso nadie me nota?

¡No, eso no puede ser!

Ellos deben saber que deseo tengo de bailar,

que yo bailo muy bien y lo alegre que es bailar conmigo.

Me parece que esto es interesante...

Usted siempre baila... Aquí hay una protegida mía, la joven Rostov.

- Invítela. - ¿Dónde está?

Perdón, esta conversación la terminaremos en otro lugar.

Al baile se viene para bailar.

Permita usted presentarle a mi hija.

Ya tengo el placer de conocerla. ¿No se acuerda la condesa de mí?

Permítame invitarla a una vuelta del vals.

Si ella se acerca primero a su prima y después a otra dama,

entonces ella será mi esposa.

¡Qué alegría da bailar! ¿ Verdad que sí?

Sí, me alegra mucho.

¡Ah! Es usted. Estoy trabajando.

Mi alma nunca había sentido algo semejante.

Estoy enamorado, mi amigo.

- Bueno, ¿qué dices? - Mamá, no preguntes nada...

- De Natasha Rostova ¿Sí? - Sí, sí, ¿de quién si no?

Este sentimiento es más fuerte que yo. Antes yo no vivía.

Ahora es que existo, pero no puedo vivir sin ella.

Pero, ¿podrá amarme ella?

¡Esto nunca antes me había ocurrido! Sólo que tengo miedo a su lado.

¿Qué significa esto? ¿Que es un verdadero sentimiento?

- ¿Por qué no dices nada? - ¿ Yo? Le decía a usted...

- Mamá, ¿Duerme usted ya? - No, mi cielo, tengo miedo.

De todas maneras, no podré dormir. ¡Nunca antes me había pasado algo así!

Esta muchacha es todo un tesoro... Es una chica muy singular.

Le pido a usted que no lo piense mucho, no dude.

Cásese y estoy seguro que no habrá hombre más feliz que usted.

- Pero, ¿y ella? - Ella le ama a usted.

- No digas tonterías. - Lo sé muy bien.

- No, mira. Tengo que decirlo todo... - Hable, me alegra mucho.

Tenía él que venir a Peterburgo ahora, cuando nosotros estamos aquí.

Y hubo de ocurrir nuestro encuentro en ese baile.

Está claro que ese es el destino y todo tiende a ello.

El mundo está dividido para mí en dos mitades:

Una es la de ella y allí hay felicidad, esperanza y luz.

En la otra no está ella y allí reina la melancolía y la oscuridad.

La oscuridad y las tinieblas. Lo entiendo muy bien.

Por eso debo amar la luz. Soy muy feliz. ¿Me comprendes?

- Sé que te alegras por mí. - Sí, sí.

Mamita querida, te quiero muchísimo. ¡Qué bien me siento!

Pasaron tres semanas.

En todo ese tiempo Bolkonskiy no paso ni una vez por casa de los Rostov.

Natasha, querida, quizás él esté enfermo,

pues fue herido en la batalla de Austerlitz.

Basta ya, mamá. No pienso en él, ni quiero hacerlo.

Así es, nos visitaba, pero ya dejó de hacerlo.

Y no quiero casarme. Le tengo miedo.

Ya me he tranquilizado.

¿Para qué pensar mucho en esto? Así estamos bien.

¡Aquí estoy yo! ¡Qué bien! No necesito a nadie.

¡Qué maravillosa es esta Natasha!

Bonita, con voz musical, joven y no molesta a nadie.

Sólo déjela en paz.

¡Mamá, llegó Bolkonskiy!

¡Mamá, que horror! ¡No quiero sufrir más!

¿Quién vino? ¿Cuándo? No sigas, Natasha...

Hace tiempo que no teníamos el placer...

No los había visitado, porque fui a ver a mi papá.

Tenía que hablar con él sobre un asunto muy importante.

Ahora tengo que hablar con usted, condesa.

Retírate, Natasha. Te llamaré después.

Dios mío, ten piedad. Ayúdame, Dios...

¿Qué dijo, mamá?

Ve a su lado. El pide tu mano.

¿Será posible que ese extraño se haya convertido en todo para mí?

Ahora él es para mí lo más apreciado que hay en el mundo.

Me enamoré de usted en el mismo instante en que la vi.

¿Si tengo alguna esperanza?

¿Para qué pregunta?

¿Por qué duda de algo que debe saber muy bien?

¿Para qué hablar, cuando no se puede expresar con palabras los sentimientos?

- ¿Me ama usted? - Sí, sí...

- ¿Qué le pasa? - Soy muy feliz.

El príncipe Andréi no encontró en su alma el amor que antes sentía por ella.

En su alma algo cambió de lugar.

No notaba, como antes, el encanto poético de su pasión.

Mas bien tenía lástima de ella, de su debilidad femenina e infantil.

Hasta le temía a ella, a su fidelidad y confianza.

El verdadero sentimiento, aunque no era tan poético,

era más serio y más intenso.

¿Le dijo su mama que la boda puede ser dentro de un año y no antes?

¿Será posible que esta sea yo...?

¿Será cierto que desde este minuto soy la esposa, con iguales derechos,

de este hombre extraño, agradable e inteligente,

que es respetado incluso por mi padre?

¿Será verdad que desde ahora no puedo bromear con la vida,

porque soy responsable de todos mis actos y palabras?

Pero... ¿Qué fue lo que él me preguntó?

Perdóneme, pero usted es muy joven y yo tengo demasiada experiencia

de la vida. Temo por usted. Usted no conoce a sí misma.

Por muy difícil que sea esperar ese año, que aplaza mi felicidad, yo estoy

conforme de que usted dedique este plazo a comprobar sus sentimientos.

Le pido que dentro de un año me haga feliz.

Pero usted está libre. Nuestro compromiso se mantiene en secreto.

Si usted se convence de que no me quiere...

¿Por qué dice eso?

Desde el primer día en que vino a Otrádnoe yo me enamoré de usted.

En un año usted se conocerá mejor.

¿Todo un año?

Pero, ¿por qué un año? ¿No se puede de otra manera?

¡Esto es terrible!

Me moriré esperando ese año. Eso no puede ser, es horrible.

No, no, yo lo hago. ¡Qué feliz soy!

No hubo un intercambio de anillos y

a nadie se le avisó sobre el compromiso matrimonial de ambos.

No se vaya.

Le pido un favor, Natalí, sólo dios sabe lo que puede ocurrir.

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