ആദ്യത്തെ 200 വരികൾ.
Tuvieron que ocurrir muchas cosas,...
yo tuve que sufrir,...
tú tuviste que sufrir mucho.
Yo existí porque tú exististe.
Ahora que estoy en paz, atado a mis raíces,...
siento que ya no existo.
ANTES DE LA REVOLUCIÓN
"Aquellos que no han vivido los años...
antes de la revolución...
no pueden entender...
la dulzura de la vida." Talleyrand
Un domingo de abril de 1962,...
poco antes de la Semana Santa, en Parma.
Y así vine a ti, Iglesia.
Sostenía en la mano con firmeza a Pascal y los Cantos Griegos.
"La Resistencia se deshizo con nuevos sueños...
... del sueño de las regiones federadas en Cristo...
... y su dulce ruiseñor en llamas.
Malditos aquellos que no saben...
... que esta fe cristiana es burguesa...
... en cada uno de sus privilegios,...
en cada rendición, en cada subyugación.
Que el pecado no es más...
... que el crimen de las turbadoras certezas diarias...
... odiadas por el miedo y la aridez.
Que la Iglesia...
... es el desalmado corazón del Estado."
Como en un sueño me encuentro ante las puertas de la ciudad,...
los bastiones, los portones del peaje,...
los campanarios como minaretes,...
las cúpulas como colinas de piedra,...
los tejados grises, las terrazas abiertas,...
y debajo...
... las calles, los barrios, las plazas,...
la Plaza,...
y en medio, el río, el Parma,...
que divide las dos ciudades, la rica de la pobre.
Y otra vez la Plaza,...
tan en el centro de la ciudad, pero tan cerca del campo,...
que algunas noches se puede oler la paja.
La plaza, que se parece a la arena de un circo amurallado cuando estás dentro.
Allí, me muevo entre figuras que van sin ritmo, remotas.
Figuras para las que antes sólo existía la Iglesia,...
para las que el catolicismo ha ahogado cualquier deseo de libertad.
Estos son mis iguales, los burgueses de Parma,...
los de la masa cotidiana.
Me pregunto si alguna vez nacieron,...
si el presente resuena en su interior...
... tal como resuena en el mío y no puede consumirse.
Clelia.
Siempre habíamos ido paso a paso,...
estábamos hechos el uno para el otro.
Pero Clelia es la ciudad.
Clelia es esa parte de la ciudad que he rechazado.
Clelia es esa dulzura de vivir que no quiero aceptar.
¡Fabrizio!
La he encontrado, está aquí con su madre.
Por eso, en un último y desesperado acto de amor,...
he mirado en todas las iglesias, buscando a Clelia.
La encontré y quise mirarla por última vez.
¿Qué hora es?
Las tres en punto.
Tienes que sacarte el carnet del Partido.
Porque...
... puede ser útil para todo, la política, incluso la poesía.
Entonces todo lo que hagas o digas tiene un significado.
Si cometes un error, entonces tus errores tienen un sentido.
Antes vivía en una angustia constante,...
una especie de sentimiento de culpa.
Cesare me ayudó a superar esta cobardía. Me gustaría ayudarte.
No te vayas de casa sólo para volver.
Es peor que eso. Cesare me ha estado esperando. Hasta mañana.
¡Agostino!
¡Vete al cine, están pasando "Río Rojo"!
¡No te la pierdas!
La gente que huye de casa me hace reír,...
los que quieren escapar.
¿Por qué?
Porque es infantil. Lo que estás haciendo es demasiado fácil.
Te rechazas a ti mismo, te quejas, huyes.
Tienes que luchar desde dentro.
Quieren atarte y corres. ¡Pero hay otra forma!
¿Cuál?
No soy capaz.
Irme de casa ya es mucho para mí.
¡Y no te rías de mí!
Si piensas que tu padre es un ladrón, un oportunista, un hipócrita,...
- ... que tu madre es idiota. - ¡Nunca he dicho eso!
Lo entiendo. Puede que mi padre sea un ladrón...
... y mi madre idiota, pobre mujer,...
tan tonta que no alcanza a entender nada ni a nadie,...
¡pero tú cállate, entiéndelo, y cállate!
¿Qué derecho tienes a juzgar a los demás?
Y tú, ¿tú qué harías?
¿Qué crees que estás haciendo?
¿La revolución?
Quédate aquí ¡Esta es por mi padre!
Y esta por mi madre.
¡Y esta es por mí!
- ¿Cuál es el problema? - ¡El vino es bueno!
Venga, vámonos al cine a ver "Río Rojo".
No, tienes que ir a ver a Cesare.
¡Vete, no puedes llegar tarde!
¡Vete, te está esperando, vete!
Mierda...
Tienes buen aspecto.
Tú también.
Me gusta el peinado que llevas.
- ¡Mira quién está aquí! - Hola, Domenico.
Bienvenida. ¿Cómo estás?
Bien.
¿Has tenido buen viaje?
¿Cómo está el tiempo en Milán?
¡Antonio!
Se ha quedado dormido mientras hacía los deberes.
- ¿Cómo estás? - Bien.
Tengo que salir, tengo una cita.
¡Con tus camaradas!
¡Camaradas y además tarta!
Sí, exacto.
Hasta mañana. Ciao, tía.
¡No llegues tarde!
Bien, ciao.
Es imposible, no sirve.
Llévatelo a casa.
Tenemos que irnos.
- ¿Quién se ha ahogado? - El hijo de Bertoli.
¿Lo has visto?
¿Te parece justo?
Debe de haber hablado con alguien.
¡Por aquí!
- ¿A quién llamas? - A mi hermano mayor.
¡William! He encontrado trabajo.
¿Dónde?
Por aquí, como peón.
Estoy empapado.
- ¿Has estado antes aquí? - Pues sí.
- Entonces lo habrás visto todo. - Sí, lo he visto todo.
Allí, donde el agua es más profunda.
Estábamos aquí, hablando.
Él estaba de pie donde tú estás ahora.
Me preguntó: "¿El agua está fría?"
"Al principio sí, luego te acostumbras."
- ¿Es usted un familiar? - No, un amigo.
Dijo: "Acabo de comer."
"No pasa nada si acabas de comer, luego sí que está mal."
¡Ya voy!
Esos chicos siempre nadan después de comer.
Nunca ha ocurrido nada.
Parece que los caballeros son más delicados.
Se quedó allí de pie en calzoncillos...
... y yo me reí porque se le estaban congelando los pies.
Se fue para allá, al lado del pilón.
Entonces te habló.
¿Te contó algo?
Me dijo: "es mi primer chapuzón de este año."
- ¿Cómo te llamas? - William.
¿Enore? ¿Cuántos años tienes?
17.
- ¿Dónde vives? - En las chabolas.
Agostino era rubio, de pelo fino.
No parecía pelo.
Se parecía más bien a las plumas de un canario.
Tenía una perilla rubia y rasgos finos.
Como un noruego, pero con ojos de loco.
Como un autoestopista de esos.
Todavía estoy aquí.
Agostino cambia de escuela todos los años.
Incluso dos veces al año si le expulsan.
Sus padres dicen que todos los internados son iguales.
Todos son buenos, siempre que estén en Suiza.
Sólo tiene 20 años, pero es una leyenda viva.
La gente decía de todo sobre él, era como un mito.
Incluso Agostino creía en su propio mito.
A veces utilizo las palabras de Cesare, en vano,...
con la esperanza de que sean...
... más claras que las mías.
Y pensar que ni siquiera yo, con la pretensión de ser su profesor,...
he entendido jamás nada acerca de Agostino.
Se escapaba con frecuencia. ¿Dónde iba?
¡Ya era mucho si llegaba a Bolonia o Milán!
Cuando volvía le prestaba mis libros.
Todos inadecuados para él.
¡Pobre!
Cómo sufriría...
... si viera a toda esta gente que ha venido a verle muerto.
Estos conocidos vestidos de negro.
Vámonos.
Ven, Fabrizio.
Yo no voy.
¡No te pongas así!
Vete, yo me quedo con él.
¿Qué estás haciendo?
Nada...
Busco una salida de aquí porque no te das cuenta de que existo.
¿Qué haces todo el día en Milán?
Nada...
Transmito pensamientos.
¡No fallo nunca!
Toco el triángulo.
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