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BASADA EN EL LIBRO
MI AÑO CON SALINGER , DE JOANNA RAKOFF
UNA SOLA VÍA
Crecí en una ciudad suburbana, al norte de Nueva York.
En ocasiones especiales mi papá me llevaba a la ciudad
a comer postre en el Waldorf o en el Plaza.
Me encantaba ver a las personas. Parecía que tenían vidas interesantes.
Quería ser como ellos.
Quería escribir novelas, hablar cinco idiomas y viajar.
No quería ser común y corriente.
Quería ser extraordinaria.
Esos recuerdos regresaron el año pasado
cuando fui a Nueva York a ver a mi mejor amiga.
Se suponía que solo me quedaría unos días y regresaría a Berkeley.
Donde mi novio estaba esperándome.
Pero algo cambió.
Quiero quedarme un tiempo en Nueva York.
¿Un tiempo? ¿Cuánto? ¿Y tu semestre?
Mira, ya no quiero analizar el trabajo de otros. Quiero escribir.
¿En Nueva York?
Sí.
En Nueva York.
¿No es lo que hacían los aspirantes a escritores?
¿Vivir en departamentos económicos y escribir en cafeterías?
Sí, ya sé. Pero es lo que quería.
NUEVA YORK, OTOÑO DE 1995
Mi jefe dice que ya no vamos a usar papel.
Solo correo electrónico.
Estoy volviéndome loca. Todos escriben sobre… nada.
Tengo que contestar “gracias”. O peor todavía, “de nada”.
Mi colega me pregunta por correo a qué hora voy a ir a almorzar.
Espero que solo sea una moda que desaparezca.
Extraño tus pleitos.
En Berkeley son muy serios. Salen a correr y usan sandalias.
Malditas sandalias.
Soy como una nube enorme sobre California.
Convirtiendo todo en ceniza.
Esa soy yo.
¿Karl se siente igual?
Para él no es lo mismo. Ya lleva un par de años ahí y…
La universidad le queda perfecta.
Bueno…
Jenny…
No sé cuánto tiempo voy a quedarme en Nueva York.
No te preocupes. Siéntete como en tu casa.
Come lo que quieras.
Está bien.
EATON BUSCA PERSONAL
Maestría en literatura inglesa. University College de Londres.
Supongo que eso te hará más atractiva para algunas editoriales.
Aunque no tanto, para la mayoría.
Has publicado… poesía.
Sí, sí. En The Paris Review. Gané el concurso de estudiantes.
Omite eso. Las editoriales evitan a los aspirantes a escritores.
Eso es lo que quiero, lo que hago. Eventualmente.
¡Ya lo tengo! No en una editorial.
¿Qué te parece una agencia literaria?
Sí, estupendo.
La más antigua de Nueva York. ¿Sabes mecanografiar?
Tomé mecanografía en séptimo grado.
No sabes. Van a preguntarte si sabes mecanografiar y vas a decir…
¡Sí!
Sesenta palabras por minuto.
¿Sabes hacerlo en una máquina de escribir?
Es muy diferente a hacerlo en una computadora.
Sí.
¿Qué te gusta leer?
Todo.
Lurie, Hammet, Donald Westlake.
Acabo de terminar “La educación sentimental” y…
Me encantó. Me pareció muy contemporánea. Me sorprendió.
Gustave Flaubert. Está bien, querida. Pero para estar en este campo
tienes que leer a autores vivos.
Me encanta Flaubert.
Me gusta Westlake. Es gracioso.
Puedes empezar después de Navidad. Tendremos que hablar de Jerry.
¡Ah! Jerry.
Habrás escuchado que está loco o senil o que es misántropo.
Todo es mentira. Él no es el problema.
Hay tantas personas que quieren su dirección, su número telefónico,
quieren que los pongamos en contacto con él o incluso conmigo.
Reporteros, estudiantes, decanos de universidades, productores.
Pueden ser persuasivos. Manipuladores.
Sin embargo, jamás, nunca, puedes dar su dirección.
¿Entendido?
Entendido.
Perfecto.
Recuerda: Hay muchos graduados que desean este empleo.
Prepárate para jornadas largas. Pam va a darte la llave.
Pam. Muy bien.
Muchas gracias. No sabe lo honrada y emocionada que me siento.
No tienes que sentirte honrada. Emocionada, tal vez.
Margaret es emocionante.
Soy Daniel, por cierto.
El guardián entre el centeno J.D. Salinger
Ese Jerry…
No tenía idea de lo que era una agencia literaria.
Pero sentí que me acercaba al mundo de los escritores.
Estaría rodeada de nombres literarios divinos.
Sin duda, su proximidad inspiraría mi forma de escribir.
Bien. Felicidades por tu nuevo empleo.
Aquí tienes tu llave. No la pierdas.
Te esperamos el 8 de enero a las ocho en punto.
Nunca regresé a Berkeley. Nueva York sería mi nuevo hogar.
Escribiría mi nueva vida con un empleo codiciado para pagar la renta.
Hola.
¡Hola!
Ven, ven. Acompáñanos.
Hola.
Miren, ella es Joanna.
CAFÉ PANAMÁ
-Ellos son Mark y Lisa. -Mucho gusto.
Acaban de comprometerse.
-Estamos celebrando. -¡Vaya! ¡Qué bien!
-¡Felicidades! -Es falso.
Ven, siéntate.
Cierto.
La oficina es increíble.
Es como si no hubiera cambiado nada desde 1927.
Adivinen a quién representa mi jefa.
- ¿A Anne Rice? - Al Papa.
A Thomas Pynchon.
A J.D. Salinger.
¡No puede ser!
¿Sigue vivo?
Así es. Vive en New Hampshire, básicamente aislado.
Los reporteros lo acechan en restaurantes y en su casa.
Me encantó “El guardián entre el centeno”.
Pero mi favorito es “Franny y Zooey”.
Mi amiga Kat trabajó con su editor.
Una noche se quedó trabajando hasta tarde, como la 1 a.m.
El teléfono de la oficina empezó a sonar sin parar y contestó.
Escuchó que alguien gritaba.
¡El manuscrito está bien!
¡Salvé al manuscrito del incendio!
¿Era Salinger?
Su casa se había incendiado.
Llamó a mitad de la noche
asumiendo que habría alguien en la oficina.
¿No es una locura?
Leí que sigue escribiendo, pero que ya no quiere publicar.
Escribir te convierte en escritor. Publicar solo es comercio.
¡No digas idioteces, Don!
Es un argumento preventivo en caso de que nunca venda una novela.
Si es que algún día la termina.
Claro que sí, pero hoy se trata de Joanna
y su entrada al mundo mercante.
Salud.
Salud.
Gracias.
Había conocido a Dan días antes
en una librería socialista en la que trabajaba medio tiempo.
No te había visto por aquí.
Déjame adivinar. Eres pasante en The New Yorker.
Además de luchar contra el materialismo y las clases sociales
a Don le gustaba boxear, Norman Mailer y…
Sí, estoy escribiendo una novela.
Tenía muy claro lo de ser escritor. Admiré su confianza.
¿Conoces el Café Panamá?
Está en la Avenida 8. Ahí se reúnen escritores…
-Lo conozco. Suelen hacer… -Lecturas de poesía.
El amor es difícil de encontrar.
El amor conoce tu mente.
El amor alimenta tu alma.
El amor se tiene y se mantiene.
Aguarda un minuto, hay cien maneras de tenerla, de retenerla.
¿Será capaz de desplazarse? ¿Podrá mantenerse firme?
Busca en el fondo de la caja y sí, el escondite sigue ahí.
¿Dónde demonios estabas?
Corta el césped a menos que quieras que venda tu auto.
Estimado señor Salinger.
Leí su libro “El guardián entre el centeno” tres veces.
Es una obra maestra. Espero que se sienta orgulloso de ella. Debería.
La mayoría de las porquerías que se escriben ahora
son tan poco convincentes, que dan asco.
No muchos escriben algo que al menos se acerque a la sinceridad.
Tampoco quiero decir que todos los que leen su libro lo entienden.
Para nada.
La mayoría no.
Puedo darle muchos ejemplos idiotas, pero no lo haré.
Seguramente estará riéndose en voz alta ahora…
Pero creo que lo entiendo. Quizá no.
Hola.
Vaya, aquí estás.
En efecto.
Ya vimos que puedes mecanografiar. Hurra.
¿Alguna vez has usado un dictáfono?
Al principio puede ser complicado, pero sé que vas a dominarlo.
Reproducir, regresar,
y creo que hay algo que controla la velocidad.
Hugh puede ayudarte.
¿Hugh?
Puedes empezar con esto.
Esta es la zona tecnológica. Todo es muy nuevo.
Esta es una máquina Xerox para que fotocopies mi correspondencia.
Me parece que ese es el botón que debes presionar para sacar una copia.
¿Ya te dio el discurso sobre lo diabólica que es la era digital?
Max, ella es Joanna, mi nueva asistente.
-Hola, Joanna. Es un placer. -Mucho gusto.
¿No hay computadoras?
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