The first 200 lines.
Subtitulado por Teletexto-iRTVE.
A comienzos de 1944, Hungría era un país que mantenía
estrechos lazos con la Alemania nazi.
El almirante Horthy conservaba el poder,
aunque siempre bajo la supervisión del Führer Adolf Hitler.
con el Ejército soviético a las puertas de Budapest
y el terror nazi instalado en la capital húngara,
los judíos sufrían la deportación a los campos de concentración
para su posterior exterminio.
en este contexto, la diplomacia española
se desenvolvía en un estatus de teórica neutralidad.
Música clásica y gente hablando.
-Parece que el regente no está de acuerdo
con la situación en el norte...
-Y entonces, va el Caudillo y le dice:
''Vamos, jordana, que no se diga
que le temes más a tu mujer, que a los moros
que combatimos en Marruecos''.
-¿Adela? -No, no, por favor;
creo que, por hoy, ya he tenido suficiente.
¿Te encuentras bien, cariño?
Apenas has probado la cena y el champán te encanta.
No te molestes, Ángel... (RÍE)
Cuando se llevan tantos años casado como yo,
ya no se hacen preguntas...
-Los caminos de la mujer son inescrutables.
Hijo mío.
-Chis, que no te oiga monseñor Rotta.
en serio, Adela, hace un par de días
que me tienes preocupado.
No pasa nada.
¿No? -De verdad.
A estas alturas, ya deberías saber
que las mujeres valemos más por lo que callamos
que por lo que decimos.
¿No estarás...?
Golpes de bastón sobre el suelo.
-¡Su Alteza Serenísima, el regente del reino de Hungría,
Aplauso. almirante Horthy!
Queridos amigos:
en primer lugar, quiero agradecer su presencia
en mi casa que, como ya saben sobradamente,
es también la suya.
Sophie,
tengo que irme; si me cogen en pleno toque de queda,
no tardarán en fusilarme. Siento lo que está pasando,
Antal; estoy avergonzada. -Calla, Sophie.
¿Cómo hemos podido llegar a esto?
Esta pesadilla terminará
muy pronto, ya lo verás. Sí.
tengo que irme.
Espera. -¿Qué...? Sophie, no. ¿Estás loca?
Es peligroso; te daré otra. Quiero esta;
así te llevaré siempre conmigo.
No te preocupes; ahora, márchate. -Sí.
Pero... El próximo martes.
-Sí, aquí estaré. A la misma hora.
Adiós.
Te quiero.
Y por todo ello, propongo un brindis: Por la ansiada paz;
por el mejor futuro para nuestros pueblos.
Golpes de bastón sobre el suelo.
-¡El plenipotenciario del Reich, su excelencia Edmund Veesenmayer!
Murmullo. ¡Y el teniente coronel de las SS
Adolf Eichmann!
Querido almirante,
me sumo a sus deseos.
Por el mejor futuro para Alemania y sus fieles aliados.
¡Por el Reich de los 1000 años!
-Me gustaría que alguien me explicara
cómo se puede ser almirante,
en un país sin armada
y sin ninguna salida al mar.
Risas. -Y pretendía
que le pagara por la cerveza.
¿Pero qué se ha creído ese viejo?
Vaya, vaya, mirad por dónde;
nos hemos encontrado un urinario público.
¿Tenéis sed?
Heil, Hitler.
son un poquito estirados, ¿no?
Disciplina, Ferenc, disciplina;
eso es lo que yo llamo un ejército como Dios manda.
Las risas se oyen lejos. -Vamos a tomar otra.
Así que usted es el embajador de España en Budapest.
Arriba España.
Viva Franco.
-Será un placer compartir una copa con nuestro compañero de cruzada;
tengo entendido que usted combatió
a los comunistas en su país, ¿no es cierto?
-Gracias a Dios y a nuestro amado Führer;
reconózcalo, amigo Sanz.
¿no les parece? -Y dígame:
¿Su gobierno está haciendo algo
para liberar al continente de la lacra judía?
Nosotros no tenemos ningún problema con los judíos;
les expulsamos hace más de 500 años.
Muy bueno.
Estabas aquí; por fin te encuentro.
¿Te diviertes?
Lo digo por la compañía.
¿Qué ocurre, Miguel? Por el amor de Dios;
sabes que, para mí, tampoco es plato de buen gusto.
Pero te recuerdo que Alemania es un país amigo.
Perdóname, chico,
pero es que a mí estos pavos reales me sacan de quico.
Me largan, Ángel;
pronto regresaré a casa a esperar destino.
Pero... ¿Así, por las buenas?
El escrito es muy diplomático,
pero tú y yo sabemos cuál es el auténtico motivo.
Tiene gracia, ¿no?
Nuestro jefe es un hombre de misa diaria,
pero, eso sí, a la hora de la verdad,
se lava las mazos,
como Poncio Pilatos.
¿Y qué va a pasar conmigo?
-De momento, te quedas como máximo responsable;
los rusos llegarán a esta ciudad,
más pronto que tarde, y entonces... ¿Tú crees?
-La guerra está perdida para los alemanes.
Supongo que, en Madrid, no tardarán en cerrar
la legación diplomática de Budapest;
el Generalísimo tratará de reforzar nuestra neutralidad
para congratularse con los aliados.
Ángel,
confío en ti; tú debes acabar lo que yo dejo a medias.
Escucha, Miguel, ese es un tema muy delicado;
a veces, es mejor no meterse
en camisas de once varas. -Te equivocas;
en ocasiones como esta, la conciencia te obliga
a tomar partido; lo sabrás
cuando no puedas dormir por las noches.
Te agradecería que, mañana temprano,
me acompañaras a una cita;
antes de marcharme de Budapest,
me gustaría mostrarte algo.
Por supuesto, Miguel, por supuesto.
Claxon.
Buenos días. Buenos días.
¿Está todo en orden, señora Tourné? Sí, don Ángel;
el señor Muguiro preguntó por usted a primera hora.
¿Está en su despacho? No, creía que irían
a la residencia infantil. Oh, Dios mío,
se me olvidó por completo.
Mi mujer no estaba bien esta mañana...
Lo siento, pero si quiere ir, llamaremos al conductor.
Muchas gracias, señora Tourné; no sé qué haríamos aquí sin usted.
Don Ángel, el señor Farkas y yo le damos la enhorabuena
por su ascenso. Supongo que el señor Muguiro
les habrá puesto al corriente de todo.
Miren, yo le voy a echar tanto de menos como ustedes,
pero quiero que estén tranquilos;
las cosas aquí se seguirán haciendo igual que hasta ahora.
-No le habríamos comprometido de no ser un asunto
de tal magnitud y urgencia; nosotros somos su única esperanza
y tal y como se están poniendo las cosas...
-Los nazis no tardarán mucho en reparar en ellos
y enviarles a Polonia, igual que hicieron con sus padres.
¿Y dicen que son 500? -Más o menos.
Y todos huérfanos.
Me puse en contacto con mi gobierno en Madrid
en cuanto vinieron a verme.
-Ustedes son un país neutral; seguro que pueden hacer algo.
No es tan fácil,
pero yo ya he solicitado a España extender un visado
para poder trasladarles a todos a Tánger.
No se preocupen; mi gobierno no les dejará en la estacada.
De hecho, yo mismo estoy tramitando la salida de Hungría
de algunos conciudadanos suyos.
Ángel.
¡Ángel!
Disculpa.
-Les presento a don Ángel Sanz Briz,
que es mi más estrecho colaborador en la legación española.
Señores, un verdadero placer.
-Le aseguro, Farkas, que, en ese aspecto,
no tiene nada por lo que preocuparse;
la legación queda en buenas mazos.
Bueno, yo no estoy tan seguro;
mucho me temo que don Ángel no tiene la misma determinación
que usted respecto a nosotros.
Los nazis haz comenzado ya con las deportaciones
y, ahora más que nunca, necesitamos de su protección.
Yo respondo por él, Farkas;
es un aragonés, serio y cabezón,
pero noble como el que más de sus paisanos.
Como el que más de los españoles. Hum.
Los expedientes que me pidió don Ángel están sobre la mesa.
-Venga, ya tendrás tiempo de leer los periódicos;
ahora, come esto. Ah, y date prisa; el conductor te espera.
Adela, cariño, ¿me dices para qué
tenemos servicio en casa? Dígale algo, doctor Elec;
es como hablarle a una pared. -Don Ángel tiene razón;
en el estado en que se encuentra, le conviene descansar.
Venga, y tú también,
que a este paso, tu leche se la va a tomar el bebé.
Usted me ha dicho
que estoy como una rosa después de reconocerme
y aquí hay muchas cosas que hacer.
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