Under the Volcano

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The first 200 lines.

Anda, perro. ¡Quítese!

Buenas tardes.

¿Por qué me tienes miedo?

Te quiero. Te quiero.

Gracias a mi has cobrado vida.

¿No me conoces?

Buenas noches, doctor.

- Ah. Buenas noches, señor Geoffrey. - Buenas noches.

Justo a tiempo. Exactamente.

El inglés siempre es puntual.

Creo que Vd. va a la Cruz Roja.

Mm-mmm. Muy bien.

Muy bien.

Pero, hay algo aquí que no es correcto.

Ya lo sé, señor. Vd. no lleva calcetines.

Es verdad. No llevo calcetines.

Con esta espléndida vestimenta, deben llevarse calcetines.

- ¿Quiere que le traiga unos? - No. Gracias. No es necesario.

A propósito, señor Bustamante, ha encontrado Vd. algunas cartas...

cartas - algunas cartas dirigidas a mí?

No. No, señor. No encontrado cartas suyas.

¿Qué cartas ha perdido?

Unas de mi mujer.

De Yvonne.

Entonces, ha recibido noticias suyas. ¿Qué le dice?

¿Va a regresar a México?

No. No lo creo.

Me sabe mal que estén separados.

Siempre he sentido gran admiración por la señora Yvonne.

Yo creo que volverá.

Si le escribe es porque piensa en regresar.

He recibido también una carta de su abogado.

Por lo que parece estamos ya divorciados.

Uy, amigo.

- ¿Es eso verdad? - Sí.

Es verdad.

¡Déjame irme!

- Te prometo que volveré. - Mientes.

- No! - No volverás.

- Me odias. Me desprecias. - No. No.

¡Mentiroso! ¡Hipócrita!

Las Manos de Orlac. ¿The Hands of Orlac, no?

Es una buena historia.

El hombre es un pianista que pierde sus manos bajo un tren.

Le ponen otras, pero son las manos de un asesino.

¡Uy, esas manos matan a la gente!

Pero su corazón no es criminal y el lo siente mucho, mucho.

Hay cosas de las que uno no puede pedir perdón.

Creo que el destino del mundo ha cambiado por completo.

Sólo en México la muerte es una buena ocasión para reír.

En el Día de los Muerte, cuando los espíritus vuelven hacia nosotros...

debemos hacerle el camino fácil...

y no resbaladizo con nuestras lágrimas.

Lo siento, viejita. Esta vez no te van a dejar entrar.

Te has cortado demasiado la melena.

- Buenas noches, señor. - ¿Qué tal? ¿Cómo está?

- ¿Qué tal? - Ya conoce al doctor.

Poquito de brandy.

Poquito de anís.

Poquito de tequila.

Mmm. Poquito de wisky.

Poquito de mezcal.

Oh, no, no. Mezcal no. Nunca pruebo el mezcal.

Prefiero pasar sed, antes que beber mezcal.

¡Qué locura! El mezcal es el tequila de los pobres.

El mescal es para los condenados.

¡Oh, Dios santo! Se acerca el último vendaval de los diplomáticos.

- Buenas noches, señor Firmin. - Buenas noches.

Deseo presentarle a Herr Krausberg, agregado alemán.

Herr Krausberg, Mr. Firmin.

Ex-Cónsul británico de Cuernavaca.

Me causa un gran placer el poder saludarle, Mr. Firmin.

- Igualmente digo, por supuesto. - ¿Un cóctel de champagne?

Espero que su próximo destino sea tan bello como Cuernavaca.

- No habrá ninguno más. Me he jubilado. - ¡Oh!, ¿de verdad?

"Se ha cortado la rama que debía haber crecido por completo" o algo por el estilo.

Me quedaré aquí en México.

¡Oh, qué suerte tengo!

Espero poder gozar de su amistad...

tan estrecha y cordial, como la amistad entre nuestras dos naciones.

En estos momentos, Herr Krausberg, Vd. podría serme de gran utilidad.

Me encantaría ayudarle, de la manera que sea posible.

Es algo relacionado con mi hermano- hermanastro.

- ¿Sabe lo que quiere decir "hermanastro"? - Mm-hmm.

Mi padre se volvió a casar con una belleza sudamericana.

Hugh. Es un periodista. De esos que van por su cuenta.

Le ha llegado un rumor hace muy poco.

¿Quizás Vd. pudiera aclararnos algo el asunto?

Con mucho gusto, si puedo.

¿Está Alemania financiando un movimiento nazi aquí en México?

- Por supuesto que no. Su hermano, Mr. Firmin - - Hermanastro, hermanastro.

Hermanastro, perdón. Su hermanastro...

padece obviamente de un exceso de imaginación.

Les llaman sinarquistas, si no me equivoco.

Tonterías. Es sólo un rumor, como Vd. ha dicho.

En cualquier caso, somos aliados, ¿no es cierto?

Desde que se firmó ese maravilloso tratado entre su Primer Ministro y nuestro Führer.

Brindamos por eso, ¿no?

- Por... eh - Por el entendimiento entre nuestras naciones.

Es una unión, estoy convencido...

que nos asegurará la paz por muchos, muchos años en el futuro.

¡Salud, Herr Firmin!

Sí. Por el Pacto de Munich y todo eso.

"Paz para nuestro tiempo". Pero no seamos demasiado precipitados.

Calculemos todos los pros y contras, como hacen los ferrocarriles mexicanos.

No les gusta que las cosas les pillen por sorpresa.

Echen por ejemplo un vistazo a su nuevo horario acabado de imprimir.

Los cadáveres deben ser transportados por ferrocarril exprés.

Cada uno de los cadáveres del tren expreso...

debe ir acompañado por un pasajero de primera clase.

Bien supongamos que el tratado falla y se organiza un sangriento Armagedón.

- Piensen en ello. - Vd. - Vd.

Los ferrocarriles harán una fortuna.

- Tiene razón. Tiene razón. - Piensen en ello.

Todos esos malditos cadáveres, incluirán cada uno de ellos un pasaje de primera.

Desde luego.

Un sólo Día de los Muertos no será suficiente.

Un Mes. Una década.

Será más bien la Era de los Muertos.

El mundo entero aprenderá a reír...

a la vista de los pestilentes cadáveres.

¡Oh, ja, ja!

¡Oh, Dios mío!

Los trenes expreso serán reservados con años de antelación.

Los cadáveres casa a casa con sus malditos acompañantes de primera clase...

harán cola a millares, esperando ser transportados.

¡Ajá! Sí.

Señoras y señores de la Cruz Roja.

Su maldito trabajo esta ya preparado para Vds.

- Deben preparar el almacena... uh - - Amigo. Señor.

Almacenamiento de un nueva hornada de cadáveres danzantes.

- Señor Geoffrey. - Construyan depósitos especiales.

¡Oh! Amontónenlos en filas.

O estrújenlos por la mitad.

No, mejor aún... córtenlos a pedazos.

Descuartícenlos y métanlos en bolsas.

- Y pinten la Cruz Roja en ellos - ¡Vamos, señor!

Vamos, amigo. Debe aclarar su mente.

Es muy triste pasarse la vida en una continua tragedia.

¡Oh! No son los tiempos precisamente, sino algo dentro del corazón.

No se puede vivir sin amar.

Uh. No se puede vivir sin amar.

Hmm. Una mañana cuando me desperté, ella se había ido.

Nada. Sólo una maldita noya.

La necesito.

Venga. Sé lo que Vd. debe hacer.

Venga conmigo. No está lejos. Venga.

Es la Virgen de la Soledad.

La santa patrona...

para aquellos que no tienen a nadie...

y para los que están perdidos...

y para los marineros en el mar.

Debe pedirle...

de nuevo por su esposa.

Pídale.

No puedo.

Es como pedir tres deseos a mi Hada Madrina.

Debes perdonar a mi compañero.

Está demasiado borracho para rezar.

No se puede vivir sin amar, Madrecita.

Y además...

Ha perdido a su esposa.

Y te pide tu ayuda.

Por favor.

Rece a la Virgen.

Me muero sin ti.

Vuelve conmigo Yvonne.

¿Me oyes, Fernando?

Si es absolutamente necesario.

Presta mucha atención. Es una lección, una parábola.

Te estoy hablando sobre responsabilidad, Fernando.

Si es absolutamente necesario.

Ese barco era una perfecta artimaña...

y yo era el Comandante de a bordo.

El barco era el S. S. Samaritan...

Lo llamaban así...

porque visto desde fuera parecía una indefensa y obesa dama,

un barco de carga pesadamente flotando sobre el mar.

¿Me escuchas, Fernando?

Chamacos.

Hundiéndonos los alemanes querían apartarnos de nuestro camino.

Era el año 1917, en primavera.

Vimos cómo un periscopio nos observaba...

¿Me escuchas, Fernando?

Se preparaban para el abordaje.

Entonces ocurrió una gran sorpresa.

¿Me escuchas, Fernando?

Oh.

Nos quitamos el disfraz.

Y el depredador se convirtió en nuestra presa.

Recibí una medalla por la captura del submarino.

Pero antes tuve que comparecer ante una corte marcial.

Fue el misterio de la desaparición de los oficiales germanos.

Sabes...

los restos de siete hombres...

fueron hallados en las cenizas del horno.

Algo espeluznante, ¿eh?

Pero así sucedió, Fernando.

La gente no va por allí metiendo a los demás en hornos.

Hmm. Yvonne.

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