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Buenos días, señor.
Está en su oficina, señorita.
Eh, Baines... ¿está el coche del embajador a la puerta?
Está esperando, señor.
Su excelencia se ha retrasado. Le llevará directo al aeropuerto.
De acuerdo.
Ah, Baines, unas flores para su habitación.
Ya sabe cuáles le gustan a mi mujer.
Después de ocho meses en el hospital esto debe parecerle un hogar.
Lo encontrará todo como lo dejó, señor.
Los médicos todavía no saben si le permitirán volar.
- El viaje puede ser cansado. - El Señorito Phillipe, señor.
Debería cortarse el pelo. Parece como si le tuviéramos descuidado.
- ¿Algún mensaje para tu madre, Phillipe? - Dile que tengo algo que enseñarle.
La traeré a casa. Ocúpate de la Embajada mientras estoy fuera.
Estaré de vuelta el Lunes por la mañana con mi mujer, espero.
También lo espero, Su Excelencia. Ha sido mucho tiempo.
Papa. Papa.
Au revoir, Papa.
Hola, Macgregor.
¡Vaya!
Hola, Macgregor. Hola.
Vamos. Vamos. Hmm.
Vamos.
Oh.
Mira. Londres.
Buenos días, señor.
Baines.
¡Baines!
- Uno de sus mal humores otra vez. - Siempre alguna queja.
No es sano ser así de limpio.
Ten cuidado, hijito. La Sra. Baines está en pie de guerra otra vez.
De todos modos, estos extranjeros prefieren un poco de suciedad.
Pobre niño. Es bueno para él que su madre regrese.
Señorito Phillipe, sólo porque su padre se marche un par de días...
no debe pensar que puede desmadrarse por toda la casa.
No, Sra. Baines.
Tengo mucho que hacer sin tener que ir ordenando detrás de ti.
¿Qué tienes en la mano? Enséñamelo. ¿Qué es?
Una tiza.
¿Has estado haciendo marcas por todo el suelo otra vez?
- ¿Y bien? ¿las has hecho? - Sólo marcas pequeñas.
Dame la tiza. Vamos. Dámela.
¿Has hecho lo que te dije que hicieras, Señorito Phillipe?
¿Hacer qué?
- Deshacerte de eso. - Sí.
¿Sabes lo que les ocurre a los niños que dicen mentiras?
No tendré ningún bicho en ninguna casa en la que esté.
¿Lo pusiste donde te dije? ¿Bajo los servicios?
- Respóndeme. ¿lo hiciste? - Sí.
¿Qué escondes en los bolsillos?
Saca las manos. Enséñamelas. Vamos.
Sólo caramelos.
No tienes que comer fuera de horas, Señorito Phillipe. Dámelos.
Necesitas los cuidados de una madre. He intentado hacerlo en estos meses.
¿Es eso todo que tienes? Vete ya, e intenta no hacer travesuras.
Es bastante difícil con la mitad del personal fuera.
- Le veo el Lunes, Sr. Baines. - Buen fin de semana, Harry.
Sal de ahí.
¿No ves que estoy ocupado?
¿No puedes buscar a otro?
Bien, ya que estás aquí, podrías hacer algo.
- Sigue con eso. - Mira. Macgregor.
Oh. Hmm.
Tiene buen aspecto esta mañana.
- ¿Tienes una cajita para él? - ¿Una cajita?
- Podría encontrar algo. - ¿Me llevarás de paseo esta tarde, Baines?
Bien, puede, si trabajas lo suficiente. Podría ser. Ya veremos.
Hay mucho que hacer.
Es emocionante... tu madre regresa, ¿verdad?
Sí, pero no la recuerdo muy bien.
Toma un vaso de gaseosa, Phile.
Beber un poquito nos hará bien. Nos dará apetito para la cena.
- Tengo mi comida aquí, ¿no? - Desde luego.
- ¿Qué has conseguido para picar? - ¿Picar?
Dijiste que así se llamaba a la comida en África.
- Oh, sí, claro. Picar. - Cuéntame más de África.
- Otro rato. - ¿Hacía calor allí?
Nunca has sentido tal calor. No... no, ni de donde tú vienes.
No era un calor agradable, ¿sabes? Como el del parque un día como hoy.
La tumba del blanco, así lo llaman.
Húmedo. Huele a podrido.
- ¿Qué pudre el olor? - ¿Cómo?
Oh, lo contrario a esto.
Huelo ese detergente.
Cuando no hay nada sino ese detergente se echa de menos el olor a podrido.
Mmm. Entiendo.
- Hmm. - Apesta a retrete.
Sí.
- Ahí está la vida de un hombre, Phile. - ¿Pero por qué dejaste África?
¿Por qué? Ah, me casé, ya sabes.
¿No había en África nadie con quien casarse?
Oh, sí. De sobra. Pero no eran blancas.
- ¿Deben ser blancas? - Hmm.
Ah, Sra. Patterson. ¿Qué está haciendo con eso?
- La Sra. Baines nos dijo que lo llenáramo. - ¿Dónde están Dolly y los demás?
De fin de semana. Esto queda vacío excepto por la Sra. Baines, Phile y yo. Sigamos.
- Phile, bebe el refresco y echa una mano. - No abuses de él, Sr. Baines.
Tiene que ganarse la vida como los demás.
- ¿Todo el mundo se gana la vida? - Todo el mundo.
- ¿Incluso Papá? - Es un esclavo, en realidad.
- No es fácil una vida como la nuestra. - ¿Se puede tener una vida en África?
¿Tener una vida? Puedes tener una fortuna. Tener lo que quieras.
Tener elefantes y reyes y castillos.
Sí. Y cazarlos también.
- Si no te cazan a ti. - ¿Puedo enseñarle la pistola?
No te atrevas. Déjala donde está.
No está cargada, y Baines mantiene el seguro.
Déjala, Phile.
- ¡También tiene balas! - Phile...
Phile.
Así que estás ahí. ¿Demorando el trabajo otra vez?
- Todavía hay mucho que hacer. - Lo terminaremos.
- ¿Holgazaneando aquí todo el día? - Buenos días, Sr. Baines. Hasta el Lunes.
- Ta, ta. - No vayas a guardar ese arma en la casa.
Venga, Señorito Phillipe. Siéntate ahí. Haz progresos con esa ensalada.
Baines va a llevarme a dar un paseo esta tarde.
No, no con todo este trabajo por hacer.
- Habrá tiempo suficiente para todo. - Oh, por favor.
Primero el trabajo y después la diversión.
Es fácil ver que has estado comiendo entre horas, Señorito Phillipe.
Estoy harta de tus modos, estropeando al muchacho.
Él no hizo. Yo lo tomé.
- ¿Mintiendo otra vez, Señorito Phillipe? - Hay mentiras y mentiras.
- ¿Qué quieres decir con eso? - Algunas mentiras son sólo amabilidad.
¿Amabilidad?
Calma, calma. No quiero que jures delante del chico.
- Sigue, Señorito Phillipe. ¿A qué esperas? - No quiero nada.
Señorito Phillipe, haz como te dicen y cómetelo todo. Vamos.
¿Por qué no puede llevarme de paseo Baines?
Porque lo digo yo.
Te odio.
Señorito Phillipe, pedirás disculpas por eso.
No lo siento.
Muy bien. Ve directo a tu cuarto, te quedarás ahí toda la tarde.
¿Me has oído? Vete. ¡Vamos, vamos!
Quétade tú solo. Vamos.
Me da igual.
Hola, Macgregor.
Vaya. Estás muy guapa, ¿sabes?
¡Baines!
¡Baines!
Rápido. Vamos, Macgregor.
Te tengo.
¡Ah!
- ¡Baynes! - No debes venir aquí, hijito.
- ¿No está el Sr. Baines aquí? - No. No ha estado aquí todavía.
¡Baines!
Phile.
- ¿Qué estás haciendo aquí? - Te vi a través de la ventana.
¿Estás tú solo?
Sí.
Me diste un susto.
- Pensé que podía ser divertido. - Sí, es divertido. Claro que es divertido.
- Phile, esta es Julie. - ¿Cómo está usted?
Ten un bollo.
Él deletrea su nombre de pila. P-H-I-L-E. Phile.
Oh, ella... no tiene apetito, no come. Puedes tenerlo por los dos.
No tienes que hacernos caso.
- ¿Tiene un vaso de leche? - Creo que tengo un refresco.
Bueno, ve a buscarlo, Phile.
Desearía estar muerta.
No funcionaría.
Hay cosas que no tendrían que decirse.
Si te gusta otro pastel, puedes ir al mostrador y cambiarlo, Phile.
No.
Así es como lo veo, Julie.
Esto... la chica sobre la que hablas...
Esta amiga vuestra.
A ella... le gusta ese tipo, ¿verdad?
Quiero decir, ¿es auténtico?
¿L'amour?
El amor eterno.
Las cosas que dices, Julie.
El modo en que dices las cosas.
Lo que quiero decir es que tú...
no puedes soltar una cosa como esa.
No sólo por marcharse, sin dejar rastro, de casa.
Ella no se iría de casa.
- El hogar está aquí. - A su propio país, quiero decir.
No funcionaría, Julie.
Sería ella, como si fueras tú, y...
él, como si fuera yo...
y toda esa distancia entre ellos.
Como esta mesa.
No saldría bien.
Él andaría como loco, Julie...
esperando cada vez que viniera el cartero.
Sin ser capaz de escribir.
Oh, él... él lo olvidaría.
No habría mucho que recordar.
Durante siete meses, desde que ella vino a la embajada, viéndola cada día...
Sin hablar por la gente que mira.
Así.
Dale... dale tiempo, Julie.
- Pero es una tortura. - ¿Qué es una tortura?
¿Qué dice?
Dice que siente pena también. Pronto se irá.
Pero esta... amiga tuya, Julie. Ella no tiene que marcharse.
- Mientras hay vida hay esperanza. - Siempre hay esperanza.
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