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Ésta es España, en el año 1080 después de Cristo.
Era una tierra desdichada, desgarrada por las guerras,
Medio cristiana y medio mora.
De esta época es la historia de Rodrigo Díaz de Vivar.
Conocido en la historia y la leyenda como El Cid Campeador.
Fue un hombre corriente que se convirtió en un gran héroe.
Él superó los odios religiosos
y llamó a todos los españoles, cristianos o no,
a enfrentar al enemigo común que amenazaba España.
Este enemigo reunía un feroz ejército
al otro lado del Mediterráneo, en las costas africanas.
Se trataba del emir africano Ben Yusuf.
El Profeta nos ordenó gobernar el mundo.
¿Dónde en toda España,
está la gloria de Alá?
Sólo hablan de sus poetas, músicos, doctores y hombres de ciencia.
¿Dónde están sus guerreros?
¿Y se dicen hijos del Profeta?
¡Se han convertido en mujeres!
Quemen los libros, hagan guerreros de sus poetas.
Que los médicos inventen venenos para las flechas.
Y sus sabios máquinas de guerra.
¡Y entonces maten!
Dentro de sus fronteras viven infieles.
Hagan que se maten unos a otros
y cuando estén debilitados, yo vendré desde África
para levantar el imperio del verdadero Dios, Alá.
Alá es el único Dios.
¡Nos expandiremos!
Primero por España.
Luego, por toda Europa.
Después por el mundo entero.
Alá es misericordioso.
No hay más Dios que Alá.
Padre nuestro, estamos perdidos en la oscuridad.
De nuevo destruyen nuestras ciudades
y esclavizan a los nuestros.
Por favor ayúdanos Padre, envíanos a alguien
que nos guíe hasta la luz.
Padre.
Venga.
La cruz.
La cruz.
No pudimos salvar su pueblo,
pero capturamos a sus líderes.
¿Quién eres?
Rodrigo Díaz de Vivar.
¿Vivar?
Estás muy lejos de tu casa.
No vienes preparado para la batalla.
Hoy debía celebrar mi boda padre.
¿Cómo es que viniste aquí hijo mío?
Creí tomar el camino más corto para llegar a mi boda.
Estamos listos, señor. ¿Los colgamos ya?
No, Fáñez. Vendrán a Vivar con nosotros.
¡No!
¡Alto!
¡Alto! ¡Atrás!
¡Fernando dejen esas piedras!
Bienvenido a casa hijo mío.
Te traje prisioneros moros.
No esperábamos esta clase de invitados.
¿Pedirás rescate?
Los prisioneros son tuyos.
Son tuyos. Tú los capturaste.
Decide tú lo qué haya que hacer.
¡Ahórquenlos! ¡Ahora!
Somos emires. Reyes.
Les pagarán mucho por nuestro rescate.
Estás muy dispuesto para matar,
pero para morir, no tanto.
Sí lo estoy, Don Rodrigo.
No tengo deseos de ver lo que se nos avecina.
- ¿Y qué se nos avecina? - Guerra, muerte y destrucción.
Sangre y fuego, mas terrible como jamás alguien haya visto.
Don Diego, llevaré sus prisioneros al rey, en Burgos.
No son mis prisioneros. Le pertenecen a mi hijo.
Perdóneme, Don Rodrigo.
Entonces, sus prisioneros serán ahorcados en la plaza mayor de Burgos.
Será un escarmiento para otros moros.
Conde Ordóñez,
estos prisioneros no irán a Burgos.
Al rey no le importará si los cuelgas aquí.
Los hemos matado durante años, ¿y qué hemos ganado?.
¿Paz?
Cuélgame y mis hijos no descansarán
hasta que no quede un solo cristiano con vida en Vivar.
¿Hay otro modo de tratar a estos Moros?
¿Quieres que este pueblo viva con miedo el resto de sus días?
Antonio, ¿quieres ver cómo arde tu iglesia?
¿Y tus aldeas destruidas?
Entonces mátenlos.
Don Diego,
dígale a su hijo que es traición negarse a entregar los prisioneros
a un oficial del rey.
Rodrigo sabe lo que debe hacer.
¿Juran no volver a atacar el reino de Fernando?
Lo juro.
Entre mi pueblo tenemos un nombre para los guerreros justos
y con el coraje para ser compasivos.
A un hombre así, lo llamamos «El Cid».
Yo, Moutamín, Emir de Zaragoza,
juro amistad al Cid de Vivar
y alianza a su soberano, Fernando de Castilla.
Que Alá me ciegue y se seque mi carne
si rompo mi juramento. En el nombre de Alá.
En el nombre de Alá.
En nombre de Fernando, rey de Castilla, León y Asturias,
te acuso de traición.
Dentro de siete días comparecerás ante el Rey en Burgos
para responder a esta acusación.
Elegiste el camino más corto, hijo mío.
No para tu boda, sino para su destino.
Dios te ha enviado a nosotros, hijo mío.
Dios te ha enviado.
¡Rodrigo!
Pero estaba segura de haberlo oído.
Debería haber llegado ya. ¿Por qué tarda tanto?
No está retrasado, mi señora. Debe esperar hasta la puesta del sol.
Y apenas es mediodía.
Sí.
En verdad no comprendes la idea del tiempo que tiene el amor.
Tarde significa muy pronto y la noche, mediodía.
Pero en fin, un hombre a caballo no puede volar
ni aún con las alas del amor.
Cierto, mi señora.
Me he pasado toda la noche pensando.
Ha caído en una emboscada de los moros.
Lo ha atacado algún loco.
O se ha enfermado.
Se dice que todas las enamoradas, son atormentadas de esta manera.
Porque no se atreven a creer en tanta felicidad.
¿En verdad será así?
Ayúdenme, por favor.
El vestido es... muy hermoso.
Su Alteza es... muy generosa.
Nos honra con su presencia.
No, este no es un día corriente.
¿No sabes nada? Hemos recibido noticias.
Ah, sí.
¿Noticias de Rodrigo, Su Alteza?
De Rodrigo.
- Tu vestido es muy hermoso. - Su Alteza... Su Alteza.
¿Puede decirme qué le ha ocurrido a Rodrigo?
Sí, puedo contarte.
- ¿Sabías que Rodrigo venía hacia aquí? - Sí.
¿Y qué hubo una batalla?
¿Sabías que tomó parte en una batalla contra los moros?
Jimena.
Padre mío, dime.
¿Rodrigo está herido?
No, Rodrigo está sano y salvo.
Lo amas demasiado.
Dos nombres: Mi padre...
y Rodrigo.
Jimena,
eres mi única hija. No tengo esposa.
Sólo tú puedes perpetuar mi sangre.
Debería haber tenido un hijo.
Pero Rodrigo será tu hijo.
¡No!
Eres joven, puedes aprender a amar de nuevo.
¿Podría aprender a amar a otro padre?
No es lo mismo. Hay otros.
¡Jimena!
¡Jimena!
Don García Ordóñez, dime qué ha ocurrido.
Siempre has sido un buen amigo.
Y sería algo más para ti, Jimena, si me lo permitieras.
- Sabes que nunca podrá ser. - Puede que ahora lo sea.
¿Por qué ahora?
¿Podrías amar a un traidor, Jimena?
Desde que amo a Rodrigo, esa pregunta no tiene sentido.
Tiene sentido ahora. Rodrigo es un traidor.
No te creo.
- Hay testigos. - Tampoco les creeré.
Yo fui quién levantó cargos en su contra.
Va a ser juzgado por traición contra el Rey.
Harías cualquier cosa para dañar a Rodrigo.
No. Haría cualquier cosa por conseguirte.
¡Jimena!
¿Y si la acusación es cierta?
- ¡No lo es! - Muchos estaban presentes.
No saben lo que vieron.
Lo verás por ti misma, Jimena.
Su Majestad Don Fernando
el Rey Nuestro Señor,
Rey de Castilla, León y Asturias.
Y Los Infantes.
Príncipe Sancho.
Príncipe Alfonso.
Y la Infanta Doña Urraca.
Este tribunal requiere
su consejo en un asunto de gran importancia para la corona.
García Ordóñez acusa de traidor a Rodrigo de Vivar.
¡Sí, es un traidor!
¡Porque es cierto!
¡Eso no es cierto! ¡No es cierto!
¡Silencio! ¡Silencio! ...al acusador.
Mantengo mi acusación. Ha traicionado al rey.
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