The Invisible Man

The Invisible Man

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The Invisible Man 1933 1080p BluRay x265 HEVC AAC-SARTRE
A Commentary by Sartre
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Published on: 2018-10-12
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The first 200 lines.

A IPING -1 KM

Veinte.

¿Has oído lo del hijo de la Sra. Mason?

Se fue a la escuela y lo encontraron enterrado en la nieve tras una tormenta.

- ¿Cómo lo sacaron? - Vinieron los bomberos.

Metieron la manguera y lo bombearon hasta que salió.

En todo el blanco.

Quiero una habitación con chimenea.

- Jenny. - Dime.

Este caballero quiere una habitación con chimenea.

¿Una habitación?

Eso he dicho.

En esta época del año no tenemos ninguna preparada.

Sólo tenemos huéspedes en verano.

Pues prepáreme una.

- Por supuesto, señor. Minnie. - Mande.

- También quiero un salón privado. - Por supuesto, señor.

Acompáñeme, señor. Por aquí.

Es el invierno más frío de los últimos años.

Las ovejas y las vacas llevan dos semanas en el establo.

Los animalitos no han visto ni una brizna de pasto verde.

Usted estará mal de la vista, pero no creo que sea sordomudo.

¿Me permite secar su abrigo y su sombrero en la cocina?

No.

Prefiero dejármelos puestos.

Como desee. La estancia pronto estará caldeada.

He dejado mi equipaje en la estación. ¿Podrían traérmelo?

Se lo traerán mañana. ¿Se va a quedar un tiempo?

Sí.

- ¿Podrían traerlo esta misma noche? - Imposible, señor.

No importa.

Súbame algo de comida.

Enseguida, señor.

Yo creo que es un maleante que huye de la justicia.

Anda ya. Está cegado por la nieve. Por eso lleva las gafas de sol.

Ándate con mucho ojo y esconde el dinero.

Una cerveza, Herbert.

Toma, querida.

A ver si esta vez está más hablador.

Le traigo la cena.

- ¿Esa puerta tiene llave? - ¿Llave, señor?

Yo no la he visto por ninguna parte.

No creo que la tuviera cuando nos mudamos aquí.

Quiero que me dejen a solas y que no me molesten.

Me ocuparé de que no le molesten.

La mostaza, señora.

Tu torpeza me costará un disgusto.

Le llevo la cena y resulta que te has olvidado la mostaza.

Pues quiere que le dejemos a solas.

Otra vez para arriba.

Le dije que no me molestara.

Me había olvidado la mostaza, señor.

Lo siento.

Gracias.

¿No ha tenido cuidado en esas carreteras tan resbaladizas?

Puede llevarse mi abrigo y secarlo.

Como mande el señor.

Deje el sombrero.

Lleva vendas hasta la coronilla que le tapan hasta las orejas.

- ¿Había sangre? - No, ni rastro.

Seguro que ha tenido un accidente de los gordos.

Se ha roto la crisma al saltar los muros de la prisión.

Padre.

No me molestes, Flora, cuando trabajo.

- No aguanto más. Tenemos que hacer algo. - ¿Respecto a qué?

- A Jack. - Ya volverá. No te preocupes.

Padre, deja ese horrible chisme y escúchame.

Lleva casi un mes sin dar señales de vida.

En su nota dejó claro que quizá no supiéramos de él durante un tiempo.

Conviene marcharse para acabar un experimento complejo.

- ¿Qué clase de experimento, padre? - Algo personal.

Anoche tuve el terrible presentimiento de que Jack está en graves apuros.

Hola, Kemp. Flora está preocupada por Griffin.

No me sorprende. Al menos, podría escribir.

Resulta extraño.

Muy extraño, dado que trabajaba para usted.

Tenía mi permiso para emprender sus experimentos en los ratos libres.

¿Y para marcharse cuando se le antojara?

¿Qué más da, si está en peligro?

Te tranquilizarías si diéramos una vuelta en mi coche.

¿Habrá algún documento en su alcoba?

Debe de haber organizado su viaje.

Tal vez haya alguna carta.

Sólo dejó papeles quemados en la chimenea.

Llevaba unos días muy raro.

Estaba muy inquieto y nervioso. Pero no me explicó nada.

Nunca lo había visto así.

Le encantaba hablar de sus experimentos.

Se ha inmiscuido en asuntos que el hombre debe respetar.

- ¿Qué quieres decir? - Tu padre es el científico

que más ha descubierto sobre conservantes.

Jack y yo éramos sus ayudantes. Un trabajo sencillo.

No es romántico, pero evita muertes y dolores de estómago.

¿Qué asuntos deben respetarse?

Trabajaba en secreto. Guardaba material en un armario de su laboratorio.

Sólo lo abría tras atrancar la puerta y correr las cortinas.

Los científicos honrados no atrancan las puertas ni corren las cortinas.

Tú no le importas, Flora.

Sólo le interesan las probetas y los compuestos químicos.

¿Cómo puede marcharse sin decir adónde va?

Flora, querida, déjame expresarte mis sentimientos.

No puedo trabajar ni dormir.

Déjame en paz. ¿Cómo te atreves?

¡Maldita sea! Qué fastidio.

Hay un antídoto, so necio.

Tiene que haberlo.

- ¿Qué? - El almuerzo.

- Lléveselo. - No querrá que se le enfríe.

¿No pretenderá que me pase el día subiendo y bajando bandejas?

El almuerzo se sirve ala una, y esa hora es.

Márchese.

No quiero que se quede bajo este techo ni un segundo más.

Me ha tirado la bandeja y me ha insultado.

Mi salón parece una botica.

Tiene la moqueta hecha un asco

y encima nos debe una semana.

Dile que, si no se ha ido dentro de media hora,

la policía le sacará a patadas.

Y llévale la factura.

Tres libras con diez peniques. No bajes hasta que te pague.

Andando.

Espera a ver si se tranquiliza.

Sube ahora. Estamos buenos con el boticario de las gafas.

Si no se va él, me iré yo,

y esta vez te lo digo en serio.

Un día de trabajo tirado por la borda

por culpa de esa ignorante.

Debe de haber un antídoto.

Bien lo sabe Dios.

Si me dejaran trabajar en paz.

Mire, señor, ya no lo aguantamos más.

Ha roto la vajilla de mi señora y se ha retrasado en el pago.

Márchese.

Me han enviado dinero, Sr. Hall.

Le pagaré en cuanto lo reciba.

Eso dijo la semana pasada.

Busco paz y tranquilidad

para realizar un difícil experimento.

Es cuestión de vida o muerte que me dejen trabajar en paz.

- Usted no lo entiende. - Claro que lo entiendo.

No me paga y encima estoy perdiendo clientes por su culpa.

Sr. Hall, he sufrido un grave accidente.

Me ha desfigurado la cara y me ha afectado a la vista.

No me gusta cómo se comporta.

Derrama cosas en la moqueta y maldice.

No me gusta, señor, así que váyase.

Le suplico que me permita quedarme.

Mi señora dice que, si no se va usted, se irá ella.

Le ayudaré a recoger sus bártulos.

No toque nada y márchese.

Pero ¿quién manda aquí, usted o yo?

¿Qué hace?

Socorro. Policía.

Ese hombre está majareta perdido.

Busca a un policía.

No llores, que no le ha pasado nada.

Él está bien. Por favor, no llores.

Cállate.

- Ven, Jaffers. - ¿Qué escándalo es este?

Ha sido el forastero de las gafas. Ha enloquecido.

Ha atacado a la Sra. Hall y casi mata a su marido.

- ¿Dónde está? - En el salón de arriba.

Está ahí arriba, pero cuidado, que muerde.

Dame la copa.

A jugar, mocosos.

Vamos, fuera.

- ¿Qué pasa aquí? - No se acerque.

¿Qué no me acerque? ¿Sabe con quién está hablando?

Le doy la última oportunidad de dejarme en paz.

¿Qué me da la última oportunidad?

Ha cometido una agresión.

Acompáñeme a la comisaría.

Y sin alborotar, si no quiere que le ponga las esposas.

Quieto ahí. No sabe lo que hace.

Se perfectamente lo que hago. Vamos.

- Atrapadlo. - Encerradlo.

Muy bien, idiotas.

Vosotros lo habéis querido.

No habría habido problemas si me hubierais dejado en paz.

Me habéis vuelto loco con tanto espiar por el ojo de la cerradura

y mirar a través de las cortinas.

Vais a pagarlo caro.

Os morís de ganas de saber quién soy, ¿verdad?

Pues os lo mostraré.

Ahí va un recuerdo.

Y otro para ti.

Os mostraré quién y qué soy.

Mirad. Está carcomido.

¿OS gusta?

- Qué pesadilla. - ¿Qué ha pasado?

- Jaffers, ¿tú qué crees? - Que es invisible,

eso es lo que pasa.

Si se quita toda la ropa, no lo atraparemos ni en mil años.

Seguidme.

Estos pueblerinos se lo han buscado.

Esto los dejará de piedra.

Les dará de qué hablar.

Se lo contarán a sus hijos para que se duerman.

- Ponle las esposas. - ¿A una camisa voladora?

Deprisa. Atrapadlo.

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