Giuseppe Moscati: L'amore che guarisce
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SAN JOSÉ MOSCATI: el médico de los pobres
Universidad de Nápoles Facultad de Medicina abril de 1903
¡Silencio!
¡Silencio!
- ¡Piromallo! ¡Moscati! - Lo siento.
Mira allí.
Discúlpeme, profesor.
¡Vamos!
¡AI bote! Nunca llegarás a tiempo.
Lo siento. - ¡Rápido!
¡Te alcanzaré!
¡Tira todo al suelo!
Basada en la historia del profesor José Moscati, el médico santo de Nápoles,
y de todos los clue trabaiaron con él en esos tiempos históricos.
¡José, ayúdame!
¡Tengo un calambre!
¡Tengo un calambre!
¡Gané!
- ¡Te Io creíste! - Te equivocas. Te dejé ganar.
liegaremos muy mas "juntos.
Princesa.
- ¿Me Ilamaste, Daoá? -¿Por qué no estás lista'?
- Ya sabes por qué. - Ven aquí.
El collar de mamá.
Todas las princesas de Ia familia Cajafa Io han usado.
Hay dos cosas clue nunca vendería: este palacio y este collar.
- Pero a mí sí. - ¿Qué quieres decir?
Soy seven pero no estúpma, papá.
No habrá un baile esta noche, sino una subasta.
Me entregarás al mejor postor.
En nuestro entorno las personas no se casan por amor.
En nuestro entorno hay mucha gente infeliz, papá.
Siempre fuiste muy extraña; tal vez porque creciste sin madre.
Pero no me desafíes, Elena.
Ve a arreglarte, te esperaré en Ia sala.
Todas las Dersonas influyentes estarán allí.
¿Y por Qué tengo que ir? Si mi opinión no importa.
Para que Ia gente te vea.
Eres demasiado dócil, tienes que tener más mundo, como yo.
¡Baronesa! La baronesa se inventa una nueva enfermedad cada día.
- Y no es Ia única aquí. - ¿Esto es una fiesta o un hospital'?
Buenas noches.
Mi padre está con De Lillo, jefe médico del Hospital de incurables.
Nos avudará con el examen mañana. No me hagas quedar mal.
Buenas noches, señores.
- Llegas tarde. - Estuvimos estudiando.
Primero el deber; luego el placer.
- ¿Verdad, José? - Por supuesto.
José Moscati, el Príncipe Cajafa.
Buenas noches.
El profesor De Lillo.
- Y mi padre. - Hola.
Giorgio v su amigo tienen un examen mañana con el profesor
De Lillo para el puesto en el Hospital de incurables.
El primer paso de una carrera brillante como la de su padre.
Eso espero.
- ¿Tu Dadre también es médico'? - No, mi padre era juez.
- ¿Y por Qué no quisiste ser iuez también'? - No habría sido un buen juez.
¿Y Qué le hace Densar que será un buen médico?
No Io sé...
- Tal vez mi pasión Dor Ia medicina. - ¡Hay algo que le apasiona!
- Sí. - Bien.
Espero que mañana nos muestre esa gran pasión.
- Veremos. - ¡Pasión, dijo!
Después de usted. ¡Estos jóvenes de hoy en día!
Gracias.
Gracias.
- ¿Qué pasa? - Mira.
- Es tan hermosa. - ¡Es grácil como el aire!
Buenas noches.
Buenas noches.
Princesa.
Buenas noches.
Hola, Giorgio.
Elena, luces encantadora.
Te presento a José Moscati.
- ¿El Conde Moscati de Palermo? - No, soy de Benevento.
José es un ammo y futuro omega.
- Sabe baflar? - No muy bien.
- Giorgio es un gran bailarín. - Sí, pero quiero bailar con usted.
Si no le molesta.
Papá...
¿Siempre es tan callado'? ¿En qué piensa'?
En que soy la única persona anónima entre estos aristócratas.
Su padre no parece muy contento de que esté bailando conmigo.
- ¿Cree que sólo Quiero molestarlo? - Solo espero que su sacrificio valga Ia pena.
Baüa muy men.
Y usted es Ia muier más hermosa que vi en mi vida.
Bailar con usted supera todos mis deseos.
Pero ahora... Ia dejaré ¡r con los invitados de su posición!.
Come algo o te desmayarás delante de los profesores.
¿Unas galletas?
- ¿Un poco de leche caliente? - No.
Muy bien, pero no puedes vivir del aire.
¿Cuando me case, Quién cuidará de ti, siempre en el hospital'?
No te apresures. Aún no conseguí el puesto
y Ferdinando aún no te ha propuesto matrimonio.
- Lo hará, solo es un poco tímido. - ¡Hace meses que no Io ves!
Tú puedes curar cuerpos, pero los corazones son asunto de las mujeres.
- Y creo que Ferdinando... - Niní, déjame estudiar, por favor.
Bueno, te dejaré continuar repasando.
Está bien, tráeme un poco de leche.
- Pero desDués... - ¡Te dejaré estudiar, Io prometo!
¿Es todo'? ¿Cree que ha agotado todo'?
Estoy pensando si me olvidé de algo que valga Ia pena agregar.
Debería saber más sobre el caso que nos presentó.
¿Cómo pudo sacarse una nota tan alta en el examen escrito'?
Es bueno. Scripta manent, mi querido colega.
Profesor, si me permite, se Io dire.
¿Cómo se atreve a interrumpir un examen'?
Me llamo José Moscati.
Estudié con él y sé que está bien preparado.
El examen escrito de Moscati fue preciso y brillante.
Muy bien, Moscati.
Si es que sabe, venga a ocupar el lugar de su amigo.
Usted, Piromallo, salga y cálmese un poco.
Tome un café.
Luego decidiremos si volveremos a evaluarlo o no.
Dependerá del resultado del examen de su defensor.
Bien, veamos si su arrogancia tiene fundamento.
Continúe, Dr. Moscati.
No necesitamos esto.
No te preocupes.
Nosotros los doctores tomamos el examen, no tú.
- ¿También tiene miedo'? - Por supuesto.
¿Si aorueba, promete venir al hospital a atenderme'?
Por supuesto.
¡Basta de todo este circo, Moscati!
- ¡Y ahora le está hablando al paciente! - Dejémoslo.
Pronto veremos si es un buen médico o sólo un exhibicionista.
- ¿Cómo te fue'? - Aún no Io sé.
- ¿Tomaste partido de nuevo'? - No seas tonto.
- ¡Quiero una Ditada! - ¡Dr. Moscati!
Piromallo, entre. El profesor De Lillo Io evaluará...
si ya se ha calmado, por supuesto.
Profesor.
Dr. Moscati, sabe que muchos miembros
del tribunal examinador no Io aprecian'?
Ni a usted tampoco, por Io que escuché.
Es verdad, tal vez por eso me cae bien.
Cuando haya comenzado a trabajar en el hospital, venga a visitarme al laboratorio.
¿Entonces conseguí el puesto'?
¿Es sordo además de arrogante'?
¡Sí! ¡Sí!
¡No puedo creerlo!
¡No puedo creerlo!
¡Felicitaciones! ¡Nos enteramos!
Gracias.
¡Bien hecho, José!
Pasquale me dio Ia buena noticia.
¡Sabía que Io Iograrías! ¡Lo sabía!
¡Te preparé pasta al horno, ven!
¿Y cómo te enteraste Io del examen?
Ferdinando trabaja en el hospital y le contó a su hermana Lucetta,
que le contó a su marido, Que le contó al portero de Via dei Giudici.
- ¡Las noticias vuelan en Nápoles! - ¡Ala gente Ie encanta hablar!
Me diieron Que aprobaste el examen gracias a Moscati.
Papá, estamos aquí para celebrar.
Bien hecho.
Creo que no hay mucho que celebrar.
Solo espero que Io de hoy no se repita.
No te preocupes.
Tienes que ser mejor que los otros estudiantes, como yo.
Recuerda que los caballos
ganadores se ven en Ia línea de largada.
Papá...
- ¿Cómo me veo'? - Déjame ver.
No hay mucho que Duedas hacer. Sonríe...
¡Baja de ahí! ¡Baja!
- ¡Maldición! - ¡Vamos!
¡Vamos!
Quédate ahí, no te muevas.
- Con calma. - Mi tobillo.
¿Te duele ahí? Quédate quieto, no te muevas.
Quédate quieto, déjalo en mis manos.
- ¿Te duele aquí'? - ¡Mi tobillo!
Tranquilo, déjame ver.
No hagas eso...
- Gracias. - ¿Qué quieres decir?
No se preocupe, me siento mejor.
Solo tenía hambre.
¡Solo tenía hambre! Y ya no tiene más hambre.
Te robó Ia billetera. Vamos.
En este hospital
hav una regla estricta que siempre debe respetarse.
Deben tener Ia bata siempre limpia y prolija.
El profesor De Lillo es muy estricto con eso.
¡Vamos, hermanas!
¡Apúrense!
¿La mañana recién empieza y ya están cansadas'?
Este es el consultorio del profesor De Lillo.
Tonino.
¡Tonino! ¿Y?
¿Qué estás haciendo, durmiendo en la sala del profesor?
No volveré a decírtelo, si te agarro de nuevo, te vas a tu casa.
Tenemos clue tener cuidado con la Hermana Helga, ella dirige el hospital.
Somos napolitanos y nos convertirá en milaneses.
¡Esto no es un teatro!
- Buenos días, Piromallo. - Buenos días, profesor.
- Hola, muchachito. - Te acordaste de mí.
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