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Hace mucho tiempo. había un pueblo único en la historia: Los Mayas
Grecia y Roma se habían convertido en leyendas antiguas en libros antiguos,
y las civilizaciones europeas habían entrado en la era de los bárbaros.
Pero en las Junglas tropicales de América Central,
una civilización estaba en pleno apogeo.
Sin metales, sin caballos y sin ruedas,
este pueblo increíble construyó caminos, pirámides,
y templos dignos del antiguo Egipto.
Trazaron un mapa del cielo,
diseñaron un sistema de matemática superior al romano
y crearon un calendario tan preciso como el que usamos hoy.
Pero a pesar de la madurez de su arte y su ciencia,
en la parte más importante de su vida,
la adoración de sus dioses, continuaban siendo primitivos.
Para los mayas, los dioses eran exigentes, crueles y ambiciosos,
sólo daban a cambio de un precio, y el precio era sangre.
En su profundo deseo de ganarse la aprobación de sus deidades,
el pilar principal de la religión maya eran los sacrificios humanos.
Morir como portador del mensaJe a los dioses
era el mayor honor que un hombre podía experimentar,
porque en cuanto lo elegían para ser sacrificado, él se convertía en dios.
Se lo adoraba como a un dios, se le concedían todos sus deseos,
hasta el momento de morir.
Durante siglos, en reinos pequeños y aislados,
este pueblo vivió en paz consigo mismo y con sus dioses.
Pero luego llegaron conquistadores del Oeste,
con espadas de metal que los hacían invencibles
contra las armas de madera de los mayas.
Uno a uno, absorbieron los pequeños reinos,
hasta que la última fortaleza, Chichén ltzá, fue suya.
Ysu líder, Hunac Kell, cruel como cualquier dios,
se sintió poderoso como tal.
He servido a tu padre y te he amado como a un hijo.
Ahora te serviré y te amaré como mi rey.
Aún hay tiempo de hacerle saber a Hunac Kell que los mayas son hombres.
Debes huir y preservar tu vida.
¿ Y ser un cobarde ante Hunac Kell?
Ya no te perteneces, Balam. Perteneces a tu pueblo.
-¿ Y cómo los sirvo? ¿Desertando? -Muerto desertas a tu gente.
Hay un momento para luchar y otro para prepararse para luchar.
Sus palabras son sabias.
Curemos nuestras heridas, y que el invasor se trague su espada.
No hay escapatoria.
Hunac Kell rastreará la tierra.
Si vamos a morir, que sea aquí.
Dije que tú no decides sobre tu vida.
Eres un rey.
Nos dispersaremos y uniremos fuerzas cuando seamos fuertes de nuevo.
¿Dispersarnos? No, eso es algo que jamás debemos hacer.
Mi padre una vez me contó una leyenda antigua
de cuando los terremotos hacían temblar la tierra,
y los hombres iban en barco hacia el Norte.
¿Hacia el Norte? Nos caeríamos del mundo.
La leyenda no es verdad. No hay registros de eso en ninguna estela.
Mi padre me la contó, Sacerdote.
Ah Haleb.
Hay un pueblo pesquero en la costa, a menos de 10 días de aquí.
Partiremos desde allí.
Los hombres no desaparecen en el aire. Hay un pasadizo oculto.
Encuéntrenlo, y también los cuerpos del rey y de su hijo.
Hasta no saber que no queda ni una gota de sangre viva,
no seré Rey de Chichén ltzá.
¿Tu pueblo queda cerca?
Él es tu rey, Balam.
Responde.
Queda pasando ese punto.
Subiremos a los barcos y cruzaremos el gran mar.
Pero todos morirán.
La leyenda no dice nada sobre barcos que regresan.
La leyenda dice que hallaron tierra. ¿Quién trajo la noticia?
¿Por qué los soldados se llevan nuestra pesca?
Nos será útil en la travesía.
-¿Cuántos barcos tienen? -Los que ven ahí.
Los necesitaremos a todos.
-¿El rey puede pagar? -No. Pero complacerá a los dioses.
Y desagradará mucho a los dueños de los barcos.
Atrapen al que antepone hombres a dioses.
¿Me reconoces como tu rey?
Los reyes siempre están muy lejos.
Pequeños a la distancia, como las guerras.
Y los reyes vencidos son aún más pequeños.
Dile a tu gente que llene todos los barcos con provisiones
y con todo lo que nos sea útil en una tierra nueva.
-¿Cómo viviremos después? -Tu gente viene conmigo.
¿A cruzar las aguas hasta la muerte?
Si cruzar las aguas te asusta, entonces sabes poco de Hunac Kell.
Cada soldado que aquí ves alguna vez fueron cien,
y sus esposas ahora son esclavas.
Para mi gente, la esclavitud es mejor que lo desconocido.
Te ordené a ti y a tu gente venir conmigo.
A pesar de tu juventud, tienes el hábito de exigir,
pero el hábito no siempre alcanza.
¿Te atreves a desobedecer?
Él es Balam, rey e hijo de reyes hasta la novena generación.
Es un extraño aquí. Mi gente respeta a quienes conoce.
-Entonces díselo tú. -¿ Y si me niego?
Normalmente, sólo mato por deber.
-¿Quién es esta muchacha? -Mi hija, lxchel.
Enséñale a tu padre a no discutir con el rey.
¿El rey tiene derecho a ordenar que nuestra gente vaya a la muerte?
Hasta hoy éste era un lugar de paz.
No me rendiré ante Hunac Kell.
Debemos ir a nuevas tierras, fortalecernos y luego regresar.
Los hombres solos no pueden construir una nueva raza.
Por eso necesito a tu gente, a tus mujeres y tus niños.
Ahora diles que suban a los barcos.
Eres un rey nuevo, Balam, joven, valiente e inexperto.
Si mi gente va contigo,
tendrán muchas dudas y grandes temores.
Debes tener alguien a tu lado a quien conozcan y amen.
No llevo la corona de mi padre para compartirla contigo.
Conmigo no, Balam.
Con tu reina, mi hija, lxchel.
Cuando llegue el momento, elegiré a mi propia reina.
Para mi gente, soy tan real como tú, y mi hija también.
Sacerdotes y soldados en una tierra sin mujeres.
¿Estás destinado a ser el rey de una raza moribunda, Balam?
Hunac Kell. Está a menos de una legua.
Hunac Kell está a menos de una legua.
No han sentido su cólera, nosotros sí. No tiene piedad alguna.
Su fuerza es una espada de metal, y somos indefensos ante ella.
Así que no tienen opción.
Si vamos a sobrevivir, deberán venir conmigo enseguida.
Ordeno que reúnan sus pertenencias y vayan a los barcos.
Esperan mi palabra.
-Entonces habla. -Luego de que me des la tuya.
¿No te conformarás con menos, viejo?
-No. -Podríamos tomarlos por la fuerza.
¿ Y ser otro Hunac Kell?
Muy bien.
Si sobrevivo, me casaré con ella en la tierra nueva.
-¿El rey lo jura? -Lo juro por los dioses.
¿Por qué hiciste eso? ¿Crees que no tengo orgullo?
Cuando compartas su trono, no necesitarás hablar de orgullo.
El mar no es tan grande como para separarnos, Balam.
GOLFO DE MÉXlCO
lxchel, intenté decírtelo muchas veces,
yo también lamento la muerte de tu padre.
Pero hubo un tiempo en que eso era lo que querías.
El enemigo mató a tu padre, lxchel, no el rey.
¿ Y quién trajo al enemigo?
Cuando un hombre debe pensar en muchos, no es fácil pensar en uno.
Dios de las Aguas, los vientos se van, los hombres se debilitan y mueren.
Te lo suplico, no nos abandones.
Perdimos otro barco.
El dios de las aguas nos abandonó. Regresemos antes de que sea muy tarde.
Conoces el peligro que hay detrás. No puede haber uno mayor adelante.
Hunac Kell no quiere nuestras vidas, quiere la tuya, Balam.
El temor te apremia, Sacerdote.
Balam, escúchame como habrías escuchado a tu padre.
Creo que esta travesía estuvo condenada
desde el momento en que no hicimos un sacrificio.
Hay cosas que pertenecen a los dioses, Balam.
Y cosas que pertenecen a los hombres.
En nombre de lo que consideramos sagrado, ordena regresar o lo haré yo.
-Sería lo último que hagas. -También creo que debemos regresar.
¿A qué?
A una muerte honorable. Alguna vez ambos quisimos eso.
¿Debemos morir todos por ti, Balam?
¿lncluso las mujeres y los niños?
Hay tierra nueva bajo nuestros pies y una vida nueva por delante.
Comencemos con nuevos sentimientos en el corazón,
y olvidemos los viejos temores y los viejos recuerdos.
A partir de ahora, será como haber renacido.
Antes de dejar la vieja tierra, hice un juramento:
si llegábamos a salvo, haría a lxchel mi reina.
Delante de todos ustedes, cumplo mi palabra.
Sacerdote, como primera acción en esta tierra nueva,
prepárate para celebrar este matrimonio lo antes posible.
No será necesario. Te obligaron a prestar ese juramento.
De todas maneras, es sagrado.
Y ese juramento le fue hecho a mi padre.
Y a esta gente, que fue testigo.
Fue un juramento para todos excepto para mí.
Ya no debes sentirte preso de una promesa.
Mi padre murió, y yo te libero de ella.
Hay mucho que hacer.
Debemos limpiar la tierra, levantar un templo a los dioses
y casas para nosotros.
Nuestra tarea será ardua.
Pero con fe, la soportaremos.
Dios, señor de colinas y valles, sé paciente con nosotros
porque vamos a destruir tu belleza.
Te pedimos que lo padezcas
para que podamos vivir aquí y obtener el pan de cada día,
porque tenemos mucha hambre.
Envíanos muchas bendiciones,
el sol que da la vida, la lluvia bendita, la fertilidad de la tierra.
Te rogamos que ningún animal nos ataque,
y ningún enemigo nos mate.
Es algo que presiento.
Que hayamos visto una canoa no significa que vayan a invadirnos.
Esa canoa es distinta de las que conocemos.
Donde hay una podría haber muchas.
Como su jefe, digo que los barcos extraños traen gente extraña.
Si el consejo coincide, iré a buscar a los extraños.
Si los encuentro, traeré a uno.
lsatai, tú vendrás conmigo.
Quizá uno deba mirar,
y el otro regresar para informar al consejo.
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