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Pasa.
Hola.
¿Qué estás haciendo acá?
¿Vos estás enferma? Te dije que no vinieras a mi oficina.
Bueno, te llamé veinte veces por teléfono.
¿Y qué te dije yo? Te dije que no te iba a contestar.
¿Para qué me llamás?
¿Cómo está mi hijo?
No es tu hijo. Tú ya no tenés hijo.
¿Sabés lo que tenés tú? Un pelo teñido y un marido como la huevada.
Yo soy su mamá y sigo siendo su mamá.
¡No! ¿Sabés qué seguís siendo? La niña malcriada, eso es lo que sos.
A ti deberían haberte devuelto, huevona.
Soy su mamá.
- Legalmente no. Entiéndelo. - ¿Qué le va a pasar?
¿Sabés qué va a pasar?
En un par de años más va a tener 12.
Y se va a arrancar del Sename. Y te va a asaltar con una escopeta recortada.
¿De qué estás hablando, huevona?
Y te va a robar el auto, y vos lo vas a denunciar.
- Y va a terminar en la cárcel. - ¿A qué cárcel?
Polo no se va a ir a la cárcel. ¿De qué estás hablando?
¿Ah, no?
- ¿Le podés decir que lo quiero, por favor? - No.
No le voy a decir eso porque me cuesta mentir.
Y te voy a dar un consejo.
Dedícate a tu danza. A tu cagada de baile.
Y cómprate una muñeca y viste la huevada.
Porque lo que tú querés no es un niño.
Querés un niño que no haga nada. Que esté tiezo y que no haga nada.
¿Cómo está? Dime alguna huevada, po. Dime que está bien.
¡No sé!
No sé. Seguramente tiene otra mamá mejor que vos.
- ¿Y ya lo adoptó otra familia? - No sé. No tengo idea.
- ¿Está disponible para que lo adopten de nuevo? - Me tengo que ir, basta.
- Marcela. Por la chucha. ¡Por favor! - No, no sé. No sé.
¡Marcela!
Mira. Escúchame.
¡Vos sos chica! ¿Ya?
Tenés todo el futuro por delante. Esta huevada la debes de olvidar.
¿Pero no vayás más a mi oficina, eh?
Cortemos esta huevada. Ya. Chao.
¿Te gusta?
No.
¿Y esa?
Me gusta su pelo original. Como lo tenía antes.
Perdón, Carlos.
Ya está. Está bueno de perdón, ya.
¿Se acuerdan cuando la Pauli fue a su concierto de Playa Ancha? Llegó toda pelada.
Se veía preciosa.
No tengo ánimo. Concha de su madre.
No se puede vivir triste toda la vida.
Estas cosas pasan. Fue un accidente.
- ¿Sí o no? - Fue un accidente.
- ¿Fue un accidente, no? - Fue un accidente.
No volverá a pasar.
Ustedes tienen que ser igual que las lagartijas.
¿Qué hacen las lagartijas cuando les cortan la cola?
Se sacan de onda.
Se van a la mierda.
No puedo. No sé cómo.
- ¿Ya apretaste el botón? - Te dije que está sedada.
- Vale. ¿Y con qué está sedada? - Con morfina.
¿Con morfina? ¿Cómo se te ocurre que le van a dar morfina?
Bueno, entonces le dieron muy poco.
- Debieron darle 30 ml., mínimo. - ¿Qué sabés tú?
- Yo creo que nos van a pedir que donemos sangre. - Ay, que asco.
Yo puedo donar... un litro.
¿Cómo se te ocurre, Ema? Con suerte te dejan donar medio litro.
Mi sangre. Hago lo que quiero con mi sangre.
Vas a estar bien.
Vas a estar bien.
Un día nos vas a perdonar.
A mí. A Ema. A Polo.
Yo siento que es de noche y hay un incendio.
¿Sí?
- Y podría ser un gigante, pero que pisa y hace un terremoto. - También.
No dejen de rebotar.
3, 4, 5, 6...
7. Detengo.
Me estiro. Me abrazo.
En este momento, Polo está llorando de rabia.
Porque tú lo abandonaste.
Lo abandonamos. Y es culpa de los dos.
Sí. Puede ser.
Está cabrón.
Está cabrón, porque duele mucho más...
El abandono de una mamá.
Sí. La traición de una mujer es mucho más cabrona. Sí.
De mala mujer.
De mala madre.
No. Yo creo que...
Que Polo justo estaba empezando a confiar en ti y lo abandonaste.
Lo abandonamos.
Los dos.
Es un niño.
Te encantaba que durmieramos los tres en la misma cama para que no tuvieras que tirar conmigo.
Yo hubiera adoptado un niño chico. Sí.
Pero ¿quién te iba a dar un niño a ti?
Tú le enseñaste al niño, a prender cosas con fuego.
Querías que quemara la casa.
Para que yo tuviera... no sé... para que yo tuviera que...
Que regresarlo.
Le quemó la cara a tu hermana.
Claro. Pensaron que tenías una enfermedad.
Que no te habías cuidado y que por eso habías quedado infértil.
Así que es tu culpa, Gastón.
Es tu culpa que hayamos tenido que hacer toda esta mierda.
Y que hayamos adoptado un niño con bigote.
Es tu culpa que no hayamos podido soportarlo.
Y es tu culpa que a mi me duela todo el cuerpo.
Y es tu culpa que la gente nos mire en la calle
como si hubieramos asfixiado a un perro con una bolsa de plástico.
¿Sabes por qué te quería el Polo?
- Porque te encontraba linda. - No.
Sí.
Aquella vez que lo fuimos a buscar, te dijo linda.
¡Linda! Acércate, linda. Acércate.
Y te acercaste a él.
Te le pusiste así.
Te le acercabas. Le coqueteabas todo el tiempo.
Las sonrisitas. Toda la cosa.
Le metías la lengua en los dientes.
Te desnudabas en frente de él.
Esa vez, que le metiste el pezón en la boca...
Era mi hijo.
Mi hijo me puede chupar el cuerpo entero, si quiere.
No.
No. Eso no se le hace a un niño.
- Tú me cagaste la vida a mí. - Y tú a mi.
Yo era la niña y tú no me cuidaste.
Choncho infértil.
- Vamos de nuevo. - La del venado.
Y se juntan. Se juntan piernas.
El venado.
Perdón. Perdón que cambie el tema, pero yo no sé muy bien qué hacer.
No sé si tenemos que hablar con la psicóloga del colegio.
O con la directora de la UTP.
Pero alguien nos tiene que dar herramientas para saber cómo explicarle a los niños
lo que está pasando con Polo Valderrama.
- ¿Con quién? - Polo Valderrama. 4to. D.
Ah.
¿Qué pasó?
Bueno, llamaron del Sename para avisar que van a retirar a Polo del colegio.
¿Del Sename? ¿Por qué del Sename?
Está enfermo.
¿Qué pasó?
Lo devolvieron.
No.
- Ah, ¿no? - No.
Ah, entonces me equivoqué.
Yo... a mi no me gusta meterme en la vida de la gente.
Pero lo que me preocupa es cómo le vamos a explicar a los niños lo que está pasando.
Porque los niños están preguntando.
Y...
Pucha... a mi me...
Yo no quiero decirle a los niños... ¿saben qué?
Los papás de Polo ya no lo quieren.
Porque él se portó mal. Y entonces lo devolvieron.
Polo ya no es adoptado. Ahora es huérfano de nuevo.
¿Me entienden? Yo no sé como voy a explicarles esto.
¿Es verdad?
Sí.
Lo devolvieron.
Por eso no vino. Porque ya no es tu hijo.
Es lo que quiero explicar.
Qué fuerte.
Yo pienso que podríamos decir que Polo se fue a vivir con su familia a Santiago.
No. No podemos decir eso.
Aquí la profesora va a seguir haciendo clase en el colegio.
¿Va a seguir haciendo clases acá, Ema?
Claro, es mi trabajo.
Yo también tengo que trabajar.
Pero no sé si lo voy a poder seguir haciendo viéndote la cara, todos los días.
Tu cara. Tu pelo.
Oye, ¿tú eres tonta? ¿No te das cuenta de lo que te están diciendo?
Yo creo que Ema debería irse. Con una licencia médica.
- ¿Qué tiene? - No sé.
Una violencia doméstica...
- No sé. - ¿Cómo, te vas?
- Sí, tengo un casting. - ¿Cómo?
- ¿Con un huevón o una huevona? - No se sabe.
- Tengo que pagarle unos 100 pesos. - Ya, es la última.
- ¿Querés hielo? - Sí
- ¿Le llamas? - Le mando mensajitos.
¿Ema?
La Mati.
¿Gastón?
Perdón, Sonia.
Tiene que haber sido la semana pasada.
Diles que fui yo. Un performance mío, no sé... una...
Todos saben que fue Polo.
- ¿Qué te importa? - Que van a gritar tus amigas.
- ¿Quién va a gritar? - Todas ellas. Ellas, las que bailan mal.
Salimos los dos. Yo los distraigo. Les digo alguna huevada.
Y tu tirás el gato en la calle.
Nuestro hijito, Ema.
Puta madre. ¿Qué hicimos?
¿Y si buscamos otro niño?
Ema.
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