The first 200 lines.
Vete a la mierda.
Oh no, ahora no. ¡Mierda!
Se me ha quemado esto.
¿Quién ha cortado mi música?
Has cortado mi música.
¿Es Ud. Harlin? ¿Está por aquí Harlin?
Lo dudo. Está muerto.
- ¿Es Ud. el dueño? - Sí.
- ¿Por qué lo llama "Harlin's"? - Porque Harlin fue el dueño.
¿Puede mirarme el coche? Creo que se quemó el manguito del radiador.
Va a hacer mucho calor hoy. Otra vez, no puede ser.
Nunca se sabe. Cuando hace calor quiero quedarme en la cama.
- Igual que cuando hace frío. - Harlin...
- Darrell. - Se quemó el manguito del radiador.
- El manguito del radiador se quemó. - Ya lo sé. ¿No se lo dije antes?
Si tanto sabes, arréglalo tú.
Si pudiera, no estaría aquí. Repárelo, o me voy a otro sitio.
¿Otro sitio? Eso es a 80 km. de aquí.
La estación del pueblo cerró hará unos tres años.
Vale. ¿Puede arreglarlo o no?
- Sí, puedo. - Perfecto.
Voy a ver si tengo un manguito como ese. Me llevará tiempo.
- ¿Cuánto? - No lo sé. Tiempo.
- ¿Qué hora es ahora? - Las 10:20.
Arizona...
- Ya debe haber 30 Cº. - 33 Cº.
- ¿Qué te pasó en la mano? - Un accidente.
Ten cuidado. Las manos son importantes.
No sé si aún se puede ver, pero cuando yo era pequeño...
Interesante... ¿Dónde puedo beber algo?
Hay un bar. No es gran cosa.
Aquí somos gente sencilla.
Volveré dentro de unas horas. Cuídemelo bien.
- Es sólo un coche. - Es un Mustang del 64 descapotable.
Por eso Ud. vive aquí y yo sólo estoy de paso.
- Voy a sacar unas cosas. - Tú sabrás lo que haces.
Igual que un pueblo, pero más feo.
- Eh, tú. - ¿Quiere algo, viejo?
Ve a esa esquina, a la máquina, y tráeme un refresco.
- ¿No puede hacerlo Ud. mismo? - No, mierda, soy ciego.
- Perdí mis ojos en Vietnam. - Lo siento.
No lo sientas y tráeme el refresco antes de que me muera de sed.
- ¿Tiene suelto? - ¿Le pides suelto a un veterano?
¿Adónde diablos vamos a ir a parar?
Tráeme un Dr. Pepper. La Coca-Cola es sólo agua con sabor.
Y ábrelo. Yo no puedo. Si lo haces, buen chico.
Increíble. Mierda de...
Esto es para la Madre Tierra. Soy medio indio.
- Felicidades. - Por todos nuestros parientes.
- ¿Quieres un poco? - Paso.
El perro parece enfermo.
Es porque está muerto. Espero que no lo hayas acariciado.
- ¿Para qué quieres un perro muerto? - Sólo está muerto.
¿Qué puedo hacer con él? Yo y Jesse quedamos paralíticos en la guerra.
Vamos, Jesse.
Hasta luego, a no ser que me encuentre algo peor.
- ¿Necesitas ayuda, preciosa? - Voy a mi coche.
- Hacia allí iba yo. - No hablo con extraños.
Soy Bobby. Ya no somos extraños. ¿Ves qué fácil, preciosa?
- ¿Podrías dejar de llamarme eso? - No sé cómo te llamas.
- Tal vez no quiera que lo sepas. - ¿Y por qué te has parado?
- Eres un egocéntrico. - Me gusta ser así.
- Soy Grace. - Grace, ¿puedo llevar tus paquetes?
- ¿Seguro que puedes? ¿Te la llevo? - No, no hay problema.
- ¿Qué te pasó en la mano? - Un accidente.
Deberías tener cuidado. Son cortinas y barras.
Me cansé de las otras. Las hizo mi madre.
Sabía que quería tenerlas. ¿Alguna vez sentiste que querías algo?
- Sí, lo sentí. - Éste es.
- Gracias, Bobby. - De nada, Grace.
- Tú no eres de por aquí. - No, se me estropeó el coche.
Suerte que no fue en el desierto. En un día como hoy, estarías muerto.
¿Cuándo te vas?
Cuando esté arreglado mi coche.
Y yo aquí haciéndote pasar calor y sudores.
- Hola, Grace. - Hola, Sheriff.
- Conseguí mis cortinas. - Y un ayudante también.
Buenos días, Sheriff.
- Encantado, hijo. - Lo mismo digo, Sheriff.
Necesitaría ayuda para llevar estas cosas a casa.
Podrías ducharte. Beber algo fresco.
Sigues estando de suerte.
- ¿De dónde eres? - De todas partes. Detroit.
Chicago, Miami. Tengo negocios que hacer en Las Vegas.
- ¿Qué haces? - De lo que más gane. Camarero.
Fui profesor de tenis.
Jugaba muy competitivamente.
Nunca he jugado al tenis.
- Estoy harto de tus rollos. - Calma, calma.
- Bobby, quiero mi dinero. - ¿Lo entiendes?
Tendrás tu dinero. No hace falta que hagas esto.
Tienes dos semanas, capullo. A partir de ahora.
Dedo uno.
Dedo dos.
- ¿Un poco más de limonada? - Perfecto.
- Y tú, ¿qué haces? - Un poco de todo.
- Sé predecir el futuro. - ¿Dónde lo aprendiste?
De mi padre.
Ven aquí.
Siéntate.
Hay algo en tu pasado...
Algo... Hay dolor.
Hay algo que deseas muchísimo. Parece estar lejos de ti ahora.
Pero estás decidido.
Y harás todo por conseguirlo.
- ¿Lees todo eso en mi cara? - Todas las caras me dicen lo mismo.
Todos tienen un pasado. Hay dolor y hay algo que quieren.
- ¿Qué es lo que quieres tú? - Lo mismo que tú.
¿De verdad? Yo quiero colgar cortinas.
¿Puedes sujetarme?
Más fuerte. No me voy a romper.
Ya. Bájame.
Ya me puedes soltar. Ya estoy segura.
Estoy cansada de colgar cortinas.
- ¿Qué podemos hacer? - Tengo una idea.
¿Qué idea es esa?
- Vale, no más juegos. - ¿A qué quieres jugar?
¿A que me llevas mis paquetes y nos acostamos?
- Me vuelvo al pueblo. - Primero me gustaría saber de ti.
- Saber de qué estás hecho. - Gracias por la limonada.
- No me has respondido. - Sigues jugando.
¿Qué es lo que quieres?
¡Grace!
Jake... Creía que estabas en Phoenix.
¿Quién demonios es éste?
- ¿Quién demonios eres tú? - Su marido.
¿Quién eres tú? Seré bueno, si no, te partiría la cara.
Sólo estaba ayudando a tu mujer con las cortinas.
- Parecía otra cosa. - Eso es todo.
- Eso ya es mucho... - Grace, cuéntale.
¿Supongo que se perdió por aquí? ¡Debería zurrarte en el culo!
¿Me has traído hasta aquí para que los dos nos peleemos por ti?
Ni hablar.
De aquí no te vas sin más.
- Me has partido la nariz. - ¿De verdad?
Lárgate, fantoche.
- ¿Qué coño quieres? - Sube. Te morirás con este calor.
No estarás cabreado por aquel golpecito cariñoso. Sube.
- ¿Qué te pasó en la mano? - Un accidente.
- Tendrías que... - Tener cuidado. Lo sé.
Soy Jake McKenna.
- Bobby Cooper. - ¿Qué te trae por Superior?
- Un coche recalentado. - ¿Darrell te lo está arreglando?
- Es más bruto que un arado. - Sí, es todo un personaje.
- ¿Hacia dónde te diriges? - California.
- ¿Vives allí? - Un tipo quiere que guíe su barco.
¿Eres marinero? Eso sí que es vida.
Montarte en un barco y navegar.
- Un hombre puede desaparecer así. - De haber sabido que era casada...
No habría sido diferente. Eres un hombre sin escrúpulos.
Puedo olerlo.
Sí, es el sudor de un hombre sin un hueso honrado en el cuerpo.
No te ofendas. Un hombre sin moral es un hombre libre. Te envidio.
Con una mujer que te mira así y un hombre de mi edad, ¿qué hacer?
Mujeres... No se puede vivir con ellas, ni tampoco sin ellas.
Imposible vivir con ellas, imposible matarlas.
Seguro que te la puso bien dura, meneando el culo delante de tu cara.
Querías quitarle las bragas y comértela, y ahí llegué yo.
Te contuviste. Apuesto a que querías partirle el cuello.
Apuesto a que querías matarla.
¿Lo harías? ¿La matarías?
- ¿Por qué iba a matarla? - Estoy harto de sus jueguecitos.
Podrías hacerlo e irte en ese barco sin que nadie lo notara.
Compartiría los 50.000 dólares del seguro de vida con su asesino.
He hecho muchas cosas, pero no soy un asesino.
¿Cómo lo sabes si nunca lo has intentado?
Estás de broma ¿verdad?
Es verdad. No es más que una broma.
Que te diviertas, chaval.
- ¿Tiene gaseosa? - Hablar despacio.
- Una gaseosa fría. - ¿Algo de comer?
No, no. Bebida.
Quédate quieta y nadie te hará daño. Lo mismo te digo a ti, bobo.
¿Esto es todo? Señora, tengo que pagar la educación de mis hijos.
¿Qué tienes tú, compañero?
Estupendo. Esto está mejor. Dame el bolso.
- Son sólo libros. - Me gusta leer. Tíramelo.
- Son objetos personales de familia. - Dame el bolso.
- No. - ¿No?
- Esto va mal. Vámonos. - ¿No?
No quiere darme el bolso.
- No hace falta. - ¡Venga!
- Mi anillo de boda, no. - Un extra nunca viene mal.
¡Asesina!
Señor, está herido.
No. Nada de policía.
- Tome. Nada de policía. - 100 dólares, ¿no policía?
No policía.
- ¿Qué te pasó en la cara? - Tuve un accidente.
¿Otro accidente? Tienes que tener más cuidado.
¿Qué coño le ha pasado a mi coche?
Cambié el manguito de abajo, pero ahora va como la seda.
- ¿Cuánto es? - Veamos...
Repuestos y mano de obra. Digamos... 150 dólares.
- ¿Cuánto? - 150.
- ¿Por cambiar un manguito? - Un manguito de un Mustang de 1964.
Es un Ford, no un Ferrari.
No es un Ford cualquiera. Es un Mustang de 1964.
- ¿Y eso qué tiene que ver? - No lo sé.
Por eso yo vivo aquí y tú sólo estás de paso.
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