The first 166 lines.
JUANITO MAZORCA
Basado en la obra de Sándor Petőfi
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¡Nácar de mi pecho, de mi alma, mi todo,
¡Dame una mirada!
dame una mirada, ya que en este mundo eres tú mi solo deleite profundo!
¡Láncenme su rayo tus ojos de endrina,
Sal del agua, déjame que abrace tu cintura fina;
sal, ven a la orilla no más que un instante,
en tus labios rojos pondré mi alma amante!
Juan, corazón mío, con placer saliera
si en lavar la ropa prisa no tuviera;
pero me maltrata si pronto no voy
mi madrastra, sólo una hijastra soy.
¡Sal, ven, mi paloma,
sal, tórtola mía!
No anda tu madrastra por la cercanía;
besarte, abrazarte, no más que un instante,
no hagas del deseo morir a tu amante.
¡Criatura sin honra!
¡Alma infame! Di:
¿Al mundo te atreves a ofender así?
Tan desvergonzada, a tanto se atreve...
¡Vaya la bribona! ¡Ojalá te lleve...!
¡Basta!
¿me oye, vieja?
¡Cierre el pico ya
o uno de nosotros se lo tapará!
Si con la palabra se atreve a tocarla,
va a perder sus pocos dientes en la charla.
Si no quiere ver su casa arder,
no se atreva a esta huérfana a tocar.
Sufre mucho ella, trabajando vive
y sólo pan seco en pago recibe.
Vete ya, mi Elena.
Pero si porfía en tratarte mal,
ven y en mí confía.
¡Deje de contarlo, vuecencia, amo mío!
¿Para qué negarlo? Perdí algo en el río;
me da mucha pena, pero qué he de hacer.
Juan, no paso ésta, no te hagas el loco, que burlas no quiero,
no hagas que me enoje y me ponga fiero.
¡La horca! ¡La horca!
¡Se la clavo entera!
¡Ay, bribón, ay, carne de horca, ay, bribón!
¡Que el cuervo ambos ojos le saque al ladrón!
¿Para eso alimento, sustento te di?
¡Que te alce la soga del verdugo a ti!
¡Al diablo, no vuelva yo a verte jamás!
Y ahora, mi Elena,
mi rosa querida,
queda con Dios, piensa en quien no te olvida.
Al ver que a una rama el viento da acoso,
recuerda a tu amante que anda sin reposo.
¡Ahora, Juan de mi alma, vete si has de marchar!
Que el buen Dios tus pasos quiera acompañar.
Al ver una quebrada flor seca ante ti,
recuerda a tu amada que se mustia aquí.
Una pa' ti... Una pa' mí.
Una pa' ti... Una pa' mí.
Una pa' ti... Una pa' mí.
Una pa' ustedes...
Una pa' mí.
¡Buenas y dichosas noches les dé Dios!
Infeliz, ¿quién eres tú que por tu mal
a poner te atreves los pies en mi umbral?
¿Tienes padre y madre? ¿Acaso mujer?
Cualquiera que tengas, no te vuelve a ver.
El que por su vida tema, que en sus viajes
aprisa y de largo cruce estos parajes.
A mí no me importa la vida, y me quedo
entre ustedes, sean quienes sean,
sin miedo.
Te digo, muchacho, una cosa:
tú tienes, amigo, pelo en pecho, ¡válgame el Dios justiciero!
Te ha creado él mismo para bandolero.
Desprecias la vida, no temes la muerte...
Me haces falta... ¡un trato quiero proponerte!
Es la mar de divertido saquear, y tesoros acumular.
Preciosidades tenemos aquí, el cofre lleno de oro está.
Ahí ves un barril macizo, pero lleno de coñac no está.
Mas de joyas que relucen, cientos, rojas como el fuego y azules como el cielo.
A veces has de matar un poco por ello, los bandoleros bailan con alegría en sangre.
Espadas y disparos raudos, es más fácil quitárselo a los muertos.
¡Únete a nosotros, tu parte será justa! Esta noche lo acordaremos.
Fuerte vino tenemos hoy, ¡bebamos por nuestra hermandad!
¡Venga acá esa mano, acepto!
Es ahora de mi fea vida la más bella hora.
hagamos, amigos, un brindis común;
Sagrado es el vino que bebemos, robado ayer al clero.
Coge el pichel y sírvete, ¡dale un beso, con pasión!
¡Y ahora el barril con tesoros llena
mi morral, que llevo a mi amada Elena!
No te hará su esclava tu madrastra cruel,
tú serás mi esposa; yo, tu esposo fiel.
Mi casa en el centro de la aldea haré,
mi hermosa casada, y a ti la daré;
seremos felices allí, Dios lo quiso,
como Adán y Eva en el Paraíso...
Mas, ¿qué estoy diciendo?
Si acaso les quito a estos ladrones su oro maldito,
¿no irá en las monedas la sangre a raudales?
¿Ser feliz y rico con tesoros tales?
¡Con qué gusto fuera yo también soldado!
Si aceptan que vaya a su lado.
Si uno más de ustedes pudiera yo ser
podría al sol brillante cara a cara ver.
¡Paisano, lo debes pensar!
No vamos de fiesta, vamos a matar.
Ha embestido el turco al pueblo francés;
marchando en su ayuda ahora nos ves.
Entonces de un salto aun más quisiera
montar a caballo e ir a la carrera;
para mí la guerra deseable es así:
o mato o me mata la tristeza a mí.
Hasta ahora al burro sólo he conocido, pues pastor de ovejas mi trabajo ha sido.
Pero es mía, por húngaro,
la cabalgadura,
creó Dios para el húngaro caballo y montura.
Lúgubre tierra italiana, llena de bosques de romero,
los negros nubarrones traen grandes nevadas.
Italia está lleno de nevadas,
el invierno no tiene fin allá,
hasta el alma se hiela.
Juan el Paladín, ¿lamentas
haberte alistado?
Pareces un valiente húsar sobre tu caballo,
serías un gran teniente,
serías un gran teniente,
La tierra de los tártaros no tiene fin,
el sol naciente no la abarca en un día.
Sombríos paisajes, abandonados caminos,
cientos de males que combatir,
un millón de hombres con cara de perro a la espera.
¡Al ataque!
Juan el Paladín, ¿lamentas
haberte alistado?
Pareces un valiente húsar sobre tu caballo,
serías un gran capitán,
serías un gran capitán,
Lejos, en la India, hay una montaña que llega al cielo,
el que alcanza su cima se cuece en su sudor.
El sol está tan cerca que te quema,
una hora más y estarán allí,
¡Oh, esperemos que las patas de los caballos lo logren!
Juan el Paladín, ¿lamentas
haberte alistado?
Pareces un bello húsar sobre tu caballo,
serías un gran coronel,
serías un gran coronel,
Por fin llegaron a Francia,
El rey y su hija mucho tiempo ha que los esperaban.
El pérfido turco estaba por doquier.
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