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Soy Marlowe. El General desea verme.
Sí, señor. ¿Quiere pasar, por favor?
- Avisaré al General. - Gracias.
¡Buenos días!
No es muy alto, ¿no?
Bueno, hice lo posible.
No está mal...
pero debe saberlo.
Gracias.
¿Cómo se llama?
Reilly. Doghouse Reilly.
Un nombre rarito, ¿no?
¿Usted cree?
¿Y qué es Ud? ¿Campeón de boxeo?
- Sabueso. - ¿Y eso?
Detective.
Se está burlando de mí.
Qué guapo.
El General lo recibirá ahora, señor.
- ¿Quién es? - La Srta. Carmen.
Quítele el biberón. Ya es mayor.
- El Sr. Marlowe, General. - Encantado.
- Siéntese. - Gracias.
Coñac, Norris.
- ¿Cómo le gusta, señor? - En un vaso.
A mí me gustaba con champán.
Champán muy helado...
y tres medidas de coñac.
Venga, hombre, ¡más!
Me gusta ver cómo bebe la gente.
Puede retirarse, Norris.
Puede quitarse la chaqueta.
Gracias.
Con sangre en las venas, uno se asa aquí.
También puede fumar.
Me sigue gustando el olor.
Bonito estado el mío. Sólo disfruto por delegación.
Aquí puede ver los tristes despojos de una vida ostentosa.
Ambas piernas paralizadas...
apenas puedo comer y el sueño...
ya no me visita.
Sobrevivo gracias al calor, como una araña recién nacida.
Las orquídeas son un pretexto para ello.
- ¿Le gustan? - No especialmente.
¡Repugnantes!
Parecen hechas de carne humana.
Su olor dulzón recuerda la misma corrupción.
Hábleme de usted.
No mucho que contar. 38 años. Universitario.
Aún sé hablar cuando es necesario.
Trabajé para la fiscalía.
Allí B. Ohis me dijo que quería verme.
¿No le gustaba trabajar allí?
Fui despedido por insubordinación. Es mi fuerte.
Yo también soy así.
¿Qué sabe de mi familia?
Que es Ud. viudo, y millonario.
Dos hijas. Una soltera.
Otra casada con un tal Rutledge. No funcionó.
- Ambas viven con Ud. - Prosiga.
Ambas bonitas y bastante alocadas.
- ¿Por qué quería verme? - Otro chantaje.
¿Otro?
Hace un año pagué 5000 dólares a un tal Joe Brody...
con relación a la menor.
¿Qué quiere decir con eso?
Nada. Sólo eso: «¡Ya!».
No habló con el fiscal. ¿Quién se encargó de eso?
Shawn Regan.
¿Por qué no se encarga del caso ahora?
Shawn me abandonó.
- No le veo hace tiempo. - Hace un mes. No se despidió.
¿Qué podía hacer? Tan solo era su jefe.
Pero esperaba que fuera más considerado.
Que al menos se despidiera.
Me afecta.
¿También lo conocía?
De los viejos tiempos. Pasaba ron desde Méjico.
Yo estaba del otro lado.
Entre copas y disparos...
o entre disparos y copas.
Lo admiro, señor.
Pocos fueron los que intercambiaron más de uno con él.
Mandó una brigada en el IRA.
Ya lo sabrá.
No, no lo sabía.
Es bueno en todo lo que emprende.
Me alegré cuando supe que lo había contratado para...
lo que fuera.
Era mi amigo.
Un hijo, casi.
Se sentaba aquí, sudando como cerdo...
bebiendo coñac y hablando de la Revolución irlandesa.
Dejémoslo.
Tenga.
«Arthur Gwynn Geiger. Libros raros».
Mire al dorso.
AL NO HACERSE EFECTIVAS
ESTAS DEUDAS DE JUEGO, DESEARÁ SALDARLAS
PAGARÉ MIL DÓLARES
CARMEN STERNWOOD
- ¿Es esta su firma? - Sí.
- ¿Quién es ese Geiger? - Ni idea.
- ¿Se lo preguntó? - No, ni lo voy a hacer.
¡Se chuparía el pulgar como tonta!
Eso mismo me hizo en el recibidor.
Intentó sentárseme en las rodillas.
¿Y bien?
- ¿Su otra hija está mezclada también? - No.
¿Se llevan bien?
Se parecen en la sangre, la misma corrupta sangre.
Vivian es una malcriada, exigente...
astuta y cruel.
Carmen es una niña que disfruta arrancando las alas a las moscas.
Tendrán todos los vicios normales.
Y se habrán inventado alguno más.
Puedo parecerle un padre siniestro.
Mi apego a una vida que ya es muy leve...
como para ser hipócrita.
Si un hombre que haya vivido lo que yo...
cae en la paternidad a mi edad, tan solo se merece...
lo que me pasa.
¿Y bien?
Pague.
¿Por qué?
Ella firmó los pagarés, ¿verdad?
¿Quién es ese Joe Brody al que pagó 5000 dólares?
No lo recuerdo. Mi mayordomo lo sabrá.
Debía tratarse de un jugador.
Geiger reclama deudas de juego.
Podría ser.
- ¿Ud. lo cree? - No.
Ud. quiere que aleje a ese Geiger, ¿no?
¿Algo que quiera saber?
Sólo deshacerme de él.
No le saldrá gratis.
Gracias por la copa.
La disfruté tanto como Ud., señor.
- Me pondré en contacto. - Suerte.
La Sra. Rutledge querría verle.
El General me indicó entregarle...
un cheque por la suma que pida.
¿Cómo se lo ha indicado?
Comprendo. Olvidaba que es Ud. detective.
Por cómo el señor tocó el timbre.
- ¿Extiende los cheques? - Sí, tengo ese privilegio.
Mejor para Ud. No necesito dinero ahora.
Pero sepa que cobro 25 dólares diarios más gastos.
- ¿Cómo supo ella que estaba aquí? - Lo vio por la ventana.
Tuve que decirle quién era Ud.
No sé si me gusta.
¿Me está dictando mis deberes, señor?
No, solo adivinando cuáles son.
Por aquí, señor.
- Pase sin llamar. - Gracias.
¿Deseaba verme?
Un detective privado, ¿no?
Creía que eran cosa de libros.
O tipos grasientos husmeando en los hoteles.
No va muy arreglado.
Tampoco soy muy alto.
Ya vendré con tacones, moño y raqueta de tenis.
No sé si cambiaría gran cosa.
Y ese asunto de papá, ¿podrá resolverlo?
No será difícil.
No parecía tan sencillo.
No tanto.
¿Cuál será su primer pasó?
- El de siempre. - ¿Y cuál es el de siempre?
Lo explican con dibujitos en...
«Cómo hacerse detective en 10 lecciones fáciles por correo».
Su padre me invitó a una copa.
Debió leer: «Cómo hacerse comediante».
- ¿Y la copa? - Va en serio. Mi padre...
- Le dije que su padre... - ¡Sírvase Ud!
Mire, mi padre no está nada bien.
Quiero que se le moleste lo menos posible.
Así es como pensaba llevarlo.
Bien. ¿Nada de secretos profesionales?
- ¿No quería una copa? - Cambié de opinión.
Entonces...
¿Cómo lo ve?
Él me gusta.
A él le gustaba Shawn Regan.
Debe de conocerlo.
No juegue al escondite conmigo.
- ¿Papá lo busca? - ¿Y usted?
Claro, no estuvo bien largarse así.
Le dolió, aunque no lo confiese.
- ¿Se lo dijo? - Pregúntele.
¿Por qué se hace el listo, Marlowe?
No me gusta su estilo.
A mí tampoco el suyo. No pedí verla.
¿No le gustan mis modales? A mí tampoco. Soy bastante malo.
Me hacen llorar.
Haga lo que se le antoje.
Pero no trate de sonsacarme.
Nadie me habla en ese tono.
¿Cree que puede tratar a la gente...?
¿Cómo focas amaestradas?
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