The first 200 lines.
NO SUFRÁIS, DAMAS,
NO SUFRÁIS MÁS,
QUE EL HOMBRE SIEMPRE UN FARSANTE FUE,
UN PIE EN LA MAR
Y OTRO EN TIERRA,
JAMÁS SERÁ CONSTANTE
¿POR QUÉ SUFRIR PUES?
DEJADLOS MARCHAR,
Y DISFRUTAD DE LA VlDA,
¡VUESTROS SUSPIROS CONVERTID
EN CANTOS DE ALEGRÍA!
"No cantéis..."
¡Más, más, más!
"No cantéis
"lamentos desesperados.
"El hombre
"falso siempre fue
"desde que el mundo es mundo.
"¿Por qué sufrir pues?
"Dejadlos marchar,
"y disfrutad de la vida.
"¡Vuestros suspiros convertid...
"...en cantos de alegría!"
Señor.
¡Veo por esta carta
que Don Pedro de Aragón llega esta noche a Mesina!
No estaba a tres leguas de aquí cuando le dejé.
- ¿Cuántos perecieron en la acción? - Unos pocos, pero ninguno de renombre.
Veo que Don Pedro ha colmado de honores
a un joven florentino llamado Claudio.
Ha superado las promesas de su edad.
Con apariencia de cordero, ha realizado hazañas de león.
¿Ha regresado el Sr. Mountanto de la guerra o no?
- No conozco a nadie por ese nombre. - Mi prima se refiere al Sr. Benedicto.
Ha regresado tan jovial como siempre.
Decidme, ¿a cuántos ha matado y devorado en esta guerra?
¿A cuántos ha dado muerte?
- Prometí devorar a todo el que matara. - Ha prestado un buen servicio.
- Y es un buen soldado, mi señora. - Un buen soldado ante una dama.
- ¿Y ante un caballero? - Otro caballero. Y hombre ante hombres.
- Adornado de honrosas virtudes. - Efectivamente.
No es otra cosa que un hombre adornado.
No malinterpretéis a mi sobrina, señor.
Hay una suerte de guerra amistosa entre el Sr. Benedicto y ella.
No se encuentran sin que se produzca un duelo de ingeniosidades.
¿Quién le acompaña ahora?
Cada mes jura tener un nuevo hermano.
Las más de las veces está con el noble Claudio.
¡Dios mío!
¡Se pegará a él como una enfermedad!
Se contagia más deprisa que la peste. El afectado enloquece en el acto.
Que Dios ampare al noble Claudio.
Si se ha contagiado de Benedicto, la curación le costará 1.000 libras.
¡Quisiera ser de vuestros amigos, señora!
Sedlo, amigo mío.
¿Nunca perderás el juicio, sobrina?
No hasta que no haya un enero caluroso.
¡Ya viene Don Pedro!
Mi buen Sr. Leonato, ¿salís a afrontar vuestros problemas?
Lo que se lleva en el mundo es evitar los costes y vos vais en su busca.
Jamás entraron los problemas en mi casa en vos personificados.
- Señor... - Supongo que esta será vuestra hija.
Eso me dijo su madre muchas veces.
- ¿Lo dudabais al preguntárselo? - ¡No, Sr. Benedicto!
Por mucho que se le asemeje, no querría llevar su cabeza sobre los hombros.
Me asombra que sigáis hablando. Nadie repara en vos.
¿Cómo dice, "señora Desdén"?
¿Aún con vida?
¿Cómo iba a morir el desdén
si puede encontrar tan rico alimento como el Sr. Benedicto?
La cortesía se convertiría en desdén con usted delante.
La cortesía sería una renegada.
Lo cierto es que todas las damas me aman, excepto vos.
Ojalá mi corazón no fuera tan duro, pues no amo a ninguna.
Una suerte para las mujeres. No las importunará un pretendiente enojoso.
Gracias a Dios y a mi sangre fría, soy de su mismo parecer.
Prefiero a mi perro ladrando a un grajo que a un hombre jurándome su amor.
Que Dios le conserve esa actitud.
Muchos caballeros escaparán a un seguro arañazo en la cara.
A una cara como la vuestra no podrían afearla unos arañazos.
Sois una gran adiestradora de loros.
Más vale ave con mi lengua que animal con la vuestra.
Ojalá mi caballo tuviera la velocidad de su lengua.
Pero seguid vuestro camino. He terminado.
Siempre acabáis con una coz.
Os conozco de antiguo.
Sr. Claudio, Sr. Benedicto, mi amigo Leonato les ha invitado a todos.
Le he dicho que nos quedaremos al menos un mes.
Permitidme que os dé la bienvenida, señor.
Reconciliado con el príncipe vuestro hermano,
os debo toda clase de atenciones.
Os lo agradezco.
No soy hombre de muchas palabras, pero os lo agradezco.
- ¿Os place pasar primero? - De su mano. Pasaremos juntos.
Benedicto...
¿habéis reparado en la hija del Sr. Leonato?
- No, pero la he visto. - ¿No es una joven dama encantadora?
¿Me pedís mi sencilla opinión
o queréis que os responda como enemigo declarado de su sexo?
No. Os pido una respuesta sensata.
A fe mía es demasiado baja para un alto elogio,
demasiado morena para un claro elogio y diminuta para un gran elogio.
Si no fuera la que es, sería fea.
No siendo sino como es, no me gusta.
Creéis que no hablo en serio. Quiero saber lo que de verdad opináis.
¿Queréis comprarla que tanto preguntáis?
- ¿Puede el mundo comprar joya tal? - Y tanto. Y un estuche para guardarla.
Pero ¿me estáis hablando en serio?
Es la joven más dulce que jamás han visto mis ojos.
Aún veo sin anteojos y no veo nada semejante.
Ahí está su prima. Si no estuviera poseída por la cólera,
la superaría en belleza como el primero de mayo al último día de diciembre.
No estaréis pensando en convertiros en esposo. ¿verdad?
No respondería de mí,
aun jurando lo contrario,
si Hero consintiese en ser mi esposa.
¿Esas tenemos?
¿Es que ya no veré nunca más a un solterón de sesenta años?
Caballeros... ¿qué secreto les impide entrar en casa de Leonato?
¡Está enamorado!
¿De quién? Querrá saber vuestra gracia.
- ¡De Hero, la hija menor de Leonato! - Amén si la amáis.
- Es digna de ello. - Habláis así para sondearme.
- Por mi honor que es mi pensamiento. - A fe mía yo también.
Por mi fe y mi honor, que también el mío.
- Sé que la amo. - Es digna de ello. Me consta.
Yo ni sé cómo se le puede amar ni que sea digna de ello.
Es mi opinión y con ella moriría en la hoguera.
Fuiste siempre un hereje en contra de la belleza.
Que una mujer me concibiera, se lo agradezco.
Que me criara, igualmente se lo agradezco humildemente.
Pero aunque cuelgue mi corneta de un cinto invisible,
con el permiso de todas las mujeres,
me mantendré soltero.
Antes de morir os veré palidecer de amor.
De cólera, de enfermedad o de hambre, señor, pero no de amor.
Bueno, el tiempo lo dirá.
"Con el tiempo, el toro salvaje se somete al yugo".
Si el prudente Benedicto se entregara,
arrancadle los cuernos al toro y colocadlos en mi frente,
y que me hagan un retrato que diga: "se alquila un buen caballo".
Que bajo mi efigie escriban: "Aquí vive Benedicto, el casado".
Benedicto, entrad en casa de Leonato
y decidle que no faltará a la cena, pues se ha esmerado en ella.
Haz examen de conciencia.
Y ahora os dejo.
Señor, ¿tiene algún hijo Leonato?
Hero es la única. Su única heredera.
Claudio, ¿es que la amáis?
Señor, cuando partisteis hacia esta última guerra,
la contemplé con ojos de soldado,
pero tenía empresas más rudas como para entretenerme en el amor.
Pero ahora...
He vuelto y los pensamientos guerreros han dejado vacantes sus plazas,
en su lugar llegan en tropel tiernos y delicados deseos,
que me recuerdan lo delicada que es la joven Hero.
Me hablan...
de lo que ya me atrajo antes de ir a la guerra.
Pronto seréis todo un enamorado. Abrumáis al oyente con tanta verborrea.
Si realmente la amáis, cortejadla.
Yo hablaré con ella y con su padre, y así será tuya.
Esta noche habrá baile de máscaras.
Yo me haré pasar por vos bajo un disfraz y le diré a Hero que soy Claudio.
Le abriré mi corazón ante su pecho y aprisionaré sus oídos
con la fuerza y el brío de mi amoroso relato.
Después hablaré con su padre para que al final
sea vuestra.
Pongámoslo en práctica inmediatamente.
¡Vaya tiempos, señor!
¿A qué viene esa tristeza desmedida?
Es inmensa la causa que la ocasiona.
Por eso es también ilimitada la tristeza.
Deberíais atender a razones.
Y aunque razonara, ¿de qué me serviría?
No puedo ocultar lo que soy.
Debo estar triste con motivo y ninguna chanza me haría sonreír,
comer si tengo hambre sin tener que esperar a nadie.
Dormir cuando me llega el sueño sin atender a los asuntos de nadie.
Reír cuando estoy de humor
sin importarme el humor de nadie.
Ya... pero no deberíais demostrarlo abiertamente
hasta que no podáis controlarlo.
Os habéis rebelado contra vuestro hermano
y él acaba de reponeros en su gracia,
pero para echar raíces hay que procurar el buen tiempo.
¡Prefiero ser seto de espinas que rosa por su gracia!
Por eso, aunque no se me puede llamar adulador y honesto,
soy un bribón de lo más sincero.
Con mi boca en libertad, mordería.
Si tuviera libertad, obraría a mi antojo.
Mientras tanto, déjame ser como soy
y no intentes cambiarme.
¡Borachio! ¿Qué nuevas tienes?
Os traigo noticias de un futuro matrimonio.
¿Servirá para provocar desazón?
Se casa el brazo derecho de su hermano.
- ¿Quién? El excelso Claudio. - El mismo.
- ¿Cómo lo sabes? - Oí cómo acordaban
que el príncipe cortejaría a Hero y, una vez conseguida,
se la cedería al conde Claudio.
No comments yet. Be the first to leave one.