The first 200 lines.
"Hermosa memoria,
hermana más preciada y traicionera,
¿qué templos debemos construirte?
E incluso entonces demoras en abrirte a nosotros,
y nos traicionas con tal exuberancia...
EL COLOR DEL TIEMPO
Hola. Gracias por venir.
Voy a leer...
una serie de poemas.
Están escritos en líneas largas,
para dar la sensación de cómo nos hablamos en realidad.
"Me le acerco por sorpresa, la tomo por el fino cuello,
me la acerco, la abrazo por un momento,
y la dejo ir.
Quizá las palabras correctas siempre estuvieron allí.
Complicidad, asombro...
Qué puros éramos entonces,
antes de Rimbaud, antes de Blake.
Gracia, amor,
cuídennos.
Cuídennos, por favor...
Ya verás. Mueve la mano.
Déjalos ocuparse. Están pensando.
- ¿Es la vena de pensar? - Sí.
- Mueve la mano, déjame ver. - No, no lo toques.
Déjame ver. Mueve la mano.
Si pienso en venas, me desmayaré.
- Bien, déjame ver. - Cielos, me hiciste pensar en ellas.
Déjame ver.
Bien, ¿qué tal si... Dejas de pensar?
Sí, claro.
Y me prestas atención.
Cosas literarias. Por ejemplo, si voy por la calle,
tengo un propósito, una misión.
Tú vas por la calle y dices: "Mira eso.
Cosas brillantes". Y luego tú...
¿Cosas brillantes?
Yo... Mencióname una cosa brillante.
O una luz da en la pared y te quedas observándola.
Te distraes fácilmente.
O te inspiras. Como quieras decirlo.
Siento que quizá te enojé un poco.
- No, es que... - ¿Seguro?
No, no. Lo que sea.
- ¿Dónde están las ollas? No puedo... - Las sacaré en un minuto.
Oye, ven. Estoy bromeando, te lo prometo.
Perdóname, de veras.
Lo siento tanto.
Bien, pon las manos así.
- No sé si pueda... - No me preguntes por qué.
¿Estás envejeciendo?
- Lo sé, son tus caderas. - No tengo las rodillas para esto.
Bien, aquí vamos. ¿Listo? Y haces así.
No con tanta fuerza.
Si lo hago, será con fuerza.
No. ¿Por qué nunca me escuchas?
Sí te escucho.
- No, jamás me escuchas. - ¿A qué te refieres?
¿Qué? Te sientas, no haces nada.
Es divertido.
Sí, pero hay cosas que yo quiero hacer.
- ¿Y yo no? - No sé. ¿Quieres?
No creo que siempre tengamos que estar haciendo algo.
No lo comparto. No.
Creo que a veces está bien detenerse a respirar un poco.
Eso no tiene nada de malo.
Ya vuelvo.
Buenas noches.
Me llamo C.K. Williams
y estos son poemas que escribí...
de veinteañero...
basados libremente en mis experiencias.
Este se llama "los labios de mi madre".
"Hasta que le pedí que por favor dejara de hacerlo,
me sorprendió descubrir"...
"Hasta que que le pedí que por favor dejara de hacerlo"...
"Hasta que"...
"los labios de mi madre."
"Es enternecedor volver a vernos en ese crepúsculo de otrora,
frente a frente, mi madre y yo.
La he alcanzado en estatura, apenas pasándola...
Muy bien.
"Ahora el unísono repentinamente se interrumpe.
Debo continuar solo.
Sin director de orquesta ni música que seguir.
Hay labios que se mueven...
"los labios de mi madre".
¿Quieres panqueques?
- ¿Huevos? - No.
¿Recuerdas lo que pasó anoche?
No quiero hablar de ello.
De acuerdo.
Come.
Papi.
¿Qué pasa, Charlie?
Necesito que duermas.
Por favor, por amor de Dios, duérmete.
No quiero que despiertes hasta mañana en la mañana.
Escúchame, quiero que te duermas, ¿sí?
Bueno, me estoy cansando, Charlie.
Escúchame.
Charlie, vamos.
¿Cuántas veces te dije que me siguieras el paso, hijo?
Quiero que te quedes conmigo, ¿de acuerdo?
¿Quieres que te tome de la mano? ¿Es necesario?
¿Puedes caminar? Muy bien.
Contaré hasta 10. 10.
Si no saliste para cuando llegue a 10,
recibirás una zurra tan grande que no sabrás de dónde salió.
Uno... Dos... Tres...
cuatro... Cinco... Seis...
siete... Ocho... Nueve...
10.
"Aunque ahora hay silencio, nada de sonido,
cuesta no gritar.
El niño no sabe por qué.
No sabe por qué, pero cuesta no gritar.
Cuesta tanto no gritar...
Papi.
Querido.
Alinéalo.
Rayos.
Lo lograste. Eso cuenta.
- ¿Estás listo? - Sí.
- Lo logré. - Sí, claro.
- Y estas rocas... - ¿Sí?
¿Se las arrojas a los animales?
- No. - ¿Qué haces con las rocas?
- Se las arrojé al basurero. - ¿Al basurero?
- ¿No a ningún niño? - No.
¿Sabes a qué deberías arrojárselas?
Deberías arrojárselas a tus pesadillas.
¿Mamá? ¿Mamá?
No sabía que aquí hubiera piscina.
Yo tampoco.
Es estupendo, estupendo.
- ¿Ya desempacaste? - Sí.
No. No. No lo hice.
Papá llegará mañana. Creo que le gustará.
- ¿Te meterás? - Sí.
Creo que practicaré mi zambullida.
Estuve practicando mucho y...
creo que ahora puedo...
hacerlo bien.
Sé que esta vez puedo hacerlo bien.
- Puedo hacerlo realmente... - Perfectamente derecho.
"Durante toda mi niñez, mi madre,
cuando le decía algo, algo importante,
movía sus labios mientras yo hablaba,
y parecía murmurar las mismas palabras que yo decía mientras las decía.
Claro que lo que hacía en realidad era decir las palabras
un instante después de que yo las dijera.
Pero no fue sino hasta que mis hijos aprendieron a hablar
que realmente entendí cómo
y entendí además el dejo de ansiedad,
la necesidad de ayudarte a salir del silencio,
la compulsión de volver a levantarte
de esas cuevas vacías anónimas que nos encierran...
- ¿Mamá? Creo que mi reloj se detuvo. - Tu reloj se detuvo.
¿Puedes dejar de repetir lo que digo, por favor?
De acuerdo, sí, querido. Está bien.
"Aún respiro aquella brisa.
Aún respiro aquella brisa.
Y no sé cómo sé a ciencia cierta que es aquella.
Aunque sé que lo es.
No sé entonces que el lugar,
lejos de cualquier parte,
en un día brillante, abrasador, agradable,
intensifica todo lo que siento...
Epa. Para. No. No hagas eso.
No lo hagas.
Basta.
"Yo debo tener 12 años.
Ella es un poco mayor, 13, 14".
- ¿Adónde vas? - ¿Adónde vas tú?
No lo sé.
Está tan fría.
No mires.
- ¿Qué? - Mira hacia otro lado.
No quieres ver esto.
Ahora que lo he visto me dolerá más.
Apriétala.
"Entonces no sé que el lugar,
lejos de cualquier parte,
en un día brillante, abrasador, agradable,
intensifica todo lo que siento...
"Aún respiro aquella brisa.
Aún respiro aquella brisa.
Y no sé cómo sé a ciencia cierta que es aquella.
Aunque sé que es exactamente esa...
¿Sarah?
Aquí.
"Aún respiro aquella brisa.
Quédate quieta. Quédate quieta. Aquí.
Quédate quieta.
Quédate quieta aquí...
Irene.
¿Sabes conducir?
Lo hice un par de veces con mi papá.
No sé.
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