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El entumecimiento es terrible.
Estas agujas…
Aunque haya salido del agua,
no me queda mucho.
Kotetsu…
No tengo fuerzas.
Estoy perdido.
Estarás bien, Muichiro.
Levántate.
Papá…
Kimetsu no Yaiba Guardianes de la Noche Arco de la aldea de los herreros
Episodio 8 El mu de Muichiro
Es verdad.
Mi padre era leñador.
Y yo, como hijo suyo,
lo ayudaba con su trabajo.
A mí…
me gustaba ayudar a papá.
¿Estás bien, mamá?
Papá ha ido a buscar hierbas medicinales.
¡Mamá!
Está ardiendo.
Traigo mi manta.
¿Mejor, mamá?
Tengo frío.
Papá volverá pronto.
Aquel día perdí a mi madre y a mi padre.
A dos de mis personas más importantes.
Mis padres murieron cuando tenía diez años.
A los diez años me quedé solo.
Muichiro.
No es verdad.
Me quedé solo a los 11.
Tenía un hermano gemelo.
Mi hermano se llamaba Yuichiro.
Las buenas acciones caen en saco roto.
Ayudar a los demás no sirve de nada.
No, te equivocas.
Al final, ayudar a los demás,
acaba ayudándote a ti mismo.
Papá siempre lo decía.
No confío en lo que dijo alguien que murió intentando ayudar a otra persona.
¿Por qué dices eso?
Papá intentaba salvar a mamá.
En aquel estado, unas hierbas no la habría salvado.
Fue tonto de remate.
¿Por qué eres tan cruel, Yuichiro?
Si no hubiera salido con esa tormenta,
solo habría muerto mamá.
¡No lo digas así! ¡No es justo!
Yo solo he dicho la verdad.
Y haz el favor de no gritar, que atraerás a los jabalíes.
El "mu" de Muichiro significa "inutilidad".
Hablar de esto es absurdo.
No vamos a cambiar el pasado.
El "mu" de Muichiro significa "sinsentido".
Mi hermano tenía la lengua muy afilada.
Cuando perdí la memoria.
creo que me volví un poco como él.
Vivir con Yuichiro era un suplicio.
Llegué a pensar que me odiaba,
que no tenía corazón.
Pasaron las estaciones
y llegó la primavera.
Voy a buscar agua, Yuichiro.
¿Aún no te has ido?
Poseía tal belleza
que pensé que era el espíritu de un abedul plateado.
Kimetsu no Yaiba Guardianes de la Noche Arco de la aldea de los herreros
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Resultó ser la esposa del patrón,
que había ido a visitarnos en medio de la montaña.
Aunque…
Mi hermano acabó echándola de allí a base de insultos.
¡Dice que somos descendientes de un espadachín! ¡Es impresionante!
Y de uno que usaba algo llamado "primera respiración".
¿Y a mí qué me importa? Vamos, lava el arroz.
Oye, ¿y si nos hacemos espadachines?
Me cuesta creer que existan los demonios,
pero si podemos salvar a la gente… Dime.
¿Quieres que salvemos a la gente que sufre por su culpa?
Seguro que tú y yo…
¡¿Qué ibas a poder hacer tú?!
¡¿Ni siquiera sabes preparar el arroz solo y quieres ser un espadachín?!
¡Déjate de tantas tonterías!
¡Eres igualito a papá y mamá!
¿Cómo eres tan optimista? ¿Qué tienes en la cabeza?
¡Mamá enfermó por matarse a trabajar sin decir a nadie que estaba mal!
¡Y papá salió en mitad de una tormenta a buscar hierbajos!
¡¿De qué sirvió rogarle que no se fuera?!
¡¿De qué sirvió decir hasta el hartazgo a mamá que descansara?!
¡Los únicos que pueden ayudar a los demás son los elegidos para ello!
Aunque descendamos de un espadachín,
¡¿qué podrían hacer unos críos?!
Dime, ¿qué podemos hacer?
¡Ya te lo digo yo!
¡Morir en vano como perros!
¡Como dignos hijos de papá y mamá!
¡Esa mujer solo quiere utilizarnos!
¡Es evidente que trama algo!
¡El tema queda zanjado, ¿entendido?!
¡Ponte a preparar la cena!
A partir de entonces
dejamos de hablarnos.
Acabé peleándome con él
un día que nos visitó la señora Amane y le echó agua encima.
Llegó el verano.
Aquel año fue muy caluroso,
así que estábamos siempre malhumorados.
El bochorno nocturno era insoportable y las cigarras no callaban.
¿Qué? ¿Solo hay dos mocosos?
Lo mismo da.
¡Muichiro!
-¡Cómo duele! -¡Yuichiro!
Callad. ¡Callad ya!
Cerrad la boca.
Unos leñadores miserables como vosotros no servís para nada.
Poco importa que sigáis existiendo o no.
Vuestras vidas no tienen ningún valor.
De repente el mundo se tornó rojo.
Jamás en la vida había sentido tal ira.
Era algo salvaje que parecía querer brotar fuera de mis tripas.
No recuerdo lo que sucedió después.
Pero me costaba creer
que aquel grito tan brutal hubiera salido de mi garganta.
Al volver en mí, el demonio estaba moribundo.
Pero, aunque tenía la cabeza aplastada, se aferraba a la vida
y sufría con ello.
No tardó en salir el sol.
El demonio se deshizo en cenizas.
No sentí más que indiferencia.
Lo que quería era ir a ver a Muichiro cuanto antes,
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