The first 200 lines.
Cuando el maestro Geppetto fabricó a Pinocho,
ya había perdido un hijo.
Sucedió varios años antes de que yo naciera,
pero aprendí la historia.
Y luego se convirtió en la mía.
Geppetto perdió a Carlo durante la Gran Guerra.
Solo habían pasado diez años juntos.
Pero era como si Carlo se hubiera llevado la vida del anciano con él.
- ¡Papá! - ¿Sí?
- ¡Adivina lo que vi! - ¿Qué?
- ¡Adivina! - No tengo idea.
¡Vi pasar unos aviones!
¿Eso viste? Qué bien.
- ¿Qué tallas esta vez, papá? - ¡Adivina!
- ¿Un soldado? ¿Un mago? ¿Una bruja? - No.
No, vas a tener que esperar, Carlo.
Todo lo bueno en la vida requiere paciencia.
No les hacía falta nada.
En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.
Solo se necesitaban el uno al otro.
"Y la vieja bruja le advirtió a ese pequeño erizo:
'Nunca digas mentiras o la nariz te crecerá y te crecerá…
¡hasta aquí!'".
¿La nariz le iba a crecer?
Hijo, todas las mentiras salen a la luz de inmediato
porque son como narices largas.
Visibles para todos menos para quien dice las mentiras.
Y entre más las dices, ¡crecen mucho más!
Cántame la canción de mamá para dormir. ¿Puedes, papá?
Está bien.
Mi luz, mi luz.
¿Quién es mi cielo azul?
Mi ayer…
- ¡Más alto, papá! - …mi hoy,
mi hijo, tierno sol.
Si veo en tus ojos el amor, me hace sonreír…
Prueba tú.
Y con tu abrazo sanador, estoy…
Gracias, señoritas.
…completo al fin.
Al fin…
Para ti.
¿Para mí?
Mi favorito en el mundo en verdad.
Más que el ocaso, más que el mar.
Mi corazón
rompe a cantar cada día
que a tu lado estoy.
Eres todo para mí.
Mi adoración.
¡Con fuerza, Carlo! ¡Con fuerza!
- Mi luz… - Magnífico trabajo, Geppetto.
Gracias.
Es lo que eres tú.
¡Ten cuidado, Carlo!
Cuando una vida se pierde, otra debe crecer.
¿Qué opinas de esta?
No, Carlo.
Tiene que estar perfecta. ¡Completa!
¿Ves?
A esta le faltan algunas escamas.
Mi sol,
mi sol.
Mi hijo, mi amor.
Buenas noches, papá.
Buenas noches, hijo mío.
¡Me encantan mis zapatos nuevos!
Me alegra oírlo, Carlo.
- Primero vamos a la iglesia, ¿no? - Sí.
Hola, cachorrito.
FIESTA DE LA COSECHA
- ¡Buen día! - Buen día.
Maestro Geppetto, ¿crees que hoy puedas terminar el crucifijo?
Haremos lo posible.
- Señoritas. - Es todo un perfeccionista.
Un ciudadano italiano modelo.
Y además es un gran padre.
Carlo, lindos zapatos. ¡Ten!
¡Gracias, señor!
- Muy buen día. - ¡Hola!
Carlo.
Geppetto.
Sí.
Se ve muy bien, papá.
¿Ya casi es hora de ir a casa?
¡Ya casi! Búscame un poco más de rojo, Carlo.
¡Uy! Olvidé enseñarte lo que encontré.
¿Y qué es, muchacho?
Ya lo verás.
¡Tarán!
La piña perfecta.
Todavía tiene todas sus escamas.
Quisiera plantarla yo mismo y ver crecer el árbol.
Y tallar juguetes para mí. Como haces tú.
Creo que ningún niño ha tenido una idea tan buena como esa, Carlo.
¿Verdad que sí?
¿Qué es ese ruido, papá? ¿Es un avión?
Recoge todo.
Rápido.
En casa nos esperan un fuego cálido y una sopa caliente.
- ¿Y también un chocolate caliente? - Claro.
Es el día perfecto para un chocolate, ¿no crees?
Ay, sí. Es perfecto.
¡Papá! ¿Qué tienes?
Nada. Seguro no es nada, pero…
¡Ay! ¡Olvidé mi piña!
Después se dijo que el pueblito de Geppetto
ni siquiera era un blanco.
Que los aviones se dirigían a la base,
y simplemente soltaron sus bombas para aligerar el peso.
¡Carlo!
No…
Carlo.
Geppetto nunca se alejaba de él. Así de simple.
Trabajaba muy poco. Comía mucho menos.
Y el crucifijo de la iglesia seguía sin acabar.
Pasaron los años.
El mundo siguió con su vida.
Pero Geppetto no.
Y aquí es donde entro yo.
Verán, yo era un escritor.
Y llevaba años buscando las condiciones perfectas
para plasmar en papel la ilustre y fascinante historia de mi vida.
Hasta que, finalmente, lo encontré.
Mi santuario. Mi hogar.
Aquí, escribiría mis memorias. ¡Y sería una gran historia!
Había vivido en la chimenea de un abogado en Cerdeña,
recorrido el mar Adriático en un pesquero,
había pasado un invierno perusino con un aclamado escultor.
Estridulaciones de mi juventud,
de Sebastián J. Grillo.
Soñé contigo, Carlo.
Soñé que estabas de nuevo a mi lado.
Hijo mío.
Ay, no.
Ojalá pudieras volver conmigo.
Lo siento mucho.
Vi llorar al anciano. Y me conmovió.
Y, al parecer, no era el único que lo observaba.
En mis múltiples viajes por esta Tierra,
aprendí que hay viejos espíritus viviendo en las montañas,
en los bosques,
que rara vez se involucran con el mundo humano.
Pero, en ocasiones, lo hacen.
Quiero que vuelvas, Carlo.
¡Te quiero aquí!
¡Conmigo!
¿Por qué no escuchas mis plegarias?
¿Por qué?
¿En qué estábamos?
Ah, sí, Perugia…
¿Qué antenas está…?
Voy a recuperarlo.
Haré a Carlo otra vez.
¿Qué? ¡Ey!
¡Y lo fabricaré con este pino!
¿Qué…?
¡No!
¡Es la casa de los horrores!
Sí…
Voy a terminarte mañana.
Sí, mañana.
¡Fuera!
¡Ey! Aléjense de ahí. ¡Váyanse!
No molestes.
No. ¡Este es mi hogar!
¡Prohibida la entrada! Fuera.
¡Déjenme en paz! ¡Lárguense de aquí!
Sí, ya me oyeron.
Pequeño niño de madera.
Que despiertes con el Sol y recorras esta Tierra.
Disculpe, ¿puedo ayudarle? Está hablando de mi hogar.
Digame, ¿quién en esta Tierra es usted?
¿En la Tierra?
Una guardiana.
Yo cuido de las cosas pequeñas.
Las cosas olvidadas.
Las cosas perdidas.
Pues yo soy Sebastián J. Grillo, propietario.
Es mi derecho que me consulten sobre los planes y maquinaciones
que involucren mi propiedad.
Bueno, como ya estás viviendo en el corazón del niño de madera,
tal vez puedas ayudarme.
¿Ayudarle con qué?
Sé su guardián.
Guíalo para que sea bueno.
No soy una institutriz, madame. Soy un novelista, un cuentacuentos.
Ahora me concentro en escribir mis memorias.
Bueno, en este mundo, recibes lo que das.
Si aceptas esta responsabilidad, yo te concederé un deseo.
¿Y puedo pedir lo que sea?
¿Lo que yo quiera?
¿La publicación de mi libro?
¿Fama? ¿Fortuna?
Lo que sea.
Tal vez pueda ayudar. Daré lo mejor, y es lo mejor que uno puede hacer.
Muy ingenioso, ¿verdad?
Pequeño niño de madera de noble pino.
Te llamaremos Pinocho.
Que despiertes con el Sol y recorras esta Tierra,
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