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Gracias.
LA DOLCE CASA
Montezara… Cinco. Andén cinco.
¿La ayudo a subir las escaleras?
¿Qué?
Lo tomo de abajo.
Gracias.
Muy bien. ¡Hola! ¡Cielos, mírate!
Bien, llegaste sano y salvo.
Aún no. Este pueblo apenas está en el mapa.
Es tu primer día de vacaciones en años.
Ningún viaje a Italia se considera vacaciones.
- Otra vez con la maldición. - Oye.
Es real.
Vine y perdí mi pasaporte.
Regresé en mi luna de miel, nos dio gripe y llovía todos los días.
No sé cómo Liv aguantó tanto.
Menos mal que vi en Instagram que quiere comprar una casa por un euro.
- ¿No la había comprado? - No si puedo evitarlo.
Vine a buscar a mi hija para llevarla a casa.
Eres Eric Field en Italia, no Liam Neeson en Búsqueda implacable.
Tienes razón. Oye, te envié la presentación de Northstar.
Genial, entonces relájate. Contempla el paisaje.
- Hablamos luego. - Sí, hablamos pronto.
Debí haber puesto mi Instagram privado.
La hija que conozco me hubiera dicho: "Hola, papá".
Hola, papá.
Me conformo. ¿Un abrazo para tu viejo?
Vamos.
Gracias.
¿Por qué viniste? Pensé que nunca volverías a Italia.
Haré una excepción por ti,
mi amada hija, que se fue de noche.
- En un vuelo nocturno. - Sin decir nada.
- Te mandé un WhatsApp detallado. - ¿Un qué?
- Desapareciste. - Estoy en redes sociales.
¿Y terminaste comprando una villa italiana?
Si querías activar la batiseñal…
- No. - Lo hiciste, y a lo grande.
¿Sabes qué? Haz lo que quieras, Batipapá. Te dejaré en el hotel.
- Iré a ver casas con la alcaldesa. - ¿A ver casas?
¿No está cerrado? Bien, no es demasiado tarde.
¿Crees que me vas a detener?
Necesito un café.
Supuse que te cansarías de Italia.
Que comerías pizza, visitarías ruinas, conquistarías meseros con tu italiano…
- Supusiste, no preguntaste. - No me hablabas.
Estaba ocupada trabajando. Di clases de inglés en Milán.
Fui niñera en Florencia. También coseché aceitunas.
Hace unas semanas, iba a un festival de vino.
Me equivoqué de tren y terminé aquí.
Y fue como… ¡bum!
¿"Bum" qué? Le faltan datos a esa historia.
Tienes que sentirlo. Montezara es un sentimiento.
Lo que siento es jet lag. ¿Me cuentas ya la tontería de la villa?
Es algo real.
Venden casas viejas por un euro para atraer gente.
La alcaldesa me contó todo el plan.
Al menos admites que es un plan.
Presenté una solicitud, me aceptaron, y ahora soy montezarense.
- Supuse… - Otra vez esa palabra.
…que volverías a Ohio,
con compañeros de cuarto, un sueldo, un seguro dental.
Como una adulta.
¿No es tener una casa la definición de ser adulto?
Mi amor, tuve que venir a abrir el café.
Pero creo que amas este café más que a mí.
Los amo por igual.
¿Por igual, Cesare? ¿En serio?
- No… - ¿En serio?
- No por igual… - ¡No lo soporto!
¿Son amigos tuyos?
Cesare y Donata. Se separan casi todos los días.
- Ciao, Olivia. - Ciao.
- Hola. - Hola.
Dos cafés.
- Gracias. - Nico, dos cafés.
- Gracias. - De nada.
Tal vez hoy esta belleza me acompañe a tomar un café.
Eso no funciona conmigo, Giovanni.
Nunca me habían rechazado así.
Es bueno tener nuevas experiencias.
- Yo pago los cafés. - Gracias.
Pero una casa es un poco más cara que el café.
Iba a usar el fondo que mamá dejó.
Está todo invertido. Hay que vender y pagar impuestos.
Esa es otra palabra adulta.
No me estás convenciendo de querer ser adulta.
Que yo sepa, eras una adulta, Liv. Oye, ven…
Los hijos.
Saben cómo volverte loco. Les das algo de espacio.
Que hagan su propio camino. Soy un padre genial.
Pero no me gustan las malas ideas.
No es que me pida mi opinión.
Por eso la engañaron con la estafa de la casa de un euro.
- Genial, ya se conocieron. - ¿Qué?
Es Francesca Pucci, alcaldesa de Montezara.
Bienvenido a Italia, Sr. Field.
Caramba.
- Batipapá, ¿qué hiciste? - Quiere echarse atrás.
- Sí, nos echamos atrás. - No, no vamos a echarnos atrás.
Ya empezamos con los trámites, y he aceptado su depósito de 5000 euros.
Pensé que la casa costaba un euro.
Es el procedimiento para el programa de villas,
para asegurar que se cumpla todo.
Lo reembolsarán cuando todo esté terminado.
- Esto sí que es un fraude. - Hoy visitaré casas, ¿sí?
Una palabra, por favor.
¿Por qué estás tan empeñada en esto?
Cuando mamá estaba internada, veíamos villas de un euro,
todos los antes y después, y decíamos lo que haríamos diferente.
Íbamos a hacerlo cuando mejorara.
Sí, pensé que era solo un sueño para superar un momento difícil.
Y eso era, y por eso quiero hacerlo realidad.
Mamá estaba orgullosa de ser parte italiana,
y estar en Italia me hace sentir más cerca de ella.
¿Por qué no me lo dijiste?
Sí, porque no escucho.
Está bien.
¿Francesca?
Muy bien, veamos qué conseguimos aquí por un euro.
Casa… número uno.
Esperen. ¡Sí!
El precio de un euro tiene sentido.
Por un euro, ¿espera la Capilla Sixtina?
Solo necesita un poco de cariño.
Creo que podemos irnos.
Por aquí.
Casa número dos.
Tiene ventilación.
Por un euro, no espero la Capilla Sixtina, pero sí un techo.
Viene con compañeros de cuarto. Vámonos. Rápido.
¿En serio?
Nino es un genio de las renovaciones.
El cuñado de Francesca es mi contratista.
Es una estafa familiar.
Disculpen un momento.
¿Te das cuenta de que "hágalo usted mismo" significa "hazlo tú mismo"?
Aprenderé.
No es como ser niñera o trabajar en una feria renacentista.
Entiendo tu sueño, pero la realidad puede ser difícil.
Matteo, ¿me oyes?
Sí, Francesca, sí, hola.
Estoy aquí con un hombre de la empresa de mantenimiento de carreteras.
Rebotó otro cheque de Montezara.
Usa la tarjeta de crédito del último cajón del escritorio.
No abre.
¡Dale una patada!
No, tampoco.
Más fuerte, ¿entiendes?
Fuerte, sí.
¡Eso! ¡Ahora sí!
Gracias, Francesca.
Bien.
Considera los 5000 euros como una cara lección de vida
y vámonos a casa.
Tengo otra casa para mostrarles.
No está en la lista oficial, pero, Olivia, creo que te gustará.
Vamos, amiga.
¿Gustarme? Me encanta.
Es hermosa. Mira los olivos.
- ¿Por qué no está destrozada? - El dueño murió el año pasado.
Un viejo excéntrico al que llamábamos Mario el Gruñón.
¡Maltese!
Ahí estás, cabra tonta.
Era la mascota de Mario.
El pueblo se turna para alimentarla. Viene con la casa de un euro.
Y, si le doy un euro, ¿se la lleva?
- Es grande. - Sí.
Lindo techo.
Fue construida por un gran arquitecto local, Greco.
Vengan.
Tiene dormitorios.
Hay electricidad, tuberías.
Ambos son viejos, pero funcionan.
Y hasta hay un fresco. Mario el Gruñón lo pintó él mismo.
Sí es bonito.
Genial.
Una habitación italiana con vista.
Espere, ¿esta es la cocina?
Mario el Gruñón no cocinaba mucho. Usaba este viejo microondas.
Ay, Mario, te entiendo, viejo.
El botón de dos minutos es lo mejor si vives solo.
Qué deprimente, papá.
- ¿Qué? Tú no cocinas. - Lo sé, pero tú sí. O lo hacías.
Papá tiene un secreto.
Antes de ser un consultor de restaurante, era un chef profesional.
Lleno de sorpresas.
Pero luego pasé al lado corporativo para cuidar a mi familia.
Pero ahora no volviste a ser chef.
Me gusta cocinar para ti.
Qué gracioso. No lo has hecho en siglos.
Para eso, tienes que venir a cenar alguna vez.
Ciertamente, guardó lo mejor para el final.
Bueno, la villa aún no está en la lista oficial.
Mario murió sin testamento.
Deberíamos arreglar la sucesión antes de mostrarla.
¿Seguro que no se la dejó a la cabra?
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