The first 200 lines.
Me dijo una vez:
"Cuando leemos una historia, la habitamos.
Las cubiertas de los libros son como un techo y cuatro paredes:
una casa".
Lo que más le gustaba del mundo era el momento en el que terminas un libro
y la historia te sigue acompañando como el más vívido de los sueños.
Y, después de eso, le gustaba dar largos paseos
para aclarar su mente de todas las emociones y sensaciones
que el libro le había provocado.
Aquella misma mañana,
tras años confusos de lecturas, paseos
y luto por la muerte de su marido,
Florence Green se despertó sabiendo exactamente qué quería hacer.
Abriría una librería en el pueblecito en el que había ido a vivir.
Estoy convencido de que esta librería será todo lo que dice, Sra. Green,
pero aún no puedo prometerle nada en firme en nombre del banco.
La decisión no depende de mí.
Usted asegura tener considerable experiencia en el ramo.
Aprendí muy bien este oficio en mi juventud,
y no creo que haya cambiado mucho desde entonces.
Y lo que es más importante, sé...
Me encanta leer.
Bueno, no le vendrá mal que le cuente un par de cosas.
Considérelas un consejo, si lo prefiere.
Tenía un gran corazón
y una enorme paciencia.
Pero ni estas dos virtudes eran lo bastante fuertes
como para poder aguantar el tono grandilocuente y condescendiente
del Sr. Keble, el banquero de Hardborough,
a quien todo el mundo llamaba Señor Patata a sus espaldas.
Debería saber que hay quien piensa
que podrían darse otros usos a Old House.
Aunque, claro, siempre tendrá la opción de revenderla.
No tengo la más mínima intención de revenderla, Sr. Keble.
¿Para qué piensan que puede utilizarse Old House?
¿Por qué no han hecho nada en los últimos siete años?
Había nidos de pájaros,
se cayeron la mitad de las tejas y apestaba a rata.
¿No es mejor llenarla de libros para que la gente pueda hojearlos?
Leo antes de irme a dormir.
Y suelo quedarme roque a la tercera página.
¿Ve? ¿No se da cuenta de lo útiles que pueden ser los libros?
LA LIBRERÍA
BASADA EN LA NOVELA DE PENELOPE FITZGERALD
El tiempo en esta parte del mundo era totalmente impredecible.
A veces, en una sola mañana podían estar presentes las cuatro estaciones.
Aquel día soleado, salió del banco
enfadada, orgullosa, impaciente y terriblemente viva.
Iba a perseguir su sueño,
y nadie, ni siquiera el Señor Patata, iba a detenerla.
¡Hola, Sra. Green! ¿Está ocupada?
Hola, Sr. Raven. No, ¿por qué?
¿Puedo lanzarle el cabo?
¡Por supuesto!
¡Cuidado!
El suelo está muy resbaladizo. Así se rompió la pierna Ethan ayer.
Pero me consta que usted es una mujer que no se asusta fácilmente.
¿Cómo lo sabe?
Se rumorea que va a abrir una librería aquí.
¿Por qué cree que es algo arriesgado?
La única persona que lee aquí es el Sr. Brundish.
Y no creo que salga de casa para ser su cliente.
Creo que lo vi ayer en la colina. Lo vi de lejos.
¡Me imagino que tuvieron una larga conversación!
¡Sí, no paramos de hablar!
Sí, claro.
¡Buena suerte, Sra. Green!
¿Usted no lee, Sr. Raven?
No.
Los libros me dejan exhausto.
¡Tengo suficiente con la vida real!
El Sr. Brundish vivía solo en la casa más antigua de Hardborough.
No es que le gustara especialmente su propia compañía,
pero, tras largos años de batalla,
había acordado una tregua permanente consigo mismo.
Adoraba los libros con la misma pasión con la que detestaba a sus congéneres.
Fantaseaba a menudo con que aquellos volúmenes que devoraba
no habían sido escritos por seres humanos,
sino que habían aparecido por generación espontánea.
Nada le molestaba más que las imágenes de los escritores
que aparecían a menudo en ciertas ediciones.
No es rojo.
Es granate muy oscuro,
o color óxido.
Da igual... ¿Qué tal con Old House? ¿Se las arregla bien?
Vino Sam Wilkins y arregló el baño y el tejado,
y reparó el sistema lo mejor que pudo.
Ese lugar es como un viejo fósil.
Hasta la paja tiene 500 años.
Vale, manos arriba.
Ya está.
Aún piensa instalarse allí, ¿no?
Ayer pasé mi primera noche allí.
¿Qué? ¿Tan pronto?
Ya se lo advertí a todos.
No pensaban que fuera a instalarse allí con todas esas humedades.
Ya sé que no, pero fue todo bien. Da un poco de miedo de noche,
pero me imagino que es porque aún no me he acostumbrado.
La madera en una casa tan vieja debe crujir por todas partes.
Me temo que el rojo no es mi color.
No me queda muy bien la parte de atrás.
Quizá si me apoyo en la pared cuando esté allí...
- Demasiado rojo. ¿No cree? - No es...
No es rojo.
Es un granate muy oscuro.
Sí.
Ya se acostumbrará a él.
Necesita alguna joya para realzarlo.
Sí.
- ¿Está segura? - Claro que estoy segura.
Los Gamart no la invitan a una fiesta todos los días, ¿no?
Déjese de agonías.
Tiene un aspecto...
fantástico.
Y cuando llegue no tendrá que preocuparse de su aspecto; nadie se fijará en usted.
Además ya conoce a todos los invitados.
Soy Florence Green.
Soy la que va a abrir la pequeña librería.
¡Eso es, iclaro!
¡Me he dado cuenta enseguida!
Claro. Violet estaba muy interesada en ese asunto.
Quería tener una conversación de las suyas
con usted sobre la librería.
Está un poco ocupada ahora mismo,
pero creo que querrá hablar con usted más tarde.
Así que...
¿Qué tipo de cosas tendrá en su tienda?
Bueno...
Básicamente, libros.
Hoy en día no se publican muchos libros de poesía, ¿no?
Yo no veo demasiados.
Tendré algo de poesía, por supuesto,
pero no vende tanto como la novela, el ensayo...
Me llevará un tiempo averiguar el tipo de material que necesitaré.
De momento, he pedido clásicos como Thackeray, Dickens, Keats...
"Es fácil estar muerto.
Di solo esto:
'Están muertos"'.
¿Sabe quién escribió eso?
No.
Lo siento mucho, no lo sé.
Yo sí sé quién es usted.
Debe de ser la Sra. Green.
Sí.
Yo también sé quién es usted. Por supuesto, Sr. North.
Nunca me habían invitado a The Stead. Me imagino que usted viene a menudo.
Sí, me invitan frecuentemente.
Gracias. Es muy amable.
No tanto.
Ahí tiene.
Vive sola, ¿no? Acaba de entrar en Old House.
¿Usted sola?
Viuda de guerra.
Ya lo sé.
¿Nunca ha pensado en volver a casarse?
No.
El problema es que mi matrimonio fue muy feliz.
Qué raro.
Siempre he pensado que la mujer empieza a ser feliz tras enviudar.
¿La han asesorado adecuadamente para dirigir un negocio?
No le conocía en persona, Sr. North, pero suponía que, debido a su trabajo,
agradecería que hubiera una librería en Hardborough.
Estoy segura de que conocerá a escritores en la BBC,
y a pensadores y demás.
Me imagino que de vez en cuando vendrán a visitarlo y a respirar aire puro.
Si vinieran...
no sabría qué hacer con ellos.
Los escritores van a cualquier lugar donde haya bebida gratis.
No lo tengo claro con los pensadores.
Creo que Kattie, mi, digamos, novia, se encargaría de ellos.
En cualquier caso, tienen que venir a mi tienda. Cuento con ustedes.
De ninguna manera.
¿Por qué va de rojo?
Solo les queda bien a las criadas que salen en su día libre.
No es rojo, es granate oscuro.
Mi querida señora.
Florence, ¿no es así?
Sí.
Quería hablar con usted desde que ha llegado,
pero mis invitados no hacen más que alejarme de mis prioridades.
Muchas gracias por venir.
- Gracias por invitarme. - Es todo un placer.
- Es una fiesta encantadora. - Todos hablan de su proyecto.
¡Tiene un gran olfato para los negocios!
¡Bruno!
¿Le han presentado a mi marido?
Ven y cuéntale a la Sra...
Green.
Lo encantados que estamos de verla.
Todos hemos rezado por que hubiera una buena librería en nuestro pueblo.
¿No es así, Bruno?
Claro, cariño. Rezar no tiene nada de malo.
Seguramente, las cosas irían mucho mejor si todos rezáramos más.
Una cosa, Sra. Green, algo sin importancia,
no se habrá mudado ya a Old House, ¿no?
Sí, hace más de una semana.
Pero si no hay agua.
Sam Wilkins arregló las cañerías.
No olvides que últimamente has pasado mucho tiempo en Londres
y que no has podido controlarlo todo.
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