Open City (Roma, Città Aperta)

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Rome Open City 1945 BluRay 720p x264 DD20 DualAudio MySilu
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Adaptado a partir del archivo Roma.Citta.Aperta.(1945).-.Subtitulos.espa§ol.srt

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Published on: 2013-03-29
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The first 200 lines.

ROMA CIUDAD ABIERTA

Los hechos y personajes de esta película,

si bien se inspiran en la heroica y trágica crónica

de nueve meses de ocupación nazi, son imaginarios.

Por lo tanto cualquier parecido con hechos o personajes reales

es pura coincidencia.

La Voz de Londres.

Ay, Jesús.

Ya va, ya va.

- ¿El ingeniero Giorgio Manfredi? - No está.

- ¿Dónde está? - No sabemos,

- no siempre viene a dormir a casa. - ¿Y a dónde va?

Pues no lo sé. Se lo puede imaginar, un joven soltero...

- Ya. ¿Cuál es su habitación? - Por allí.

Registrad la casa.

¿Viene mucha gente a visitarlo?

Desde hace algún tiempo ya no viene nadie.

Naturalmente.

- ¿Cuántos huéspedes más tiene? - Dos.

- ¿Dónde está el teléfono? - Al final del pasillo.

Alto, contestaré yo.

Sí, dígame.

¿Está Giorgio?

Sí, el ingeniero Manfredi. ¿Pero con quién hablo?

Soy un amigo del ingeniero.

- ¿Qué amigo? - ¿Con quién hablo?

- Era una mujer. ¿Quién era? - Yo qué sé. ¿Acaso la he visto?

- ¿Habéis encontrado algo? - No, nada.

- ¿Y esa puerta? - Conduce a la terraza.

Ah, la terraza.

Cálmate, te lo ruego

- ¿Quién vive ahí? - Es la embajada de España.

La ciudad se dividirá en 14 zonas,

el plan Shrueder que ya hemos aplicado

en varias ciudades europeas

permite reagrupar científicamente grandes masas de hombres

empleando las mismas fuerzas.

Adelante.

El suboficial Babber ha comunicado

que no han encontrado. a la persona que buscamos.

No me extraña.

Si me lo autoriza les diré que traigan a la doncella y a la dueña.

No, no es necesario, gracias.

¿Una noticia desagradable?

Una persona ha faltado a una cita.

¿Alguien importante?

Eso espero.

¿Les conoce?

No, ¿quiénes son?

Él se hace llamar ingeniero Manfredi.

¿Manfredi?

Ya ha sido fichado ese nombre,

parece ser uno de los cabecillas de la junta militar

del comité de liberación nacional.

Tengo buenas razones para creer sin lugar a dudas que se trata de él.

¿Pero cómo han podido pillarle ustedes?

Le he encontrado aquí, sobre esta mesa,

todas las noches doy un larguísimo paseo

por las calles de Roma sin necesidad de salir de mi despacho.

Me gusta mucho ese género de fotografía

que retrata a la gente casi por sorpresa,

te encuentras con personas muy interesantes.

No hace mucho por poner un caso

recuerdo que vinieron a mi encuentro el señor Manfredi

y su pequeña amiga; me dije:

a ese hombre ya le he visto en algún otro lugar.

Fíjese bien

en este grupo.

El segundo por su derecha.

Me enviaron esas fotografías desde Berlín,

y creo que no me equivoco, ¿no es cierto?

Sí, no se equivoca, es él. Son la misma persona.

Oh, qué fastidio. Perdone.

No se preocupe.

¿Qué es todo ese jaleo?

Perdone, Mayor. Hemos comenzado a interrogar al catedrático.

Bien, pero que se calle de una vez.

- Cuánto gritan estos italianos - Ya.

¿Y quién es la chica?

Una tal Marina, actriz de revista.

Ah, sí, la conozco, la he visto, encantadora.

Muy encantadora.

Despacio, despacio. Calma, calma.

Pero, ¿qué sucede?

No lo ve, están saqueando la panadería.

- ¿Y usted qué pinta en esto? - Por desgracia estoy de servicio.

- Me siento impotente. - Lo sé, cuando llegan refugiados.

El muy sinvergüenza, hasta pastelillos tenía.

- Decía que no tenía harina. - Esta sí que es buena.

¿Por qué no te unes a nosotros?

No puedo, soy sacristán, si lo hiciera, iría al infierno.

Dame eso, ya te lo comerás en el cielo.

¡Aparta esas manos!

Esto es una locura.

¿Y qué hago, me muero de hambre?

¡Brigadier! ¡Ayuda!

Vete a hacer puñetas, desgraciada.

La acompaño yo.

- Ya hemos llegado. - Gracias.

No tiene por qué dármelas, ¿quiere que se la lleve hasta arriba?

Tenga, así pesa menos.

Sinceramente no debería, pero tengo tanta hambre atrasada.

Doña Pina, y usted que cree;

¿llegarán por fin esos americanos?

Parece que sí.

- Doña Pina, ¿lleva algo de estraperlo? - Vamos olvídeme.

¿Pero cómo se atreve en mi presencia?

Es usted un maleducado.

Brigadier, no haga usted caso, es mejor. Hasta la vista.

Adiós.

¿A quién busca?

¿Vive aquí Francesco el tipógrafo?

- Sí, pero ahora no está. - ¿Sabe adónde ha ido?

Qué sé yo, habrá ido a hacer algún encargo.

- Perdone, ¿quién es usted? - Perdonado, ¿pero qué le importa?

Ya entiendo, usted es Doña Pina.

¿Y usted cómo lo sabe?

Francesco me habla siempre de usted.

- Oh, pero usted es... - Un amigo.

Qué estúpida, le había tomado por un policía.

Dígame, ¿qué desea?

- Debería entrar en casa de Francesco. - Enseguida le abro. Voy por la llave.

Perdone, pero no la he encontrado.

Pase.

- Por favor. - Gracias.

Está sucio y desordenado...

Lo comprendo, no se preocupe. ¿Conoce a Don Pietro?

El párroco de San Clemente, quiero hablar con él.

- Si quiere voy a buscarlo. - No, usted no.

- Entonces mandaré a mi chico. - Sí, mejor será.

- Espéreme ahí. - Gracias.

¡Marcello! ¡Marcello!

¡Marcello!

- ¿Qué quieres? - Baja un momento.

No puedo.

Tienes que ir a buscar a Don Pietro. Espabila.

- Tengo que hacer muchas cosas. - Te digo que bajes en seguida.

Te he dicho muchas veces que no juegues con Remoleto, es peligroso.

- Ve a buscar a Don Pietro - ¿Y qué le digo?

Dile que venga aquí en seguida.

Y no te pierdas por el camino.

Ya se ha ido. Don Pietro no tardará mucho.

Gracias.

Esta mañana hemos saqueado la panadería.

Ah, ¿sí?

- La segunda, en esta semana. - ¿Y cómo es que van las mujeres.?

Algunas saben por qué lo hacen

pero la mayoría se llevan más golpes que panecillos.

Esta mañana una se ha quedado con un par de zapatos y una balanza.

Quisiera saber quién me ha robado mis medias.

Perdone.

Seguro que... ¡Oh, ingeniero!

- Buenos días, Laura. - Buenos días, ¿cómo usted por aquí?

- ¿Ha venido a verme a mí? - Sí, eso es.

He encontrado al señor por la escalera y le he hecho pasar aquí y...

- Podías habérmelo dicho. - Bueno, no es para tanto.

No importa. Sólo quería pedirle un favor.

Me arreglaré un poco.

No, está bien así.

Usted ve a Marina, ¿no es cierto?

Sí, después de comer en el teatro.

Dígale por favor que en los próximos días no podré verla.

- si me es posible la telefonearé. - Muy bien. ¿Al teatro?

No, al teatro, no.

Adiós, ingeniero, encantada.

- ¿Vive con usted? - Es mi hermana.

- Ah, su hermana. - Se asombra usted, ¿eh?

¿Quién sabe cuantas mentiras le habrá contado.?

Que vive quién sabe donde.

Se avergüenza de nosotros porque dice que ella es una artista

y nosotros unos simples obreros pero yo no me cambiaría por ella.

La comprendo.

No, no es que sea mala, es estúpida.

Pero, ¿y usted de qué conoce a Laureta?

Perdone, he sido indiscreta.

No, Laureta es muy amiga de una chica que yo conozco.

- ¿Quién, Marina? - ¿La conoce?

Desde que nació.

Su madre era portera en Vía Tiburtina,

donde mi padre tenía una chatarrería.

Ella y Laureta puede decirse que se criaron juntas.

Pero, por favor, no le diga nada a Marina

de todo lo que le he dicho, se lo ruego.

No, no tema, ya no la veré más.

- Pero, ¿por qué? - No sé por qué,

pero presiento que es una historia que debe acabar.

- ¿Hace mucho que la conoce? - Sí, hace unos cuatro meses.

Yo acababa de llegar a Roma y ella solía ir a comer

a una pequeña tratoría cercana a la plaza de España.

Un día sonó la alarma, todos escaparon,

y nos quedamos solos. Ella se reía, no tenía miedo.

- Y usted se enamoró. - Sí, suele ocurrir.

Sí, suele ocurrir.

Pero no es una mujer para mí,

quizás si la hubiera conocido antes cuando vivía en Vía Tiburtina.

¿Qué tendrá que ver?

Una mujer puede cambiar, sobre todo si está enamorada.

¿Y quién dice que está enamorada?

¿Y por qué no iba a estarlo?

Dios mío, ni siquiera le he preguntado si quería un café. ¿Le apetece?

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