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ASESINATO EN LA CIUDAD DE YELLOWSTONE
CIUDAD DE YELLOWSTONE, MONTANA - 1881
CANTINA
HERRERO
-Buenos días, alguacil. -Buen día.
-Sheriff. Hola, Sheriff. -Buen día, amigos.
Las cartas son como el amor.
La esperanza nunca muere.
El pueblo es más seguro
cuando van a la iglesia todos los domingos.
Buenos días, sheriff.
Isabel.
Hora de ir a la iglesia, hijo.
Pa, tengo muy buenas cartas. Solo --
Dije que es hora de ir a la iglesia.
Pa, solo quiero terminar este juego
porque estoy un poco atrasado.
Estoy por ganar.
Ni te levantes porque estoy a punto de --
-Jimmy. -Lo voy a sacar.
-Jimmy. -Ahora, Jimmy.
Tiene razón. Es domingo. Ándale, vaya. Ahora.
Ándale, mijo.
Extraña a su...
Extraña mucho a su mamá.
Está perdido.
Necesita llorarla a su manera.
Sí, sí.
¡Emma!
Emma, ¡¿dónde estás?!
Emma, ¡mira lo que traigo!
¡Emma!
Ahí estás.
Mira.
¿Ves?
Te lo dije.
Te dije que lo encontraría, ¿no?
Y lo encontré.
Estas grandes necesitan purificarse.
Pero esto es oro puro.
Directo del suelo.
Somos ricos, nena.
Más ricos que nunca. Más ricos que todos.
Después de tanto tiempo, somos ricos.
¿Puedes creerlo? ¡Somos ricos!
¡Vamos, Gallo!
¿A dónde vas?
Al pueblo. Acabo de encontrar oro.
¡Vamos!
Muy bien. Muy bien. Siéntense.
CABALLERIZA
-Señora. -Buenos días.
¿Qué son?
Sombras, oraciones.
Algunos son recuerdos.
Otras, esperanzas.
¿Cómo se llama?
Barbary.
Barbary.
¿Por cuánto tiempo lo vas a hospedar?
¿Encontraré amigos aquí?
¿O lo necesitaré listo para partir?
Mis amigos son dueños de la cantina.
Si buscas amigos, ahí los encontrarás.
¿Qué se cree que hace?
Daría toda mi fama por una cerveza y seguridad.
¿Seguridad?
Los cobardes mueren muchas veces antes de su muerte.
Los valientes solo mueren una vez.
De todas las maravillas que he oído,
la más extraña es que los hombres teman ver la muerte.
El final necesario llegará...
cuando llegue.
Virginia.
¿De dónde eres?
¿Te quedarás un rato, o solo vienes de paso?
¿Qué hombre puede conocer el mañana?
Solo es casualidad,
determinada más por circunstancia
que por voluntad.
¿Qué significa eso?
Eso es poesía, Ginny.
Ten cuidado con eso por aquí.
A la gente le gusta entender cuando les hablas.
A mí me parece bonito.
Esta mañana quiero hablarles
de dos clases de riquezas.
El oro, el cual todos vinieron a buscar, y la gracia.
¿Qué es la gracia?
¿A qué nos referimos?
Se dice que la gracia no es otra cosa
que la fuente e inspiración de lo divino
trabajando en nosotros para inspirar nuestras virtudes.
Mientras están trabajando en la montaña,
recuerden que el oro terrenal sin la gracia divina
es oro falso,
y solo trae destrucción y desastre.
¡Sí! ¡Oigan todos!
¡Escuchen! ¡Encontré oro!
¡Salvé al pueblo! ¡Es un milagro!
Está bien.
¡Todos salgan!
¿Están en la iglesia los domingos?
Ey, Dunnigan, estás perturbando la paz.
Quiero perturbar más que la paz, alguacil.
¡Acabo de encontrar oro!
-¡Vengan, salgan! -¿Qué hacen?
Salgan. Vengan acá.
¿Vino a beber?
No, alguacil.
No lo creo.
¿Qué tan rico eres?
Somos ricos.
¿Me vas a dar un poquito?
Cuidado. Él sabe a lo que vino.
Todos, vengan acá.
Venga, bebamos. ¡Yo pago!
¿Qué mentiras les has contado?
Edgar, ¿qué te parece?
¿Crees que con esto pago por todo el pueblo?
¿Qué crees? ¿Crees que me voy a creer --?
Vaya mierda.
Maldición. Mickey. Mickey.
¡Serviré bebidas!
¿Explotaste la montaña?
¿Fue lo que oí esta mañana?
Sí, tuve un presentimiento.
Mi esposa necia siempre me decía
que no tendría resultados.
"Ríndete", me dijo. "Vámonos a Oregón".
Si te vas a Oregón, te mato.
No me iré a Oregón.
Le dije: "Emma, cállate, porque sé que servirá".
Y vine al pueblo por la dinamita.
Lo recuerdas, ¿no, Wilcox?
Claro que sí.
Me dijiste que no tenía dinero para dinamita.
Y tenías razón.
Así que te lo cambié por el reloj de bolsillo de papá.
Aquí lo tengo.
Y me diste dinamita extra para la buena suerte.
Y eso no lo olvido.
Así que te diré lo que haré.
Te ofreceré comprar ese reloj de oro
por un precio que te deje ganancia.
¿Qué te parece?
Maldición.
Porque exploté esa dinamita.
Oh, Dios, me dio más oro del que han visto en su vida.
Habrá que trabajar mucho para sacarlo del suelo.
Tenemos que construir una mina nueva,
lo que significa que todo el que quiera tendrá trabajo
por muchos años.
¡Sí!
Todos los que se fueron van a regresar.
Y todas las ventanas cubiertas
estarán llenas de cosas elegantes que vender.
Edgar, ese teatro que no acabaste de construir,
más vale que practiques tus líneas, amigo,
porque estarás en el escenario
gritando Shakespeare antes de lo que te imaginas.
Algunos nacen como grandes.
Otros logran la grandeza.
Y a otros se les echa la grandeza encima.
¡Te dije que has estado practicando tus líneas!
¡Por nuestro pueblo!
¡Por nuestro pueblo!
Y el éxito que hemos esperado.
¡Sí!
¡Mentiras, Dunnigan!
Te oigo hablar mentiras, y no me gusta.
Verte pagarle a Edgar, cuidar de tu ramera, Isabel,
velando por las provisiones generales,
Wilcox con ese reloj tuyo.
¿Qué de lo que me debes a mí
por lo que perdiste en la mesa, eh?
Bien, ahora --
Edgar, ¡no te metas en esto!
¿Qué de lo que me debes a mí?
A mi parecer, no fueron juegos justos, Harding,
así que no te debo nada.
No. Estamos celebrando.
¡No lo toleraré!
Un hombre encuentra oro y ahora cree
que puede hacer lo que quiere.
Me debes, y te lo voy a cobrar.
¿Quieres bailar?
Si pones tu dedo en el gatillo
te dispararé entre ceja y ceja.
Dunnigan, jugaste cartas y perdiste.
Jugaste otra vez y volviste a perder.
Si te acusan de trampa, lo discutes ahí mismo,
no cuando te exigen que pagues.
Págale.
Bien.
Mickey.
¡Disfruten!
No sé.
Pasé tanto tiempo tratando de encontrar oro.
Jamás pensé en qué haría si lo encontraba.
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