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Érase una vez una hermosa joven que creció
apartada del mundo en un convento al borde del mar.
¡Marie-Josephe!
¡Marie-Josephe!
Su existencia había de mantenerse en secreto,
pues era la hija del rey.
¡Marie-Josephe!
Desde que era pequeña, sentía una fuerte atracción por el agua,
para angustia de las estrictas monjas
que hacían lo que podían para protegerla del mundo exterior.
¿Cuántas veces te hemos advertido que no nadases en el mar?
Muchas veces.
¿Acaso mis anteriores castigos...
como privarte de montar a caballo...
o quemar tu violonchelo no han sido suficientes?
Es la voz de Satán la que te empuja hacia sus impías aguas.
No... Abadesa, es atracción por la naturaleza.
Silencio.
-Pero lo es. -¡Silencio, he dicho!
Mientras tanto, en el Palacio de Versalles, el padre de Marie-Josephe,
el rey Luis XIV de Francia,
había regresado victorioso tras una costosa guerra que había durado años.
Nuestras tropas han luchado con gran valentía y destreza.
Pero el mayor honor para mí
ha sido poder luchar a su lado...
Pero Francia seguía teniendo enemigos.
Mi rey...
Y esa noche, el hombre conocido como el rey Sol,
se dio cuenta de que ni siquiera él viviría para siempre.
Bien...
¿Por dónde iba?
Unos centímetros más...
-Y habría alcanzado el corazón. -Francia no podría...
Quedarse sin vos.
Sin mencionar lo solo que yo iba a quedarme.
Eso podría tener solución.
He estado investigando ciertas propiedades...
De una criatura marina legendaria.
¿Un pez?
¿Esa es vuestra solución?
Si se trata de la mortalidad del rey...
Podría tener la respuesta.
Y así, el rey Sol ordenó una arriesgada expedición
para encontrar la ciudad sumergida de Atlántida
y sus sirenas de cuento,
creyendo que esas extrañas criaturas poseían la clave de la vida eterna.
¡Sujete las cuerdas, capitán!
¡Ahora mismo!
Para llevar a cabo dicha misión, enviaron a un valiente capitán
en búsqueda de los rincones más recónditos de la mar.
Lo he visto.
Rumbo norte.
¿Estás seguro?
Solo si crees en cosas increíbles.
¡Cargad cañones!
¡Cargad cañones!
¡Bajad las redes!
Tiradlas... ¡Ahora!
¡Fuego!
¡Fuego!
¡Lanzad!
¡Lanzad!
¡Arriba!
¡Nos va a matar a todos!
Solo necesitamos a la hembra.
Deja que el macho se vaya.
Entonces, el capitán Yves De la Croix
hizo correr la noticia hasta llegar a Versalles,
a través de las palomas mensajeras reales.
BASADA EN LA NOVELA LA LUNA Y EL SOL
¡Buenas noticias, majestad!
El barco de De la Croix pone rumbo a casa.
En posesión de la milagrosa criatura.
El próximo eclipse será el momento perfecto.
Los libros son claros sobre estos temas
y especifican que la criatura debe ser sacrificada cuando la luna
pasa por delante del sol para transferir su regalo de la vida eterna.
Quizá deberíamos contener nuestro gozo, doctor Labarthe,
hasta que sepamos que esto no es ficticio.
Relajaos, padre.
Estoy seguro de que el doctor no arriesgaría su reputación
por estas excéntricas afirmaciones,
si no estuviese completamente seguro.
¡Tierra a la vista, capitán!
El ministro más cercado al rey tenía muy serias dudas
sobre el plan de la sirena ideado por el doctor real,
y el destino quiso que pidiera a la hija del rey
que asistiese personalmente a la celebración del próximo eclipse solar.
¿Padre? Ha llegado la respuesta del convento.
Pásame los archivos.
La abadesa no puede esperar a concedernos la petición.
Al día siguiente,
el padre La Chaise fue a rescatar a la hija perdida del rey.
Dando comienzo a la gran aventura de Marie-Josephe.
Se ha vuelto una insolente sin remedio.
Inmune a cualquier disciplina.
En vuestros informes se mencionaba un talento musical prodigioso,
un alma lista para entregarse a la devoción.
En su infancia, sí, pero se ha convertido en...
Querida abadesa...
Necesito saber si sus talentos serán bienvenidos...
en la corte.
Es hora de irte, Marie-Josephe.
¿Adónde me voy?
Al más deslumbrante infierno...
Donde sin lugar a dudas prosperarás.
¿Servís al rey?
No, yo trabajo para el rey.
Solo sirvo a Dios.
¿Me lleváis a conocer al rey o a Dios?
Había oído hablar de Versalles.
Pero nunca imaginé que sería tan...
¿Magnífico?
Como un sueño.
Magali, por favor.
Marie-Josephe d’Alembert.
-Esta es Magali. -Bonjour.
Muéstrale su habitación.
No, no os alojaréis en el chateau.
Por aquí, madeimoselle.
Señor, es la hora.
¡Me aburre!
Hasta yo podría componer mejor música que esa.
Quizá deberíais componer vuestra propia música, majestad.
Quizá debería ser mi propio cura.
Buscadme un compositor que tenga gancho, original.
Sin prisa.
Sin prisa, ¿habéis dicho?
De inmediato.
¿Empezamos el día?
Perdonadme, padre, porque he pecado.
Anoche compartí alcoba con madame Scarron.
Devereaux.
Era madame Devereaux.
No lo creo.
Devereaux es una intelectual.
Y también es morena.
Perdonadme, padre porque he pecado.
Anoche compartí alcoba con madame Devereaux.
Quedáis perdonado.
Ganar una dependencia tan rápido es una proeza.
No me he ganado nada.
La humildad no os llevará a ningún sitio aquí en la corte.
La arrogancia y la bravuconería son la norma.
Mira a esa chicas. Yo no pego aquí.
Pues yo creo lo contrario.
Todos los aposentos de las damas dan al este.
Así siempre se despertarán con un rayo del rey.
Es la última pieza que compuso en el convento, su majestad.
Pero no seré yo quien juzgue si sus habilidades son suficientes.
Talento no le falta.
Y recordad que no ha recibido formación alguna.
Hablo de talento, de lo que uno lleva dentro.
La veré mañana.
Y recordad, nadie debe saber que es mi hija.
¿Cuánto tiempo estuvisteis en el convento?
Siempre. Nunca conocí a mis padres.
-¿Os apartaron de ellos igual que a mi? -No.
Me dejaron allí.
Qué poético.
Los traumas de la infancia siempre inspiran grandeza.
A veces creo que el trauma fue mayor para la abadesa que para mí.
Su majestad, el honor de esta mañana se lo otorgo a monsieur Jean-Michel Lintillac,
hijo del exportador de encaje, Pierre Lintillac.
Un honor postrarme ante la luz del rey Sol.
-En cualquier caso: "La luz de Francia". -¡La luz de Francia!
Mi agradecimiento...
A nuestra nación por vuestro reciente triunfo militar.
Es el triunfo de Dios.
Y...
De nuestros soldados.
Este presente es en honor a su próximo cumpleaños, majestad...
La posesión más preciada de mi padre.
Forjado con diamantes de China.
Cómo odio los cumpleaños.
Me recuerdan que soy mortal.
También pueden ser señal de la inmortalidad de vuestra alma, majestad.
Mi alma no me preocupa. No por ahora.
Contadme, ¿cómo está vuestro padre?
Está listo para dejar este mundo.
Ya veo.
Quizá podamos hacer algo de provecho con el chico.
¿Como qué?
La guerra ha mermado los fondos de la corona.
¿Por qué no le damos la vuelta al chico a ver qué cae de los bolsillos?
Está a punto de heredar una fortuna...
Estáis siendo enigmático, padre,
eso es inapropiado en alguien que no sea yo.
¿Creéis en las casualidades?
¿O en el destino?
¿Por qué me mira todo el mundo?
Las apariencias lo son todo.
-¿Las apariencias? -Sí, madeimoselle.
Prefieren cotillear sobre vos
a reflexionar sobre la frivolidad de sus propias vidas.
Que te echen de un convento es de todo menos un cuento de hadas.
Quizá, pero el hecho de que el rey os trajera aquí,
os convierte en un objeto de intriga.
Por detrás únicamente de la sorpresa
que tiene planeada para el próximo eclipse.
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