The first 200 lines.
Concerto Campestre - CONCIERTO CAMPESTRE -
Un día andando a caballo, dando una vuelta por el campo...
escuché un sonido.
Un sonido que venía de allá lejos, de la divisa.
Era algo maravilloso, muy delicado...
una melodía que tocaba el corazón.
Mientras escuchaba...
percibí que había mucha sabiduría en aquella música.
Los músicos eran indios misioneros...
que habían aprendido a tocar con los padres.
Estaban débiles, les di casa, comida.
Quedaron por aquí.
Tocaban para mí todos los días, bien de tardecita.
Ellos iluminaron mi vida.
Pero corrió la noticia y otros fueron Llegando.
Vagabundos. Escoria.
Paraban por aquí, tocaban por un plato de comida.
Muchos quedaron. Ahora no sé qué hacer con ellos.
Creo que voy a formar una orquesta.
Claro, Mayor.
Una orquesta chica, pero que traiga un poco de alegría...
un poco de civilización a estas tierras.
Para eso, necesitaríamos un maestro.
Naturalmente. Yo tengo un maestro.
Y él, ¿trabajaría para mí? ¿ Con estos músicos?
No le queda otro remedio.
Pero, aparte de la ayuda de Dios...
necesito de la suya también, Mayor.
Che Bayano...
tú estás libre gracias al Mayor.
Pero si te volvés a hacer el gallo...
con la mujer de los otros...
va a ser tu última vez.
El Mayor Eleuterio y yo ahora somos responsables por usted...
¿entendió?
No vaya a traicionar nuestra confianza.
Usted sabe que soy un hombre de palabra.
Pero, ¿qué quiere este hombre de mí?
Formar una orquesta. ¿Le agrada la idea?
¡Es el mayor sueño de mi vida!
El mayor Eleuterio es un hombre rígido, pero es justo.
Trátelo con mucho respeto.
Y otra cosa: Olvide a las mujeres de su casa.
Todas.
¿Me da su palabra?
Es suya, Padre.
¡Nana!
¡Nana!
Calma, niña, calma.
¡Es que viene un hombre por el río!
Debe ser el tal Maestro.
Si es quien estoy pensando, mejor que te alejes de él.
¿Por qué?
Dicen que estaba en la cárcel. Y tu padre lo libró.
- ¿ Qué hizo? - Ah, no sé.
Pero buena cosa no fue.
El Padre me dijo que sos bayano.
Exactamente.
- Conocés el dicho. - ¿ Cómo?
Bayano, caballo tubiano y castellano...
sólo nace bueno por engaño.
No es tu caso, espero.
Bueno, Maestro, aquí están tus aposentos.
¿ Y con qué músicos voy a formar esta orquesta?
Pronto, pronto los vas a conocer. Vení.
Aquí están los instrumentos.
Vinieron en carreta directo de Montevideo.
Pagué más de ciento ochenta novillos por ellos.
Espero que demuestres que valió la pena.
Haré lo posible, Mayor.
Dos cosas: Severidad y virtud.
Severidad para enderezar a estos degenerados...
que viven conmigo y piensan que son músicos.
Virtud, para salvar el pellejo. ¿Entendiste?
Vamos! De pié! Todos de pié!
Maestro, éstos son tus músicos.
Escuchen bien. Éste es el Maestro.
Es un gran músico. Vino de lejos.
Se va a encargar de la disciplina...
y hará que ustedes toquen bien.
¿Entendieron?
Bueno, Maestro, te dejo al comando de esta indiada.
¡Pero algunos siquiera pueden mantenerse en pié!
Correcto, correcto. Tú vas hacerlos andar derecho.
¡Eso es imposible! ¿ Cómo puedo con esta gente...
hacer una orquesta como usted quiere?
¡Escuchame! Cuando llegué aquí...
no había nada, ni este saladero...
ni este ganado, ni estos esclavos.
¿ Sabés cómo conseguí todo ésto?
Con trabajo, con disciplina.
Usando el arreador cuando fue necesario.
Andá a trabajar Maestro.
Que idea la de tu padre.
Poner este hombre dentro de casa.
¿ Y las ropas que usa?
¡Parece un marica!
¿Hace mucho ruido?
Creo que deberías cambiarte de cuarto.
¿ Yo? ¿ Cambiarme de cuarto?
¡Ni lo piense! Soy la hija del dueño de casa...
y si alguien tiene que cambiarse, es él.
Pero no se escucha nada, mamá.
¿ Usted no me dijo que sabía tocar la Ciacona, de Bach?
Esa es la parte que sé.
El siguiente.
¿Nombre?
¿ Cómo?
¿ Cómo se llama?
¡Ah! Trindade.
Soy medio sordo de este oído.
Entonces toque.
¡Basta! ¡Basta!
El siguiente.
Usted tiene cara de músico.
¿ Cuántas vinieron?
Unas cuarenta. No sé exactamente.
- Cuarenta y tres, patrón. - Cuarenta y tres.
Silvestre, así el Barón de Tres Ríos...
se levanta de la cama y te retira la administración.
Tené cuidado.
Negocios con usted ni me preocupan.
Tu tío, el Barón, ¿sigue en cama?
Ya ni se levanta más.
Si sigue así, no pasa del invierno.
Triste.
- ¿Es verdad lo que se comenta? - ¿ Y qué es lo que se comenta?
Que usted está formando una orquesta.
Es verdad. Quiero traer un poco de civilización a estas tierras.
Ah, bueno. Están diciendo también que está quedando loco.
¿ Sí? Con el tiempo, ellos van a ver quién es el loco.
- ¿ Y Clara Victoria? - Está bien. Está en casa.
Vayamos a almorzar y allá hablás con ella.
¡Ésto no es para comer todavía!
¡Mi Dios! ¿Por qué tanto alboroto?
Silvestre viene a almorzar.
Vino a traerle un ganado a tu padre.
Silvestre es un pesado.
Dale gracias a Dios que él todavía no se casó.
Es el mejor partido de estos alrededores.
Doña Brígida tiene toda la razón.
Y tu deberías aprender a cocinar.
Vaya que otra se adelante y se casa con él.
Por mí.
Yo creo que Clara y Silvestre nacieron uno para el otro.
¿Te acordás hija, cuando jugaban en el potrero?
¡Ay, mamá! ¿ va a contar todo otra vez?
Doña Brígida, con permiso.
- ¿El Mayor está en casa? - No. ¿ Qué pasó?
Se escaparon dos esclavos.
Cruzaron el arroyo y se fueron.
Y ese sinvergüenza de Juan Congo está metido en eso...
pero se hace el tonto.
El Mayor no está. Cuando llegue le cuento.
No es necesario.
Lo que Salvador dijo, ¿es verdad, Juan?
¡Habla! ¿Perdiste la lengua?
¡Aten a este negro al tronco!
¡Clara Victoria! ¡Para adentro!
Vamos a ver si este negro habla o no habla.
Los tiempos son otros, Mayor. Es necesario progresar.
Se hace cada vez más difícil conseguir buenos esclavos.
Tenés razón.
El almuerzo estaba excelente, señora.
¿Le gustó?
El postre fue Clara Victoria que lo hizo.
- No lo puedo creer. - ¿ Qué es lo que no puedes creer?
Está muy rico.
Ah, vamos a enloquecer con estos músicos de mierda.
Mamá.
Empiezo a creer que tienen razón los que dicen que estoy loco.
¡Pues echalos de una vez!
¡Quien no le guste, ahí está la puerta!
Vamos a dar un paseo, Silvestre.
Con permiso.
¡Maestro!
Silvestre, éste es el Maestro.
Es el hombre que está intentando que esta indiada toque bien.
Por lo visto, falta mucho.
Yo no tengo apuro, Silvestre. La paciencia es una virtud.
No hay dudas de que usted tendrá que tener mucha paciencia Mayor.
Con su permiso, Mayor.
Andá muchacho, andá con tus músicos.
Nadie con algo de juicio podría imaginar...
que se puede formar una orquesta con músicos como ustedes.
Y si quieren saber, ni yo mismo.
Pero, si estamos aquí...
es porque probablemente no nos quieren en otro lugar.
Y les voy a decir.
Vamos a formar una orquesta aunque nos sangren las manos...
aunque quedemos sordos y nos volvamos locos...
¿ Y saben por qué?
Porque tocar en esta orquesta es todo lo que nos queda.
Cuando terminemos, ustedes sabrán tocar tan bien...
como saben decir sus nombres.
Aunque tengamos que quedarnos aquí todo el año.
Ahora tomen sus partituras.
Joseph Haydn!
Mierda...
va a ser peor de lo que pensaba.
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