The first 200 lines.
La historia que voy a contar es real. Hasta donde yo sé.
De acuerdo.
La gente se gira y te mira como si fueras del Zoológico.
- Tranquila, lo soy. - No creo que sea seguro para ti.
- No bajes hasta que te lo diga. - ¿Vas a salir?
Tranquila, estaré bien.
- Cuánta alegría. - Ha sido la primera victoria.
Allí podrás ver a más gente.
Jennifer, soy yo. ¿Puedes llamarme, por favor?
No creerás lo que he encontrado.
Es la historia que escribiste. Estoy preocupada.
Tenemos que hablar. Aunque no sé ni dónde estás.
Te lo mandaré por correo urgente. Quiero que lo leas. Llámame.
Hola, cielo. Ya estarás en el avión, ¿no?
Ten un buen viaje. Te veré cuando vuelvas. Te quiero.
Creo que mi pareja es especial porque creo que es el único...
al que he amado de verdad durante diez años.
- ¿Quieres tener hijos? - A veces tengo prisas por tenerlos.
Pero luego se me pasa. El lunes tengo una reunión.
El martes, una manifestación. El jueves, una reunión con el Banco.
Cielo, traigo regalitos.
- ¿Me has comprado algo? - Sí.
- Estás en las nubes. - No es eso, es sólo que...
Perdona, estaba pensando en mi madre.
Me ha estado llamando...
Leyó la historia que escribí cuando era niña sobre mi primer novio.
Y no le dije nada porque él era mayor que yo.
Así que está intentando contactar conmigo.
- Cielo. - No había grabado antes en Atlanta.
- ¿Lo tienes todo? - Sí.
- Qué emoción. - Va a salir de maravilla.
- Ha llegado esto de tu madre. - ¿Sí?
- Te echaré de menos. Te quiero. - Te quiero.
- Volveré el martes. - De acuerdo.
Necesito que comas un poco.
¿cumple con los requisitos de protección?
Sí. Necesito que sea tasado.
Mandaré a alguien a finales de la semana. Sí, claro.
Quiero comenzar la historia contando algo hermoso.
- Hola. - Me tenías preocupada.
- ¿Lo has leído? - ¿Dónde lo viste?
En una caja del trastero. ¿Qué importa dónde lo encontré?
Lo que importa es lo que pone. ¿Qué pasó?
- ¿De qué hablas? - Me mentiste todos estos años.
Mamá, no te lo dije porque sabía que reaccionarías así.
- ¿Es que soy tonta y no lo entiendo? - No, no he dicho eso.
- Encontré a Bill en Internet. - ¿Qué?
Ahí está. A ojos de todo el mundo.
Igual de famoso. Voy al despacho, espera.
- Espera un segundo. - Mamá, ¿de qué hablas?
- ¿Intentaste contactar con él? - No, creía que estaba muerto.
Sólo tienes que escribir su nombre.
¡Dios mío!
- Está muy mayor. - De ella no encontré nada.
Pero conozco a alguien que me llevó hasta Becky Davis.
Sí, estuvo allí aquel verano.
Sí. Y vive en Fairview.
- ¿De qué hablas? - Llevas unos dos meses sin ir.
- Me vendría bien tu ayuda. - ¿Qué haces?
Quizá conozca a alguien que nos lleve a la Sra. G.
Este fin de semana no puedo.
Debo evaluar unos trabajos y Martin quiere que veamos unos sitios.
Tienes 48 años y llevan tres comprometidos. No se irá.
- Mañana te llamo, ¿de acuerdo? - De acuerdo, te quiero.
Te quiero, adiós.
Quiero comenzar esta historia contando algo hermoso.
Conocí a dos personas especiales a las que quise mucho.
Imaginen a una mujer casada y a un hombre divorciado.
Compartiendo sus vidas en una amistad íntima.
Amándose con toda su alma, pero sin acercar sus cuerpos.
Pues yo soy parte de ellos dos.
Tengo la suerte de poder compartir su amor.
Cuando estoy lejos de ellos, la Tierra parece temblar.
Y a menudo temo desaparecer.
Qué rapidez. ¿Has recapacitado?
- Estás equivocada. - ¿En qué me equivoco?
La Sra. G era increíble.
¿Leíste lo que puso tu Profesora detrás? ¡Léelo ahora!
"Si lo que pones es verdad,
diría que unas personas mayores se aprovecharon de ti.
Pero es cierto que tienes unas emociones estupendas...
en tu camino a la femineidad".
Hasta tu Profesora lo supo y no me lo dijo.
¿Puedes dejarme tranquila con mis recuerdos?
- No, quiero que los atajes. - Mamá, por favor.
Me dan ganas de verla.
- ¿Quién eres? - Jennifer.
- ¿Quién? - Jenny.
La chica que iba a venir a tu casa.
Ah, Jenny. Has venido para pasar aquí el verano.
¿Me recuerdas?
Claro que te recuerdo. Te dí algunas clases.
- ¿Tengo talento? ¿Soy buena jinete? - No, no diría eso.
No de forma innata. Aunque tu familia es rica.
- Judíos. - ¿Judíos?
No ví ninguno hasta que vine a EE.UU.
Los Judíos no montan a caballo. ¿Los has visto competir?
Creo que lo pasaré por alto.
- ¡Hola! - Debes de ser Jane.
- Soy Aaron, me alegro de verte. - Es un placer.
Por fin, tras muchas llamadas.
- Jenny, ¿qué tal estás? - Bien, ¿y tú qué tal?
- Llevémoslo al establo. - De acuerdo.
Mamá, ¿cuál era la dirección de Becky? ¿Puedes mandármela?
¿Por qué cuentas esta historia, Jenny?
Siempre quise tener algo que contar, pero nunca me pasó nada.
- Qué sitio tan bonito. - Gracias.
Era la mujer más linda que había visto.
- Qué bien que esté aquí. - Mi padre se enamoraría.
Todos lo hicieron. Hasta yo.
- Esta tarde vendrán otras dos chicas. - Ya veo.
Es estupendo. Es un buen número.
No son demasiadas de las que estar pendiente.
No entendí a Jenny con lo del caballo.
- ¿En serio? - Su madre sigue sin entenderlo.
Ahora veo que le viene bien.
- Un Judío no podía montar en Rusia. - ¡Papá!
No podía estar por encima de un ruso.
Pero su tataratío era muy alto. Y montaba a caballo.
- Papá, por favor. - ¿Qué?
¿Lista para trabajar estas semanas?
- Sí. - Bien, en marcha.
Toma la ensalada, Franny. Ustedes tomen el resto. Gracias, Becky.
¿Y tú, gatita? Eso quema, usa los guantes.
Nunca jamás pongas la masa en el fondo, se reblandece.
Las pasas y eso son el secreto de la tarta de manzana.
No se lo cuentes a nadie. Vete ya.
Estamos encantados de recibirles en lo que será un gran verano.
- Franny, ¿puedes bendecir la mesa? - Sí.
- Mamá, ¿puedo hacerlo yo? - Raymond.
Claro.
Bendícenos a nosotros.
- Señor. - Señor.
Y a estos alimentos que vamos a comer.
Y gracias por los amigos y la familia que se han reunido aquí...
¿Cómo cambia la gente?
De niña, estaba obsesionada con cambiarme.
Ahora ni recuerdo cómo llegué aquí. O cómo era antes.
- Vaya, mírate. - Es curioso.
No recuerdo nada de lo que me enseñó la Sra. G sobre montar.
- Sí recuerdo cosas sobre disciplina. - Sí, yo también.
Su idea de que aguantar el dolor te hace mejor.
Dejé allí mi caballo tras aquel verano.
Qué suerte.
- Pasaste más tiempo con ella. - Sí.
Mis padres no me habrían dejado quedarme.
Era hija única, me vigilaban como si fueran halcones.
Como nosotros éramos cinco, no se daban cuenta si no estaba.
Encontré fotos de aquel verano.
- Qué bien. - Quizá querrías verlas.
¿Viste a la Sra. G en las pruebas de equitación?
Ví a Franny hace unos años.
- ¿Sí? - Dijo algo sobre la Sra. G.
Qué linda era. También hay algunas geniales de Franny.
Pero no encontré ninguna tuya.
Eras muy pequeñita, más pequeña que Franny y yo.
- ¿Sí? - Casi parecías un niño pequeño.
- ¿Qué? - Y temerosa, apenas abrías la boca.
No sabía que estabas aquí.
"Hola, madre". "Hola, Jennifer".
- Busco fotos del año '73. - En ese álbum no. Mira aquí.
Sí. Mírame.
No, eso es de después, del '75. Aquí ya tenías 15 años.
Te enseñaré algunas fotos tuyas con 13 años. Mira.
Aquí tienes 13 años.
- Qué pequeñita era. - Sí.
- ¿Por qué cuentas la historia? - Siempre quise contar algo.
Pero nunca antes me había pasado algo.
Eso quema. Cuidado. No se lo digas a nadie. Es nuestro secreto.
- ¿Puedo hacerlo yo? - ¡Raymond!
Bendícenos, señor.
Y a esta comida que vamos a comer. Gracias por...
Quiero comenzar esta historia contando algo hermoso.
¡Arriba! Hora de correr.
Te veo en el auto en 10 minutos. No tardes.
Era la mujer más hermosa que había visto.
Toda chica quería ser como ella.
Becky y Franny querían. Y yo.
Buenos días.
Correremos cada mañana con Bill antes de montar.
Qué suerte tienen. Bill es un gran entrenador.
Les enseñará a sobrepasar el límite del cuerpo.
Correr nos da resistencia. Nos hace grandes jinetes.
- Buenos días. - Buenos días, chicas.
- Estas son Franny, Becky y Jenny. - Hola, Bill.
Encantado. Jane me ha hablado de ustedes.
Vamos allá. Jane, ve tú delante, yo iré detrás.
Veamos primero cómo se las arreglan.
- Vamos, chicas. - De acuerdo.
¡Yo soy Nouga, ustedes son Neets! ¡Si digo Nouga, digan Neets!
- ¡Nouga! - ¡Neets!
- ¡Nouga! - ¡Neets!
Franny, lo haces genial. Ve andando unos minutos.
Bien, Jenny. Iré con ellas, les veo en la cima.
- ¡Nouga! - ¡Neets!
- ¡Nouga! - ¡Neets!
¿Martin?
Franny.
Es curioso cómo ves a la gente en tu mente.
En tu interior, siempre son iguales.
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