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EL INCOMPRENDIDO
¿Y los niños dónde están, Duncombe?
No están aquí.
Hice que se marcharan
a casa de los Gill.
En cuanto comprendí que ya no había esperanza.
Todavía no saben nada.
A Andrea se lo diré.
Andrea es un chico mayor.
No sé cómo, pero encontrará el valor.
Milo...
Trataremos de distraerle.
Cree que aún está de viaje.
Seguramente ha llegado ya la niñera.
Le prestará un gran servicio.
Es una mujer seria, con experiencia.
Milo es tan delicado,
tan frágil...
Igual que su madre.
Téngale a su lado, él necesita de usted y usted necesita de él.
Bien.
Dé las gracias en mi nombre a todos ya la comunidad inglesa, por favor.
- Descuide. - Gracias.
- Lleve a casa al pastor. - Sí, señor Cónsul.
Más cerca, más cerca.
¡Niños! ¡Milo, Andrea!
¡Mirad quién está aquí!
¡Dora, Dora!
- Corre, caballo. - ¡Dora!
¡Dora!
- Hola, Dora. - Hola, Andrea.
- ¿Cuándo has llegado? - ¿Cuándo has llegado?
- ¿Vuelves con nosotros? - ¿A cuidamos otra vez?
No puede ser, diablillos. ¿No sabéis que ahora tengo un marido?
Si le dejo, ¿quién le cuidará, el perro?
No, he venido a haceros una visita.
Suénate. En la fiesta de los mocosos, te van a dar un premio.
- Estoy resfriado. - Son las nueve.
En marcha, niños, os llevaré a casa. Vamos.
¿Ha vuelto mamá?
No, todavía no.
Despedíos de la Sra. Gill y dadle las gracias.
- Adiós, Milo. - Dora.
Adiós, Andrea.
Hasta la vista, Sra. Gill.
Y muchas gracias.
Hasta la vista, Sra. Gill, y muchas gracias.
A ver quién llega primero.
Milo, te doy cinco metros de ventaja.
No, diez.
- Diez. - ¡Bien!
Cinco, siete, ocho, diez.
¡Vamos!
Milo, no corras, vas a sudar y estás resfriado.
No vale, ha salido antes.
'Papá, papa!
Milo.
¡Papá!
¿Cómo estás, pequeñín?
Bien. ¿Mamá se ha quedado en Londres?
Sí.
- ¿Por qué? - Aún tenía mucho que hacer.
¿Cuándo viene?
Pronto, pronto.
¿Dentro de cuántos días?
Pues dos o tres.
¿Qué tal en casa de los Gill?
Muy requetebién.
Qué vamos a estar bien. «Estate quieto, niño. Calla, niño.
No hables tanto, niño. No toques eso, niño».
Y tú tan formalito...
Mírele, señor Cónsul, pobre infeliz.
Si le hubieras visto, papá, hacía de explorador
y luego cayó en el Polo Norte y se hizo pedazos la camisa.
Buenos días.
¡No, la inyección, no!
- Milo. - ¡No quiero inyecciones!
No, no.
- Prefiero tomar pastillas. - No, Milo,
es vuestra niñera.
- Mírala. - Cielo.
- Va vestida de inyección. - No.
Venga, venga.
Le presento a mis dos hijos. Este es Milo y este es Andrea.
- Esta es la Srta. Luisa. - ¿A qué viene?
Pues porque tiene que vestirte y darte la comida.
Y además os hará campaña y 'mafia contigo.
Yo juego con Andrea.
Ven.
¿Y cuándo venga mamá qué va a hacer,
si todo lo hace ella?
Sé que enseguida seremos amigos. Y ahora Milo me va a dar un besito.
Toma.
Milo, ¿por qué?
La señorita es buena, sabe jugar a muchas cosas, ya verás.
Sí, claro.
- ¿Cómo Mary Poppins? - Eso es.
¿'Nenes el bolso mágico?
Tengo un bolso aunque no sé si es mágico.
Voy a acompañaros un poco. ¿Quieres darle la manita?
Claro, claro que me la da.
Eso es, qué rico.
Ven tú también, Andrea.
No, Andrea, espera.
Quiero hablar con él un momento.
Milo, sé obediente.
Tengo que decirte una cosa.
No es fácil para mí explicar lo que debo decirte.
¿Has visto? He tenido que contratar una niñera.
De ahora en adelante todo será muy distinto en esta casa.
Andrea.
Cuando os mandé a casa de los Gill,
hice que os dijeran
que mamá había tenido que salir de viaje.
Pero no era verdad.
Estaba aquí, en casa.
Enferma.
Y durante vuestra ausencia
se agravó.
Y luego...
Verás, Andrea...
Lo sé.
Los Sres. Gill lo dijeron en voz baja,
pero yo lo oí todo.
¡Estate quieto!
Es mejor así, Andrea.
Me gusta ver que tienes tanto valor.
Yo sabía que eras fuerte.
La prueba es que había decidido decirte
que mamá ha muerto.
Pero hasta este punto no podía imaginármelo.
Más vale así.
Todo te será más fácil en la vida.
Solamente quiero que me prometas una cosa.
Sí, papá.
Que no le dirás nada a Milo.
No, Papá-
¿Prometido?
Prometido.
Ahora vete, hijo.
Me parece que te hace falta un buen baño.
Sí, papá.
Lo sé, Will. Sé que de haber podido, habrías venido.
No te preocupes.
Sonrió hasta el último momento.
Aún no puedo creerlo.
¿Los niños?
No, Will.
Son pequeños. ¿Qué quieres que sientan?
IMamá, la...!
¿No ha venido papá?
No, ha tenido que quedarse en el despacho.
Esperaba una llamada de Londres.
Adiós, inglés.
¡Cierra, rápido!
Francini, baja si eres valiente.
De buena gana te bajaba a puñetazos.
Siempre tú, Francini, deja de armar jaleo.
Dame la gorra, imbécil.
Dame la gorra.
Señorito, no se ponga así, no haga caso.
Ya está hecho.
Al pasar, pare en la papelería de Vía Maggie, por favor.
A sus órdenes.
A propósito, ¿podría usted prestarme 180 liras?
A sus órdenes.
Tómala, rico, esta por amor al Niño Jesús.
Al Niño Jesús nunca le hacían comer estas porquerías.
¿No te da vergüenza decir esas cosas?
¡Ahí está, ahí está!
¡Andrea!
¡Andrea!
- Hola, Milo. - Cierra, que hay corriente.
Solo faltabas tú.
- ¿Lo traes? - Sí.
- Anda, vida mía, come. - No quiero.
Andrea, vete y déjale comer en paz.
Anda, precioso, toma la comidita que te pondrá bueno.
No, no me gusta. No tengo hambre, me da asco.
No comas, pero le enseñaré a tu padre toda la comida que has dejado.
Y tú, Andrea, no cierres la puerta, no te molestes.
¿Has visto como he sido un niño bueno? Me la he comido toda.
- Te la has comido tú. - No.
Muy gracioso. ¿Crees que has hecho una gran cosa?
Milo necesita alimentarse, estaba vitaminada.
Era una guarrería.
'Fene razón, ¿qué cosas le dais de comer?
Muy bien, sigue, dale buen ejemplo.
Hablaré también de ti con vuestro padre.
Milo.
¡Pero si hace dos días que no tengo ni pizca de fiebre!
Ahora lo vamos a ver.
Andrea tiene un arañazo en el cuello.
Sí, esta mañana hubo golpes, un chico me llamó inglés.
¿Es que no eres inglés?
Sí, pero él me lo dijo como un insulto.
Muy bonito. Desinféctate por lo menos.
Ven.
Mira qué línea.
- ¿Es estratosférico? - Claro, vale 180 liras.
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