The first 200 lines.
Mi queridísimo padre.
Tumbado en una sucia cama de 1,6 metros cuadrados,
mi padre me esperó todo el día.
Mi padre solo me esperó a mí durante todo el día.
En los últimos momentos antes de dejarme,
acostado en la cama donde había estado atrapado durante seis años,
¿qué le pasaría por la cabeza?
Reunió toda las fuerzas que le quedaban...
¿Dónde quería ir?
¿Le habría entrado hambre de repente?
¿Tenía tanto dolor que era insoportable?
¿O...
solo quería ir a casa?
Qué asfixiante debe haber sido...
Qué solo debe haberse sentido...
Qué asustado debe haber estado...
Cómo...
Cómo debió haberme esperado...
Esas eran las únicas cosas en las que podía pensar.
Eso me atormentaba.
Por eso me he alejado de ese día de esta forma.
Mi padre siempre me esperó ese día.
Todavía no sé qué es la muerte.
Tampoco sé qué es la vida.
¿Lo entenderé con el paso del tiempo?
Lo que es la vida y la muerte...
Lo que es el pasado y el futuro...
En los últimos momentos de la vida, todos estamos solos.
¿Llegaré a entenderlo?
¿Por qué morir?
No lo cojas y punto.
Toma.
Que se me cansa el brazo.
No es fácil cuando lo ves en persona.
Siempre se escuchan noticias sobre gente que se tira.
Este callejón
es por el que los niños van al instituto.
Los dejará marcados.
Tampoco será fácil limpiarlo.
Hace poco, un amigo mío se suicidó.
No saltó. Él...
Da igual.
Eh.
Creo que esto está encima de mi apartamento.
Si saltas, podrías chocar con mis cañerías.
Si quieres saltar de aquí,
tendrás que coger mucha carrerilla.
Así que...
Así que así...
Así son los humanos.
Normalmente no les importa.
Pero cuando parece que alguien está en problemas,
se acercan.
Son entrometidos por naturaleza.
¿Sabes?
Iba a comprar kimchi
cuando escuché gritos en la escalera de emergencias.
Luego te escuché gritando desde la azotea.
Así que te seguí.
Lo que quiero decir es,
que no le des mucha importancia
a que nos hayamos encontrado así.
¿Vives en la décima planta?
¿Por qué no te he visto antes?
¿Tú me has visto antes?
Mi padre vive aquí.
Tu padre.
Debe estar enfermo.
Te vi comprando gachas de avena.
Maldita sea.
Había hecho fideos instantáneos.
Voy a tener que hacerlos otra vez.
Tu padre estará preocupado.
Has salido a comprar gachas de avena pero no has vuelto.
También estará hambriento.
Bueno.
Voy a comprar kimchi.
Deberías...
¿Qué puedes decirle a tu padre?
Dile que fuiste a la azotea para tomar un poco el aire.
Entonces un chico entrometido,
pero bastante atractivo,
estaba montando un numerito, intentando suicidarse.
Al final no saltó, por lo que bajaste.
Nunca volverás a subir a la azotea.
Sí.
Queda bien.
Dejémoslo así.
Me voy.
Vivo aquí desde hace más de un año. No sabía que teníamos esto.
Gracias.
La próxima vez que nos veamos
deberíamos darnos los teléfonos.
O los KakaoTalk.
¿Te he despertado?
¿No te habías ido?
No. Te dije que me quedaba a dormir.
Pensaba que te habías ido a casa.
Vale.
Vuelve a la cama. Voy a lavarme y a acostarme.
No ha sido Jeong-su.
No ha sido él, no vayas a matarlo.
De acuerdo.
No ha sido él.
¿No me crees?
Está bien.
No importa. Yo soy la bruja.
No digas eso, por favor.
Vale.
Está todo solucionado, ¿verdad?
No lo tenemos muy claro.
Confío en ti, y eso sí que lo tengo claro.
Si no vas a entrar, voy a seguir duchándome.
¿Por qué te duchas en un sitio tan pequeño?
Dúchate en tu piso.
Mi piso también es pequeño.
Y este es mi piso.
El otro está a nombre de Jeong-su.
Este es mío.
Viví aquí durante siete años antes de que llegases.
Tienes razón.
Comprar un piso en Seúl fue una idea maravillosa.
Así la gente piensa que yo había comprado una casa en Seúl.
Es un estudio viejo y la mitad es del banco.
Pero tú pagaste la otra mitad.
Tienes baño, cocina,
caldera, ventanas y nadie a quien dar explicaciones.
No muchos pueden hacer eso sin la ayuda de sus padres.
Veo que ya estás mejor.
Te dije que no estaba enfermo.
Además,
sí tuve la ayuda de mis padres.
Cuando estaba estudiando en Seúl,
vendiste la finca familiar y pagaste mi alquiler.
Me desmayaba a menudo y me trajiste medicinas durante ocho años.
Esa propiedad era de tu abuelo, no mía.
Es lo mismo.
Por cierto,
¿cuánto dinero debes aún?
No quiero pensar en ello.
¿Cuánto es?
- Un poco. Un poco. - Cariño.
Por favor.
- Déjalo. - ¿Cuánto...?
Papá.
Tienes que comerte los huevos antes de que caduquen.
Es la fecha límite de distribución.
Puedes comértelos uno o dos meses después.
Te va a nacer un pollito en la nevera.
Si nace, lo criaré en la azotea.
La azotea no es tuya.
Es un decir.
No va a nacer. ¿Cómo va a nacer?
Es un decir.
¿Te pasó algo estando fuera?
¿Por qué?
Por nada.
Subí a la azotea a tomar un poco el aire.
¿A la azotea?
¿Por qué fuiste a la azotea de noche? Es peligroso.
Tienes razón.
De todas formas,
he decidido no volver a subir.
¿Conoces al hombre que vive al final del pasillo?
¿Al final del pasillo?
Coincidimos con él ayer en la entrada.
¿El mujeriego?
Sí.
¿Sabes qué?
Creo que ayer se fijó en mí por primera vez.
¿Habíais coincidido en otro sitio?
Bueno...
Lo vi cuando bajaba de la azotea.
Ya nos habíamos saludado y visto
en el ascensor antes varias veces.
Y por error,
nos llegó su factura, así que se la di.
Sí, me acuerdo.
Hasta sé qué tipo de fideos instantáneos come.
¿Cómo sabes eso?
Me lo dijiste tú.
¿Sí?
Dijiste que tira
diez o veinte cajas iguales de fideos instantáneos.
Ah, sí.
Es cierto.
Me acuerdo.
Pero él no se acuerda de mí.
No sabía que vivo aquí.
Pero vaya,
hoy me ha visto por primera vez.
Pues entonces es idiota.
No.
No es eso.
Ya conoces esa sensación.
Cuando estás, pero no estás.
No sé.
Es como si fuera invisible para él, papá.
Ahora que lo pienso,
yo era así cuando era joven.
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