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UN CORAZÓN VALIENTE LA HISTORIA DE LIZZIE VELÃ
ESCUELA PRIMARIA GALINDO
Recuerdo bien el primer dÃa de clases.
Este es el ala del jardÃn de niños.
Todos los alumnos se sentaban aquà y formaban una fila.
Y siempre me escondÃa detrás de estas cosas.
Me sentaba aquÃ.
Me ocultaba. Y luego otros niños venÃan a mirarme.
No eran agradables.
Los niños con los que jugaba, corrÃan.
Yo no podÃa correr tan rápido y me cansaba pronto...
o empezaba a toser y me frustraba.
Y para evitarlo, me quedaba allà sentada y eso me aislaba aún más.
Miraba a todos y solo deseaba ser ellos.
Solo querÃa que ellos me entendieran.
Nunca pensé que alguna vez podrÃa ser aceptada.
Pensar que 20 años más tarde,
el mundo sabe quién soy,
y es por algo bueno.
- ¡Lupe! - ¡Ven aquÃ, abuela!
Era un embarazo normal.
Todo estaba bien cada vez que iba.
No habÃa ninguna señal de algo diferente o que estuviera mal.
No me sentÃa diferente. No estaba enferma.
Nada. Yo engordaba y mi vientre crecÃa.
Yo estaba donde se esperaba que estuviera cada mes.
Las cosas iban bien durante su embarazo
y no habÃa señales de alarma.
La ecografÃa que Rita se hizo a las 12 semanas...
no indicaba la presencia de problemas...
al principio del embarazo.
Era muy pronto para dar a luz.
Estuvimos aquà en la casa...
y pasamos el dÃa en el Parque Zilker, caminando,
y esa noche empecé a tener contracciones.
Pensé que simplemente me habÃa excedido en el parque,
pero tuve contracciones continuamente durante la noche.
Entonces empezamos a sentir miedo.
Yo estaba un poco nervioso.
Recuerdo que transitábamos por la autopista a las 6:30,
estaba oscuro, Ãbamos al hospital.
HabÃa mucho silencio, aparte de tus dolores.
Llegamos a la sala de emergencias y me ingresaron enseguida...
porque tenÃa contracciones y tenÃa dilatación.
Recuerdo que decÃan que iban a traer al Superman de las ecografÃas.
Recuerdo que él estaba sentado allÃ, nos miró y nos dijo:
"Tenemos que sacar a este bebé esta noche".
Los médicos dijeron que nunca habÃan visto una criatura asÃ.
No sabÃan exactamente lo que pasaba con ella.
Lizzie era pequeña y tenÃa la apariencia...
de una piel de tamaño cuatro alrededor de un bebé de tamaño dos.
Lizzie no tenÃa un trastorno cromosómico especÃfico.
Y no recuerdo a ningún bebé que no haya tenido ningún diagnóstico.
Cuando desperté, Lupe estaba a mi lado y empezó a decirme:
"Ella es muy pequeña. Está en Cuidados Intensivos.
No sabemos qué va a pasar".
Los médicos me sacaron una foto Polaroid y se la mostraron a mi mamá...
porque pensaron que ella tendrÃa miedo de verme en persona.
TenÃa una frente gigante y aún la tengo.
Si pudiera, me hubiera hecho un flequillo cuando era bebé.
Esta foto me hace feliz.
La amaba. Yo estaba emocionado. No me importaba.
Para mà ella ya era Lizzie. Era nuestra hija.
Era pequeña. No importaba. Era nuestra bebé.
Nunca tuve la sensación de: "No puedo creer que nos pase esto",
o "¿Por qué nos pasó esto a nosotros?"
No veÃa el momento de llevarla a casa.
Vaya, un kilo doscientos.
Era un gran bebé.
Es extraño. ¿Escribieron esto cuando aún no tenÃa nombre?
Dice: "Nena Velásquez".
¿Asà me llamaron mis padres?
Nena.
Pero es curioso pensar que con esta tarjeta empezó todo.
Asà es como empecé, por medio de esta tarjeta.
Aquà viene.
- ¡Elizabeth! - Hola, cariño.
Básicamente todo lo que sabÃamos a lo largo de mi vida
era que yo tenÃa un sÃndrome por el cual no podÃa engordar.
¡Hola, Lizzie!
Está muy ocupada. ¡Hola, Lizzie!
¡Es delicioso!
El objetivo principal de los médicos era que ella subiera de peso.
Siempre habÃa una dietista, una nutricionista,
que nos decÃan qué batidos debÃa beber y qué comer.
Pasamos por todo eso.
E incluso asÃ, no aumentaba de peso.
Elizabeth...
Yo tenÃa miedo, pero tratábamos de mostrarle que no tenÃamos miedo.
Sobre todo cuando la internábamos para diferentes cirugÃas.
Mientras crecÃa siempre tenÃa algún problema.
Entraba y salÃa de los hospitales. Era una cosa tras otra.
Yo antes podÃa contar las cirugÃas que tuve en una mano.
Apéndice, intestinos, cirugÃa del pie, cirugÃa ocular,
cirugÃa de oÃdo, estudios, paneles,
resonancias magnéticas, tomografÃas de densidad ósea,
exploraciones DEXA de todo mi cuerpo. Es un lenguaje nuevo.
Muchos análisis de sangre, empezaban las intravenosas, una y otra vez,
porque tenÃa las venas colapsadas.
Me reconstruyeron todo el pie.
Porque mis dedos estaban trabados, asÃ.
Asà que mi médico me puso placas de metal aquÃ.
Me cortó aquÃ, no sé cómo se llama.
Me pusieron alfileres en cada dedo del pie...
para mantenerlos derechos.
Fuimos de nuevo al médico
y sacó todos los alfileres de mis dedos uno por uno.
Hasta el dÃa de hoy, me siguen haciendo pruebas.
Hasta que encuentren un diagnóstico, tengo que seguir adelante.
Yo siempre me digo para convencerme: "Se hizo una cosa más,
"fue horrible, pero ahora haremos algo divertido.
Sácatelo de encima".
QuerÃa hacer este video hoy para hablar sobre un tema...
que se fue totalmente de control.
El bullying. Sé que no es algo nuevo de lo que recién nos enteramos.
Nuestros abuelos, nuestros padres, nuestros amigos, nuestros hermanos,
incluso los chicos que creemos que tienen una vida perfecta,
también fueron intimidados.
Esto no es igual.
Esa era mi salón de clases.
Todos los niños llegan con sus padres.
Cuando Lizzie entró a mi salón de clases...
por supuesto llegó temprano porque su papá también era maestro.
Asà que Rita la trajo,
y recuerdo que fue a buscar su escritorio...
y a medida que la clase se llenaba,
otros niños entraron y se pusieron a mirarla.
En ese momento, yo creÃa que todos se parecÃan a mÃ.
No podÃa darme cuenta de que no se parecÃan a mÃ.
Me preocupaba más que no pudiera hacer amigos,
que fueran mala con ella o que no quisieran jugar.
O simplemente que le hicieran muchas preguntas...
que ella, siendo joven, probablemente no podrÃa responder.
Como: "¿Por qué eres as�" o "¿Qué te pasa?"
- No hablamos con ella de eso. - Nadie le preguntó nada asÃ.
- Yo pensaba: "No estamos allÃ". - SÃ.
Recuerdo que me acercaba a grupos de niños que jugaban
y ellos se alejaban,
como si yo no estuviera allÃ.
Yo, como profesor,
caminaba por el pasillo con mi clase
y nos cruzábamos con ella.
Yo la miraba para ver cuando los chicos pasaban a su lado.
Ellos se daban codazos, la miraban y hablaban entre sÃ.
La opción que tenÃa era decirles: "¡Paren! ¡Ella es igual a ustedes!"
Pero tenÃa que ser profesional y no podÃa decir nada.
Por dentro, se me partÃa el corazón.
No me decÃan nada.
Asà que no los entendÃa, veÃa que me miraban,
veÃa sus bocas moviéndose, pero no podÃa oÃrlos.
VeÃa que señalaban, pero no sabÃa si me señalaban a mà o no.
Creo que eso era lo peor,
porque surgÃan los pensamientos en mi cabeza,
porque no me decÃan nada a la cara.
Tengo miedo de abrir esto.
"Me pone triste cuando alguien me mira porque soy tan..."
No me gusta esa palabra.
Odio esa palabra.
"Me pone triste cuando me miran porque soy muy delgada...
y cuando algunos de mis amigos no son mis amigos y cuando la gente..."
"Y cuando la gente me enfurece".
Mi padre y yo empezamos a tener una rutina a medida que crecÃa.
El primer dÃa de clases iba a mi salón de clases
y nos parábamos adelante,
él me presentaba y les hablaba de mi sÃndrome.
Eso me ayudó mucho, fue una gran diferencia...
con los chicos de mi clase que me veÃan todos los dÃas.
Pero en cuanto salÃamos del aula,
aparecÃan de nuevo las miradas, las señas y los susurros.
Lo hice durante un par de años porque el jardÃn de niños fue muy duro.
En el segundo grado, me dijo: "Papá, ya no tienes que hacerlo más.
Yo puedo ocuparme sola".
Si sabÃa que algo estaba pasando, le decÃa a la maestra:
"No quiero meter a nadie en problemas,
pero ¿cómo podemos hacer de este un momento pedagógico?"
En la secundaria no podÃa hacer eso,
y me daban ganas de vomitar en el primer dÃa de clases...
porque no podÃa estar allÃ, y yo estaba en mi escuela...
y ella estaba en la secundaria.
Llamaba a Rita cada 30 minutos.
"¿Sabes algo? ¿Te llamaron de la escuela?"
El administrador me dijo que iba a recibir a una estudiante...
que tenÃa algunas necesidades especiales.
Solo me dijeron que tenÃa una discapacidad visual.
Cuando ella entró a mi salón de clases,
inmediatamente me di cuenta de la reacción de los demás,
que hacÃan caras raras.
Se podÃa ver lo que pasaba por sus mentes.
Y Lizzie, siendo tan especial como ella es,
entró, se me acercó y me dijo:
"¡Me llamo Lizzie!"
No era mérito mÃo, sino de mis padres,
porque no era mi idea en absoluto.
Pensé que era la peor idea pararme delante de todos y presentarme
porque eso me diferenciaba...
y es raro, porque eso es algo que ahora acepto completamente.
Después de un tiempo, habÃa una fila para sentarse junto a Lizzie.
La gente querÃa estar junto a ella.
Lizzie comenzó a abrirse.
Comenzó a ser más lo que ella es hoy.
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