Colin Quinn: The New York Story

Colin Quinn: The New York Story

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Colin Quinn: The New York Story (2016) (1080p x265 10bit) [Spanish]
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Published on: 2017-04-16
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The first 200 lines.

UN ESPECIAL DE COMEDIA ORIGINAL DE NETFLIX

Gracias.

Gracias, gente.

Bien. Ya basta, señores. ¡Deténganse!

Basta, gente. Gente.

Suficiente.

No bromeo.

Detendré el show.

Gente, no estoy jugando.

Detendré el show. Ya fue suficiente aplauso.

Si quieren exuberancia... Este es un show en Nueva York.

La exuberancia es de la costa oeste. A eso me refiero.

Los aplausos matan a esta ciudad. ¿Entienden?

La gente de la costa oeste es exuberante y entusiasta.

Así debe ser porque es el paraíso terrenal.

Son felices y entusiastas, sorprendidos perpetuamente por todo.

“Las montañas, la playa”.

Es como si hicieran todo por primera vez.

“¿Quieres ir a la tienda?”. “¡Sí!”.

En el centro del país son humildes, trabajadores.

Son agricultores, así que tienen esa personalidad.

En el sur hace mucho calor y son muy educados.

Son demasiado educados porque puede haber violencia si no tienes cuidado.

No sé ustedes, pero yo tengo permiso para portar armas.

En Nueva Inglaterra parece que siempre los rocía el mar.

Y Nueva York es Nueva York. Somos como todos dicen que somos.

Groseros, tercos, agresivos,

ruidosos, charlatanes, sarcásticos, sabelotodos.

Lo que la gente no entiende es

que lo que otros consideran grosero es educado para nosotros y viceversa.

Porque si voy a comprar pizza, digo: “Deme una porción”.

Eso es educado, porque no les quitamos el tiempo a los demás.

La gente está formada. No los detienes.

Si tú vas a comprar pizza y dices: “Hola, ¿cómo está? ¿No tiene calor?”,

eso es grosero.

No hay asientos. Quieren que camines y comas.

Doblas tu comida y caminas.

Recuerdo que una vez, de niño, fuimos de vacaciones a Maine.

Fuimos a un almacén y a los cinco minutos quería suicidarme.

Entras y te dicen: “No te había visto por aquí”.

“Señor, ¿a quién le importa? Deme mi...

...¿Qué le importa? Deme mi refresco”.

“¿Estás de visita?”.

“No, soy muy tímido. Es la primera vez que salgo de la casa”.

“¿Eres nuevo en la ciudad?”. “No, soy el alcalde. Acaban de elegirme”.

Sí.

En Nueva York, alguien siempre está apresurándote.

El ambiente es apresurado.

Pero también es una ciudad de peatones.

Es para peatones, no para autos.

Si lo notan, los autos se portan como personas

y las personas se portan como autos.

Los peatones mandan.

Caminan por la calle y los autos se detienen.

El conductor dice: “Esa persona casi me choca”.

Es una vida llena de prisa. Incluso de niño, en la iglesia:

“Bendígame, padre, porque pequé”. “Sí, ya sabemos. Apúrate”.

Es la personalidad neoyorquina.

¿Por qué se formó la personalidad neoyorquina?

¿Cómo se reunieron todas estas culturas para crear esta actitud?

Primero sepan que todos los que llegaron

vinieron porque eran miserables en donde estaban.

Así que para empezar, tienes una ciudad llena de gente miserable.

Los primeros en Manhattan fueron los indios lenape.

Según ellos. Y tenemos que creerles.

Dicen que llegaron primero, pero ¿qué vamos a responder?

¿“Matamos a los que estaban aquí”?

Claro que dirás que ellos llegaron primero.

Digamos que ellos fueron los primeros en llegar.

Ya tenían una mala actitud con las otras tribus

porque aquí era la sede central de los mariscos. Había canales.

Intercambiaban cinco fanegas de almejas por 40 cartones de cigarrillos.

Denles cuentas, pero fuera de aquí.

Los canarsie dicen: “No me empujes”.

Los ramapo vienen de Jersey el fin de semana por mariscos.

Y...

...los lenapes eran... Fumaban.

Solo en América del Norte había tabaco.

Ellos inventaron fumar. Así que ya era ambiente neoyorquino.

Fuman. Están ahí parados.

Henry Hudson los ve ahí parados mirándolo sobre los riscos.

Lo ven desde el norte de Manhattan.

Fuman sin camisa. Un poco homoeróticos. Si eso imaginaron, es correcto.

Desde el principio no es algo amistoso.

Esto piensan de los holandeses: marihuana, prostitución, Ámsterdam.

Estos holandeses no eran así.

Estos son los holandeses de 1600. Se apoderan de lo que visitan.

Llegaron con la armada. Si llegas así, es una declaración de algo.

Solo había cuatro armadas en el mundo.

Los indios lenape no tienen armada.

Su armada son un par de nadadores y un par de canoas.

Holanda dice: “Qué hermoso lugar tienen”.

“Ay, ya van a empezar. No está en venta”.

“No pregunté si estaba en venta. Dije: ‘Qué hermoso’. ¿Aceptan 26 dólares?”.

Dicen: “No”. “$25”.

“Este sujeto no entiende. No”. “¿Qué tal $24?”.

“Más vale decir que sí porque terminará siendo menos de $24”.

Los holandeses se apoderaron del lugar. Todos los nombres son holandeses.

“Bronx” y “Harlem” son palabras holandesas.

“Bushwick” es holandés. “Brooklyn” es holandés.

“Umbral” y “Yanquis” son palabras holandesas.

La palabra “joder” es holandesa. Lo juro.

Si alguien en un umbral de Brooklyn dice: “Jodidos yanquis”,

está hablando holandés.

Es cierto. Tan cierto como cualquier cosa.

Es Nueva York.

Fuman. La gente dice “joder”.

Empieza a formarse la personalidad neoyorquina.

Es la superficie. Pero todavía no se forma esa actitud neoyorquina.

Los neoyorquinos piensan que son mejores que los demás.

Pensamos que somos más listos.

No solo los ricos, también los pobres y la clase media.

Esta es la única ciudad donde hay obreros esnobs.

Pon a un bachiller en un cuarto con profesores del MIT.

Después pregúntale: “¿Qué opinas de ellos?”.

“No son de Nueva York.

Son educados. Lo reconozco.

Son listos, pero no entienden, viven en Babia.

No tienen sentido común”.

Cuando la gente nos visita dice: “¿Imaginas si viviéramos aquí?”.

Nosotros viajamos y les decimos: “¿Imaginas si vivieras en Nueva York?”.

“Dame una porción de pizza. No es pizza de Nueva York”.

Dice: “Lo sé. Estamos en Italia”.

“Eso no me importa. No es pizza de Nueva York”.

“Dame esa rosquilla. No es una rosquilla de Nueva York.

Usan el agua equivocada”. Les decimos que usan el agua equivocada.

No vivimos en Minnesota con lagos hermosos.

Es nuestra agua. Decimos: “Esta es la mejor agua”.

Pero todavía falta lo psicológico... la actitud.

La actitud de superioridad. Eso vino de los británicos.

Llegaron los británicos.

Antes, si se presentaban, era de ellos. Nadie peleaba.

Decían: “Ya saben cómo es esto. Es el Imperio británico”.

Trajeron la verdadera armada. La más grande del mundo.

Peter Stuyvesant estaba caminando en el muelle un día.

Con su pata de palo.

Les dice a sus amigos holandeses: “Estamos jodidos, ¿entienden?”.

Los británicos: “Conserven los nombres de las ciudades. Son pintorescos.

Pero desháganse de esos zapatos”. Eran el Imperio británico.

“Desháganse de los molinos de viento.

¿Cómo la llaman, por cierto?”. “Nueva Ámsterdam”.

Le pusieron el nombre de su más preciada posesión.

Ámsterdam es hermosa.

Los británicos la llamaron como la sexta peor ciudad del norte de Inglaterra.

York siempre fue una pocilga.

Debimos llamarla Nueva Londres.

Pero ya había una Nueva Londres en Connecticut.

Si conocen Nueva Londres, saben que debieron llamarla Nueva York

y aquí debería ser Nueva Londres.

Los británicos mandaban.

Las iglesias protestantes de Manhattan sur eran británicas.

Y mandaban al estilo británico.

Hasta la Independencia era la sede central británica.

Manhattan fue su sede central en la Independencia.

A Nathan Hale lo colgaron en la calle 66ª y Avenida Tercera,

donde ahora hay un Starbucks.

No es apropiado.

Eso arruina el glamur de la muerte del mártir.

“Solo tengo una vida para perder por su bollito de frambuesa bajo en grasa

y su café con caramelo”.

Los británicos mandaban. Luego se fueron.

Luego se volvió un lugar de trasbordo.

Toda clase de cosas, pero grupos pequeños de gente.

No hubo un grupo dominante hasta los alemanes.

Los alemanes llegaron a principios del siglo XIX

y trajeron esa personalidad alemana que sigue siendo parte nuestra.

Trajeron las delicatessen, que es una palabra alemana.

Y su personalidad alemana que todavía tenemos

donde el cliente no siempre tiene razón.

Te gritan. Te apresuran. Son groseros.

Eficacia sobre humanidad.

“¿Qué quiere? Mientras estamos jóvenes. Ande.

¿Qué quiere? ¿No sabe? Fórmese allá”.

Somos la única ciudad con dos filas.

Una para los que saben qué quieren, otra para los que no.

Si te formas...

Si te formas en la de los que no saben, casi nunca regresas a la otra.

Es imposible.

Esa personalidad alemana sigue ahí. Brusca, grosera y amable.

La gente de fuera pide indicaciones.

Sonríen. Les das información.

“Disculpe. ¿Dónde está el museo? ¿Y el metro?”.

Los neoyorquinos te acusan para obtener información.

No dicen: “Disculpe”. Te cierran el paso.

“¿De dónde sacaste ese helado?”.

Tú dices: “Mierda”.

Si les dices, quieren una reseña. “De allá”. “¿Es bueno?”.

Si dices que es bueno, vete o podrían regresar.

“¿Dónde está el que dijo que era bueno?”.

Esa actitud alemana abrupta y acusatoria.

Pero la mayoría se fueron.

Quedan algunos alemanes en Ridgewood,

que en este momento están lavando compulsivamente sus umbrales.

La mayoría se mudaron a Pensilvania occidental, a Ohio,

porque querían orden y simetría.

La ciudad no tenía simetría. Las calles están encimadas.

Eran barrios pobres uno encima del otro.

El agua estaba tan contaminada que bebían grog.

Beben cerveza en vez de agua.

¿Quién va a mudarse ahí? Los irlandeses.

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