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A FERNANDEL EN
EL CLUB DE LOS SEDUCTORES
ÉRASE UNA VEZ EN UNO DE ESOS PAÍSES FELICES...
SI LOS PUEBLOS FELICES NO TIENEN HISTORIA,
LOS PAÍSES FELICES NO TIENEN GEOGRAFÍA.
TODO PARA EL HOMBRE
Queridos colegas,
del examen de las facturas que han tenido a bien confiarme
resulta que nos deben actualmente 5 millones
unos cuarenta clientes, jóvenes de la alta sociedad,
todos insolventes y que solo podrían pagarnos
contrayendo matrimonios ventajosos.
Nuestros 5 millones están irremediablemente perdidos
si no encontramos un medio eficaz de recuperarlos.
De acuerdo, Palmer.
-Sin duda. -Pero ¿cuál?
La Agencia Video de detectives privados me informa
que el multimillonario Cabarrus acaba de alquilar para pasar el verano
el castillo Miramar en Ixe-sur-Mer.
No entiendo.
Lo entenderá mejor si le digo
que ese Cabarrus tiene una hija en edad de casarse.
Anda.
Y lo entenderá del todo si añado
que esa chica es la única heredera de su fortuna.
Todo eso está muy bien,
pero esa joven quizás ya esté prometida.
No, señores, mis informes son precisos.
No hay, por así decirlo, nadie en este asunto.
Por desgracia, nuestros candidatos están en París
y ninguno tiene dinero para ir a Ixe-sur-Mer a probar suerte.
¿No deberían enviarlos a nuestra costa?
Y sobre todo que son 40.
No es un viaje, es una expedición.
Precisamente, es una expedición lo que propongo organizar.
Piénsenlo.
Adelantamos 2 millones para gastos de viaje y alojamiento.
¿2 millones?
No tenemos opción.
O perderlo todo o invertir otros dos millones
y recuperar nuestros créditos, más una ganancia considerable.
¿Una ganancia considerable?
Exacto.
Cada candidato se comprometería, en caso
de casarse con la Srta. Cabarrus, a pagarnos 10 millones,
lo que, descontando los 5 millones que se nos deben,
más estos 2 millones que les pido que adelanten,
nos dejaría 3 millones de beneficio.
Siempre que uno de nuestros candidatos, como dice,
lleve el asunto a buen término.
Objeción pertinente, pero prevista.
Hagan pasar al príncipe Nirvanoff.
Señores.
Servidor.
Señores,
tienen ante ustedes al último Don Juan del siglo.
Soy, como les dirá este folleto,
el hombre que asombró a América.
Algunas muestras de mis conquistas
con notas explicativas al margen.
Sentencias de divorcio, todas contra mí, obviamente,
en diez idiomas.
Naturalmente, según la nacionalidad de la cónyuge.
En resumen, señores,
22 matrimonios,
22 divorcios.
En total:
1250 millones de dote,
sin contar dinero suelto ni futilidades.
Señores, si me hacen el honor de confiarme la dirección
y la formación de sus candidatos,
pueden considerar el asunto Cabarrus como cerrado.
Pero, según usted,
¿cuánto tiempo hará falta para obtener un resultado?
Tres semanas. Un mes como mucho.
Estoy dispuesto a comprometerme por el honor de los Nirvanoff.
Señores, se lo repito,
podemos perderlo todo o ganar 3 millones.
Los que apoyen mi propuesta,
que levanten la mano.
Aprobado por unanimidad. Desde hoy
formamos una asociación cuya razón social será...
Bueno, señores, espero sus sugerencias.
¿Me permite?
Por favor.
El Club de los Seductores.
¿Alguna objeción?
-No. No. Muy bien. -Perfecto.
-Perfecto. -Muy bien. Muy bien.
Los seductores se acercan
Todos juntos en busca del amor
Los seductores se lanzan
A la conquista del amor
Siéntannos vibrar de esperanza
Riéndose de todos estos contendientes
Para llenar su panza
Aquí viene el Club de los Seductores
CASTILLO MIRAMAR
Clasificación del 27 de junio.
Primera: doña Daisy.
Segunda: la señora.
Tercera: doña Édith.
Y cuarto: el señor.
Denme mi dinero.
Y tú, papá.
No tengo cambio.
Sí, como siempre.
Albert, préstele el dinero al señor.
RECEPCIÓN
Atención.
El cliente.
-El cliente. -El cliente.
¿Durmió bien el señor?
Sí, bastante bien. Gracias, amigo.
¿Nada para mí? ¿Correspondencia?
No, señor Valoisir.
O mejor dicho sí,
tengo su pequeña cuenta pendiente.
Tengo absoluta confianza en usted. Puede quedársela.
El señor es muy amable.
Por favor.
-Yo... -Tú, ya sé, jardinería y cultivo.
¿Y tú, mi querida hija?
Eso, querido papá, no te incumbe.
Perfecto. Me parece un programa excelente.
La partida de damas del señor está lista.
Querido amigo, le sigo.
Una ixus vampirex.
Vamos, Pamela.
-¿Qué? -Es su turno.
Cariño, ¿dónde tiene la cabeza?
Está jugando con mis fichas.
No, definitivamente nunca sabrá jugar a las damas.
Sin embargo, logró que me casara con usted
haciéndome creer que era una compañera digna de mí.
Es cierto que la noche de nuestra boda ya lo sabía.
Ya no me hacía ninguna ilusión.
A mí tampoco, querido. Ninguna.
Lo llaman por teléfono, de París.
-¿Quién? -No dijo su nombre.
-Es confidencial. -Voy.
Disculpe, cariño.
Con este teléfono no hay intimidad posible.
¿Diga? ¿Diga?
No, no, no cuelgue.
Aquí el señor Cabarrus, sí. Le escucho.
La agencia Video.
¿Qué?
¿Una noticia grave?
¿Muy grave?
Me encanta. ¿Qué es?
Es una auténtica expedición contra mi hija.
Qué sinvergüenzas.
Tranquilo, les quitaré las ganas de seducir a los seductores.
Sí, sí, sí. Le enviaré el cheque de siempre.
Exacto. Hasta luego, señor Video.
Hasta la próxima.
-Alto. ¿Adónde vas? -A otra parte.
Lo siento, pero hay contrato. Se acabó irse a otra parte.
Eso es. A partir de ahora,
vida familiar, vida de castillo.
-No saldrás más, nadie saldrá. -¿Nadie?
Nadie excepto yo, por supuesto.
Albert.
Llame al portero, Albert.
Entonces estoy condenada a morir aquí de vieja.
Haz como tu prima.
Cultiva nabos y entrena canguros.
-Claro. -O como tu madrastra:
baila biguine.
Cuando se busca faena, siempre se encuentra.
Yo, por ejemplo, me voy a dormir.
Arriba las manos.
Encantado de conocerle.
¿Con quién tengo el honor?
Señor...
Ni una palabra más. Está todo claro.
Un consejo:
diga la verdad, solo la verdad, toda la verdad.
Levante las manos y diga: "Lo juro".
-Permítame... -Silencio.
Allanamiento, robo con efracción, atraco a mano armada.
Es la Guayana,
la fiebre amarilla, los mosquitos, la guillotina y los tiburones.
Me sé la ley.
No, por favor, señor, escúcheme.
-Demasiado tarde. -Sin embargo, hay...
Para nada. Los señores del jurado lo valorarán.
Albert.
Llame a la Gendarmería.
Con la corneta, el imbécil. Con el teléfono.
Que me envíen una patrulla, una compañía, un batallón,
lo mejor que tengan y ahora mismo.
No escatimo en gastos.
¿Decía?
¿Yo?
Nada.
Se equivoca.
No, no, no.
Las manos arriba, siempre arriba.
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