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Entonces, ¿cuántos jornaleros se fueron?
Conté la renuncia de 25.
Eso significa que nos quedan ocho, así que las cuentas no dan.
Entre las liquidaciones que debemos pagar
y el personal que tenemos que contratar, pues es que no alcanza.
Tome en cuenta que, por la época de la cosecha,
es muy difícil conseguir mano de obra.
No. Hablaré con mi papá. Que los convenza de que se queden
por lo menos hasta el final de la cosecha.
Marianita.
- Necesito hablar contigo. - Sí, sí. Claro.
Cuéntame.
Tu papá quiere que nos vayamos de luna de miel.
Ay, qué bien.
- A Europa. - Ah.
Tres meses.
Yo le dije que era mucho tiempo y que…
seguramente no era buen momento para dejarte sola
- después de lo que pasó. - Ofe, tienen que ir.
- ¿Segura? - Sí.
Claro. Yo quiero que vivas la luna de miel que siempre has
soñado, ¿y qué mejor para mi papá que se recupere viajando
y descansando y despejándose de todo esto?
¿De verdad no nos necesitas?
Todo está bajo control.
Muchas gracias.
No le vamos a contar a don Alfredo.
¿Cómo les vamos a arruinar la luna de miel?
No le digamos a nadie. Ya miraremos cómo lo solucionamos.
- No soy capaz de abrirlo. - ¿Quiere que yo lo haga?
No.
Son las galletas que le mandaba Josefina a Berenice
cada vez que alguien venía a la hacienda.
Siempre aprovechaba para hacerlo.
A ella no le duraban ni dos días.
Lo siento mucho, Maura.
No pude hacer nada.
Le dije que no se tomara la sangría
pero no me hizo caso. Siempre me tenía que llevar la contraria.
No es su culpa.
La culpa es de esta tierra que está maldita.
Y mientras el señor Rogelio Benítez esté vivo,
nadie de la familia Azcárate va a poder dormir tranquilo.
¿Por qué lo dice?
¿No se dio cuenta?
El veneno que mató a Berenice iba dirigido a la familia Azcárate.
Y él no va a estar tranquilo hasta que mate a la señora Mariana,
a Joaquín y a todos los que tengan que ver con él.
Perdóneme.
Tranquila.
La cosecha es en menos de un mes.
Y conseguir jornaleros en este momento nos va a costar el doble.
No estamos exentos de que Rogelio quiera hacernos daño.
Bueno…
El miedo es nuestro peor enemigo.
Ya estoy cansada de vivir así. Con miedo todo el tiempo.
- Hay que resistir, Mariana. - Sí.
O dejarlo todo y comenzar de nuevo en otro lugar.
No. Yo no creo que estés pensando eso.
O sea, ¿estás pensando en vender La Victoria?
No. No sé. Pero es que estoy cansada. Cansada de luchar y luchar y luchar
y nunca vivir en paz.
Y por estar pendiente de las haciendas,
nos olvidamos de lo más importante: buscar a nuestro hijo.
- Lo estamos buscando. - No. Tino lo está buscando. Nosotros, no.
Es que tengo un sentimiento aquí.
Un presentimiento de que está muy cerca y que estamos perdiendo el tiempo.
Mariana…
Mariana.
Te prometo que lo vamos a encontrar. No podemos bajar los brazos ahora.
Rogelio no se puede salir con la suya. Además, nos tenemos el uno al otro.
Lo vamos a encontrar, pero necesito que confíes en mí.
Ay, por fin una cara amiga.
- ¿Cómo estás? - Bien.
- Me alegra. - Ya casi me voy. Vine a despedirme.
Y a decirte que te acompaño en tu dolor.
Gracias.
Estoy aquí tratando de distraerme en otra cosa, a ver si logro quitarme
esa imagen de Berenice de la cabeza, que es horrible.
¿Tú también crees que fue mi papá?
No. Todo es
cada vez peor.
Bueno. Tú no tienes que culparte ni sentirte responsable
por los actos de tu papá.
Yo sé. Yo sé, pero es que no puedo dejar de pensar
en que he estado años tratando de encontrar a mis padres biológicos.
Y ahora que sé quiénes son, me arrepiento todos los días.
Sé que podemos llegar a sentir vergüenza de las acciones de nuestra familia,
pero eso no determina quienes somos.
Lo único que espero es que si algún día Joe y tú
logran dar con sus papás biológicos,
no se lleven esta decepción que siento ahora,
porque es horrible.
¿Has hablado con Joe?
No hemos podido hablar bien.
Yo tampoco. Me odia por…
Por haberme ido sin despedirme.
Ya se le pasará.
Está dolido, pero te quiere.
Bueno.
¿Volveré a verte?
Bueno, tengo pensado quedarme
y montar la academia aquí o en Cali.
Por eso estoy viendo un espacio y…
- Qué bueno. - Sí. Así que nos veremos más seguido.
Me gusta tenerte cerca.
A mí también.
Cuídate.
- Chao. - Chao.
Oh, Mariana. Necesito hablar con usted. Por favor.
- Sí, sí. Claro. -
- ¿Qué pasó? - Necesito que mire esto.
Pero yo acabo de hablar con Joaquín y él no me contó nada de esto.
Ni tampoco lo va a hacer.
Joaquín no quiere ver los números, pero los números no mienten.
Yo estoy completamente segura, Mariana, que usted es
menos pasional y más sensata.
Pues el panorama en La Victoria no pinta nada bien sin la ayuda del Búcaro.
Bueno. Pues si él quiere que sigamos ayudando a La Victoria,
es necesario cambiar de cultivo.
Pues lo que necesitamos es poder negociar
con las algodoneras y eso cada vez está más difícil.
Salvo que le compráramos semillas al Perú.
Y eso nos tomaría al menos un año y ese tiempo no lo tenemos.
Mire, Carla. Todos estamos en el mismo barco. Hágame una propuesta.
Sí. Le aseguro que yo voy a hacer lo mejor para las dos haciendas.
Okey. Okey. Perfecto.
¡Agente!
Dijeron que me podía dar razón del joven
- que capturaron en La Victoria. - Lo liberaron esta mañana.
- ¿Cómo así? ¿Por qué? - No tenía antecedentes
y lo que tengo entendido es que abogó que estaba cazando.
¿Cazando? Me tiró a matar a mí. ¿Qué va a estar cazando?
Hombre, lo siento mucho, pero yo no tengo nada que ver en eso.
¿Y el sargento Mayorca?
Estaba allá cuando lo capturaron. Lo trajo para acá.
El mismo sargento Mayorca fue el que firmó la orden para que saliera.
Malditos inútiles.
Se me va calmando y se me larga ya mismo de aquí si no quiere terminar encerrado.
Ustedes llevan seis meses buscando a Rogelio Benítez
y no lo han encontrado. ¿Por qué será? Porque son unos incompetentes.
- ¡Inútiles corruptos! - ¡Compañeros!
¡Aquí tenemos un revoltoso que quiere pasar un rato con nosotros!
¡Cójalo ahí!
Hola.
Pasa.
- Hola. - Pensé que no ibas a venir.
- ¿Me trajiste lo que te pedí? - Sí.
Ah. Aquí está tu parte.
Está todo.
Bueno. Eh…
Aquí hice un trabajo detallado. Está mecanografiado,
es decir, a máquina. Hay algunos errores ortográficos,
pero ahí están las fechas de los encuentros,
detalles de todo lo que hablaron. Hay fotos de intercambio de dinero.
Incluso hay encuentros con tipos que no sé quiénes son.
Entonces, revísalo
- porque yo ya… Ya me voy. - No. Espera.
Quizás después de que termine de revisar estos documentos, necesite tu ayuda.
Mira, yo hasta aquí llego.
Por favor, no me busques más.
- -
Nos toca dividir a los jornaleros, papá, mientras conseguimos más.
Bueno.
En esta época, habría que irse al Cauca o a Putumayo
para traer mano de obra calificada.
Y usted sabe que el algodón tiene sus mañas.
No, sí. Yo sé, pero y entonces, ¿qué hacemos?
No podemos perder la cosecha.
No. No he dicho eso.
Papá, yo necesito que usted me ayude a encontrar una solución.
Tengo mil cosas en la cabeza y todo me sale mal.
- - Perdón.
Perdón, papá.
Padre, necesito que me cubra mientras voy a Cali a encontrarme con Tino.
Él me está haciendo unas investigaciones, pero no me contesta las llamadas.
¿No habló con él ayer?
- ¿Ayer? -
Estuvo en la hacienda.
- Bueno, compadre. Vamos a ver. - Vamos a ver el juego.
- Juego. Juego es. - ¿Qué más, señores?
¡El propio Joe! Hermano, ¿cómo vamos?
- Llegó el cuarto. ¿O miedo? - ¿De perder?
- ¿Ah? ¿Ya quiere perder? - No, señor.
- Va doble. - ¿Qué? ¿Cómo va todo? ¿Qué ha pasado?
Todo bien, Joe.
¿Me sacan de una duda?
- Dígame. - Cuente.
- ¿Vieron al Bonche? -
Pues hace rato que no lo vemos por acá.
¿Seguro?
Seguro.
¡Hola!
¿Me regalas una canasta de cerveza?
- ¿Una canasta, compadre? ¿Y eso? - Es mucho.
La verdad es que la muerte de Berenice me ha pegado duro.
Me ha golpeado y…
¿Por qué no me acompañan a brindar por su nombre?
- Pero por supuesto. - Claro, campeón.
- Salud. - Salud, compadre. Por Berenice.
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